De chico vendió rifas, iba a entrenar a Olimpo en bici y cumplió el sueño de llegar al fútbol grande
“Mi papá está sin trabajo fijo y yo lo voy a ayudar”, manifestó Tomás Uribe, la joyita de 19 años que la rompe en Huracán y es la “oveja negra” de la familia. Una historia de superación personal.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
Se ríe cuando le dicen que es la “oveja negra” de la familia, aunque aclara que su fanatismo por Olimpo jamás lo llevó a discutir, pelear o extralimitarse con sus padres y hermanos, todos hinchas de Villa Mitre.
Tomás Uribe, el pibe de 19 años que ya registra tres presentaciones con la Primera de Huracán de Parque Patricios en la Liga Profesional de AFA, se crío en el barrio San Roque y, por cercanía con el predio de Güemes y Martín Rodríguez, arrancó en la Escuelita del aurinegro.
“Nunca le quise hacer la contra a mis familiares directos, que se hicieron villeros por mi tío Eduardo, quien hoy no está con nosotros en esta vida, pero en aquel momento, cuando empecé, Olimpo estaba en Primera y yo me iba caminando o mi hermano Kevin me llevaba al predio sentado en el manubrio de la bici”, deslizó Tomi, que en el cotejo de ayer del “Globito”, victoria 2-1 ante Racing, no fue convocado por el entrenador Diego Martínez.
“El jueves jugué en Reserva, frente a Estudiantes y el sábado entrené con los que no habían sido citados del plantel mayor”, comentó el extremo por izquierda que debutó en la categoría superior del “Quemero” el pasado 3 de agosto, en el empate 0-0 frente a Atlético Tucumán por la fecha 3.
Después fue titular ante Riestra (0-0) y sumó algunos minutos como relevo en el 1-1 contra Estudiantes de Río Cuarto.
“El cuerpo técnico me viene dando confianza y yo debo estar preparado para entrar y rendir”, enfatizó el “correcaminos” que se inició en Olimpo a los 5 años y, con edad de sexta, se fue a probar a Huracán en julio de 2023.
“Quedé en la pensión del club, pero extrañaba mucho y me volví. Como mi pase todavía no se había oficializado en AFA, me reincorporé a la sexta olimpiense. Jugué seis meses y en enero de 2024 retorné a Huracán. Antes del año jugaba en mi categoría y en reserva, hasta que en la última pretemporada me subieron al plantel profesional y pude debutar, cumpliendo el sueño que en tantas sobremesas y noches largas le confiaba a mi papa (Heriberto, pero le dicen ´Yuco´) que se iba a dar”, expresó.
--¿Qué te pide Diego Martínez?
--Que ataque los espacios, que me una al circuito de juego y que me suelte cuando vea que hay lugar para avanzar. Me da absoluta libertad cuando el equipo ataca y que haga lo que sé hacer o lo que más convenga en ese momento.
Hoy, Tomás comparte departamento en Capital Federal con otro bahiense, Mateo López, quien se desempeña en Estudiantes de Caseros.
“Vivo para el fútbol, pero me costó mucho llegar hasta acá”, confiesa mientras pone proa al pasado, al sacrificio que hizo papá trabajando horas extras y a mamá (Liliana Sanders) teniendo siempre la comida lista y la ropa a disposición para que al ´bebe´ con ansías de trascender varios escalones al nivel de la Liga del Sur no le falte nada.
“Mi papá se rompió el lomo para que yo pueda ir en busca de lo que tanto quería. Si me faltaban botines, él me compraba, aunque en un momento se quedó sin laburo (fue operario de planta en el Polo Petroquímico) y hoy, sin trabajo fijo, vive de changas. Hace lo que sea, es todo terreno”, declara el tercero de los cuatro hermanos (Kevin es el mayor, sigue Ulises y la más chiquita es Jazmín, de 16 años).
Tiene un único sobrino: Felipe, hijo de Ulises.
“Es mi ahijado y ya lo hice hincha de Huracán.
--¿Y de Olimpo no?
--Imposible, vive rodeado de villeros, es hijo de un amante del tricolor, y encima yo, desde Buenos Aires, mucho no puedo hacer para convencerlo…(risas).
Proveniente de una familia de clase media (“Para abajo, porque nunca nos sobró nada y jamás pudimos tirar manteca al techo”, aclara el que usa la 49 de Huracán) y fueron muchos los obstáculos que hubo que sortear para que el volante con condiciones muy marcadas tenga la oportunidad de perfilarse en el fútbol grande.
“Cuando empecé a hacer los primeros viajes con Olimpo, a los 12 años, mi papá me armaba talonarios de rifas para que yo las venda en el barrio y me pueda costear los gastos de pasaje y estadía”, sostiene con un nudo en la garganta.
Pero avanza: “Caminaba las calles del barrio y tocaba puerta por puerta para ofrecerle algún número a los vecinos”.
--¿Y cuáles eran los premios?
--Lo que mi papá conseguía como donación, en el almacén, en la verdulería o en cualquiera de los negocios de la zona cerca de mi casa.
“Hoy, mi papá esta sin un trabajo fijo y yo lo voy a ayudar, porque él siempre me dio hasta lo que no tenía y yo voy a hacer lo mismo; quiero ver a mi familia feliz y orgullosa de tener un hijo con chances de triunfar en el fútbol argentino”.