Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Tiene a su familia en Misiones, sufre del frío y le "roban" la yerba, pero aclara: “En Olimpo está todo ok”

La historia de Marcelo Olivera, el segundo goleador del aurinegro en el Federal A con 3 tantos, está ligada al “sacrificado placer” de querer triunfar en el fútbol argentino siendo un jugador del interior.

Fotos: Andrea Castaño y Emmanuel Briane-La Nueva.

“¡Que no panda el cúnico!”, solía decir el siempre recordado Chapulín Colorado en la serie televisiva y cautivante conducida por Roberto Gómez Bolaños, y cuando eramos más chicos todos entendíamos que, en realidad, la expresión correcta era “Que no cunda el pánico".

Algo parecido a eso es lo que impulsa un aire de esperanza en el mundo Olimpo, que pese a los dos puntos perdidos ante Cipolletti, el domingo en el Carminatti, no dramatizan por haber caído al segundo lugar del Nonagonal B del Federal A y visualizan una “final de aquellas” frente a Alvarado de Mar del Plata en el cierre del mini-certamen, el domingo 20 de este mes, siete días después de la fecha libre (aclaramos: este finde el aurinegro tiene descanso).

“El 1-1 ante Cipolletti nos dejó tristes y amargados, no podemos ocultar lo que sentimos, porque fuimos superiores al rival, le generamos un montón de situaciones de gol y no pudimos ganar”, expresó Marcelo Olivera, quien después de aclarar que “por momentos el equipo jugó a gran nivel y el ánimo del plantel sigue intacto”, se presentó en sociedad.

“Nací en Colonia Victoria, un pueblo de Misiones de 3.000 habitantes (situado dentro del departamento Eldorado, a 80 kilómetros de las Cataratas del Iguazú), donde nos conocemos todos y viven mis padres, mis abuelos y toda mi familia, que de por sí es numerosa”, señalo el delantero que a los 14 años dejó la “tierra colorada” para iniciar su camino en el fútbol profesional.

“Sin haber ido nunca a Buenos Aires, me fui a probar a Quilmes, quedé, viví dos años en la pensión y en 2017 debuté en Primera”, repasó “Piyuca”, aunque en el vestuario olimpiense es el “Misio” a secas.

En el “cervecero” transitó por todas las categorías formativas, siendo goleador en las distintas divisionales juveniles de AFA: Octava (12 goles), Séptima (13) y Sexta (20).

Cuando estaba en Octava, el entrenador Omar Gómez lo promovió a Reserva, donde debutó frente a Gimnasia y Esgrima La Plata y, a inicios del 2016, llegó a entrenar con el plantel profesional.

A fines de ese año recibió el premio como “Jugador Destacado 2016” y “Goleador de Sexta División”, según la Comisión Juvenil de la Asociación del Fútbol Argentino.

El 21 de junio de 2017, sin contrato, debutó en Primera ante Arsenal (2-2 en el Estadio Centenario) bajo el mandato técnico del ex Olimpo Christian Díaz, que lo hizo entrar a los 78 minutos en lugar de Gabriel Ramírez.

Sin regularidad y con 18 años, bajó a la cuarta y en 2020 se fue a préstamo a Universidad de San Martín (Perú) y a su regreso al país defendió los colores de Estudiantes de Río Cuarto en la Primera Nacional.

Tremenda carrera, que siguió en Sportivo Las Parejas, Villa Dálmine, Independiente de Chivilcoy, otra vez Estudiantes de Río Cuarto y ahora Olimpo.

--El 2024, ¿fue tu mejor año?

--Puede ser porque salí goleador (14 conquistas a lo largo de la competencia) en el rojo de Chivilcoy, que cumplió una gran campaña, llegando a cuartos de final de la Reválida y quedando eliminado con el que a la postre ascendió (Ciudad Bolívar).

--¿Volante o delantero?

--Me desenvuelvo bien por todo el frente de ataque y donde más cómodo me siento es de segunda punta. Igual no me molesta tener que volantear por los costados y asumir un mayor compromiso con la marca.

--En Olimpo estás volcado al carril izquierdo, ¿extrañas no estar tan cerca del gol como antes?

--Sí, porque por momentos me queda largo el camino hacia el arco, pero bueno, es lo que el DT (Carlos Mungo) necesita en este momento, que haga el ida y vuelta y de una mano en el aspecto defensivo.

“Cuando el equipo se hace de la pelota, tengo la libertad de soltarme y poder llegar al área rival, aunque entiendo que a veces se puede ir a fondo y en otras ocasiones no. Esa es la función que me pide Carlos, me siento cómodo y la estoy pudiendo hacer”.

Tiene 27 años y dice con orgullo que puede vivir de esta profesión, aunque frunce el ceño y clava los ojos en el infinito cuando declara que hace un año y medio que no ve a su familia.

“Es duro llegar al departamento y no poder darle un abrazo a mis ´viejos´ o algunos de mis amigos, pero bueno, es lo que yo elegí, sabía que para triunfar había que sacrificar muchos sentimientos. Encima, si tenemos un fin de semana libre no los puedo ir a visitar, estoy a más de 2.000 kilómetros, mínimo me tengo que tomar una semana”, alabó.

--Y sí.

--Veo a mis compañeros que, cuando entran a la cancha, saludan a sus familiares en la platea y yo no tengo a nadie. Siempre pienso que necesito verlos para cargar energías. Es un lamento, no una queja; entiendo de que se trata esto.

--Por ahí, quien dice, en diciembre les llevás un regalo muy esperado, por ustedes y por los hinchas de Olimpo.

--Ojalá, Dios te escuche y se nos pueda dar el ascenso. Sería el mejor regalo del año.

--Bueno, ¿vas a contar que pasa con la yerba en el vestuario?

--Hace un tiempo conseguí una yerba de marca uruguaya en un supermercado de Gualeguaychú (Entre Ríos) que es ruiquísima y de alta calidad, pero cometí el error de dejarla en la taquilla del vestuario y me vengo dando cuenta de que el contenido del paquete sigue bajando.

--¿Hurto?

--En su máxima expresión. Algunos me piden y les doy, no tengo problemas, pero hay una mano negra que me roba a mis espaladas…(risas). Por características y porque se hacen los buenitos ya tengo apuntados a los sospechosos, pero no pasa nada, el grupo está bien y si llegamos al objetivo es por la onda y el excelente compañerismo que hay.

--¿Sufrís del frío?

--Si, mucho, no me puedo adaptar. El clima en Bahía es bastante raro, pasamos del frío al calor en cuestión de horas y el fin de semana, después de haber nevado, salió el sol y subió la temperatura. De locos.

“Nací en una zona más tropical, con mucha humedad, pero donde no se soportan cambios bruscos del tiempo. No me gusta el frío y tampoco el viento, por eso vivo emponchado y consumiendo la totalidad de las calorías que me suministra la nutricionista”.

.

Sumate a la conversación. ó Registrate
Iniciaste sesión como Cerrar sesión