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Del hummus al carré de cerdo y la pastafrola: así es el menú para los atletas de los Juegos Suramericanos

Desayunos, almuerzos, meriendas y cenas se adaptan al ritmo de las competencias, con opciones para llevar y preparaciones especiales para quienes tienen restricciones alimentarias.

Fotos: gentileza atletas y prensa Santa Fe 2026

A esta altura de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, los atletas ya conocen bastante bien el camino entre el lugar donde compiten, el alojamiento y el comedor. Para algunos, llegar hasta allí significa el primer momento de descanso después de una mañana de entrenamiento. Para otros, es una parada obligada antes de volver a competir. Y están quienes llegan con el día prácticamente terminado.

El ritmo de las competencias hace que no exista una única rutina. Por eso, la alimentación de la Villa también está organizada en franjas amplias.

El desayuno se sirve entre las 6.30 y las 10, el almuerzo entre las 11.30 y las 15, la merienda de 16 a 18 y la cena desde las 19.30 hasta las 23, aunque se puede estirar si alguna competencia termina demorada, como ocurrió con el sóftbol.

A primera hora, el buffet combina lo que podría esperarse de un desayuno clásico con alternativas más vinculadas a las necesidades de los deportistas. Sobre las mesas aparecen tostadas de pan blanco e integral, pan de mesa y de arroz, junto con medialunas, bizcochos, pastafrola y pepas de algarroba y membrillo. Para acompañar se puede elegir entre queso untable, mermelada o dulce de leche.

La parte salada suma jamón cocido y queso, salchichas asadas y huevos, que se sirven duros o revueltos. También aparecen hummus de garbanzos y puré de palta. Cereales, granola casera y frutas completan el abanico.

Para beber, el desayuno incluye café, té, mate cocido, cacao, jugos cítricos y yogures de vainilla y frutilla. La oferta de lácteos contempla leche entera, descremada y deslactosada, además de alternativas de coco y almendras.

Al mediodía, el plato cambia y las proteínas pasan al centro de la escena. Ternera al horno con su jugo de cocción, carré de cerdo, filet de pollo al limón y pesca blanca forman parte de las opciones principales. Se pueden acompañar con arroz pilaf, tallarines con oliva o la guarnición del día, y elegir entre salsas como filetto, bechamel, fondo o mostaza dulce.

La variedad se amplía con sopas, guisos y, especialmente, con el salad bar. No se trata solamente de hojas verdes y tomate. A la lechuga, zanahoria, remolacha, repollo y otros vegetales se suman arroz yamaní, quinoa, cebada perlada, lentejas, garbanzos y porotos. También se ofrecen huevo, choclo, brócoli, papa al natural, pasta corta, hummus, croutones y mix de semillas.

Así, una ensalada puede funcionar como acompañamiento o convertirse en una comida en sí misma, según la combinación que elija cada atleta.

Después llega el turno de algo dulce. Gelatina de frambuesas, compota de manzanas asadas, budín de pan, queso y dulce y frutas de estación aparecen entre las alternativas.

La hidratación tiene un sector propio, con agua con y sin gas, aguas saborizadas y gaseosas, además de café e infusiones.

Comer aunque la competencia no espere

El horario del comedor no siempre coincide con el de una competencia. Para resolverlo, entre las 6.30 y las 11.30 se pueden retirar lunch boxes.

Una de las opciones reúne un sándwich de jamón y queso, una barra de arroz, fruta y agua saborizada. La otra reemplaza el sándwich por una ciabatta de pollo y queso. Para una ingesta más pequeña también existe un snack box con jugo cítrico, barra de arroz, fruta, tostadas, queso y huevo duro.

La merienda vuelve a poner sobre la mesa buena parte de las opciones del desayuno, desde tostadas, medialunas y bizcochos hasta frutas, cereales, granola, hummus y huevos.

El objetivo es que la comida pueda adaptarse al momento del día y a la agenda de cada delegación.

Una isla para el menú sin TACC

Dentro del mismo esquema existe una isla destinada a las preparaciones sin TACC. Allí la variedad también busca evitar que una restricción alimentaria signifique una alimentación limitada.

El menú incluye pollo grillado con guarnición, pan de carne, costeleta de cerdo con papas bastón, suprema napolitana, pizza de mozzarella y puerros, chop suey de ternera, lasagna y empanadas de verdura o de carne.

Las ensaladas tienen nombres propios y combinaciones diferentes. La Primavera lleva arroz, zanahoria, pollo, lentejas y tomate. La Fresca combina rúcula, choclo, jamón, queso, pollo y arroz blanco. La De Verano reúne pollo, zanahoria, choclo, lechuga, tomates cherry y huevo.

Para cerrar, aparecen brownie, flan, espumita de limón y frutas de estación. Y la alternativa sin TACC también acompaña los desayunos, meriendas y comidas para llevar, con tostadas de arroz, pan lactal, fruta, queso untable, mermelada, sándwich individual y bebidas. El box take away incluye jugo cítrico, fruta, tostadas de arroz y un sándwich.

Todo está organizado para que la alimentación no quede atada a una única mesa ni a un único horario. Las islas están señalizadas y también hay zonas destinadas a dejar los residuos.

El ingreso se controla mediante la acreditación de los atletas. El código QR de cada credencial se escanea y permite registrar las veces que cada persona entra al comedor. La estadía máxima establecida es de 30 minutos, para garantizar que todos tengan lugar y su momento.

En los Juegos, comer también forma parte de la rutina deportiva. Entre entrenamientos, competencias, traslados y horarios que cambian según cada disciplina, el comedor busca ofrecer una respuesta para cada momento: una comida completa, algo rápido antes de competir o una alternativa para quienes necesitan una preparación especial.

Con franjas horarias amplias, opciones para llevar y un sistema de acceso organizado, la propuesta apunta a que ningún atleta tenga que detener su jornada para alimentarse. Porque en una competencia de este nivel, hasta el tiempo que se pasa frente al plato forma parte de la preparación.

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