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A 44 días del crimen de Santi Vega: “Voy a cumplir con lo que mi hijo me pidió, ser presidente de Comercial”

Lejos de hacer hincapié en el hecho en sí, Marcelo y Yenia Barros, los padres del joven asesinado en la madrugada del 1 de agosto en Ingeniero White, lo recordaron con la mejor imagen que tienen y tendrán de él: futbolero, amigo fiel, íntegro y con “un corazón solidario y repleto de amor”.

Fotos: Gentileza familia Vega

Instagram: @sergiopeysse

Twitter: @elpeche1973

(Nota ampliada de la edición impresa)

“¿Querés un chupetín?, dale, agarra uno, yo no los pago, este koskio (sic) es de mi papá”.

Me acordé de esa anécdota el día que asesinaron a Santiago Vega, cuando habían transcurrido solo algunas horas de aquella estremecedora madruga del sábado 1 de agosto en la esquina de avenida San Martín y Plunkett de Ingeniero White. Así y todo, me animé a contársela a sus padres un mes después y a publicar esta nota recién hoy porque antes, con el corazón roto y sin comprender el porqué de semejante acto de injusticia, no pude ni me imaginé por donde empezar y que podía llegar a expresar si me sentaba a escribir.

Conozco a Marcelo Vega --y a su familia-- desde hace varios años, el fútbol y mi profesión de periodista nos llevaron a construir una relación fluida y amistosa y nos emocionamos los dos cuando mi recuerdo por Santiago me hizo retroceder bastante en el tiempo sin poder disimular la melancolía de que aquello que pasó ya no va a volver a pasar.

Clavo la vista en aquella imagen que hoy, más que nunca, es imposible de olvidar: Un gurrumín de unos 3 o 4 años correteando por el salón, con la boca sucia de crema o chocolate según la galletita que ya había probado a media mañana, ofreciéndole golosinas a los clientes en el autoservicio familiar (de avenida San Martín 3489) que lleva el nombre de él y de su hermana: “Agus-Santi”.

Mientras el pedido de justicia sigue retumbando a viva voz en las calles whitenses, en la casa de los Vega, construida con mucho esfuerzo en la parte posterior al negocio, fue inevitable no tocar el tema, aunque mis pretensiones pasaban por darle un enfoque distinto a la entrevista y papá Marcelo reaccionó de inmediato “Sí, ante tanta tristeza y bronca, sería un mimo al alma hablar de Santi como hijo, deportista y amigo de sus amigos”.

A la charla se sumó mamá Yenia (Barros), la que más diálogo tenía y la que sabía cuales eran los proyectos de vida de su hijo menor, que estaba de novio y completamente enamorado de Rocío Quiroga, también de “Guaite” y fanática de Comercial como su “prometido”.

“Santi era una persona con un corazón enorme, así como lo describiste vos con aquella vivencia en el local cuando él era chiquito. Era muy demostrativo, te recibía con un beso, una sonrisa y no escatimaba abrazos cuando veía a alguien que apreciaba o quería. Era, sin dudas, el más sentimental de la familia”, rompió el hielo Marce, o “el Chicle”, apodo artístico y “empresarial” con el que lo conocen todos.

“Daba todo por sus amigos y su familia, incluso hasta le ofrecía algo de comer a los que entraban a pedir al negocio. Santi era todo lo que estaba bien”, recalca el líder del hogar sin poder evitar las primeras lágrimas.

La grabación de detuvo un instante, entonces giré la cabeza para ver una foto de Santiago jugando al fútbol en Comercial, donde cumplió etapa por etapa con todas las categorías. Sin embargo, cuando empezaba a “picar” en Reserva, en 2024, dejó la ropa de jugador para convertirse en hincha incondicional.

“Era fanático mal, en la ducha cantaba las canciones de la barra de Comercial y las tortas de cumpleaños, al menos en la última década, siempe fueron con el escudo o los colores del club verdiamarillo. Era un 80 por ciento de Comercial y un 20 de Boca”, prosiguió Marcelo mientras tomaba un mate atrás del otro y se había olvidado de la “vuelta” y la repartija.

“En una de las últimas cenas que compartimos en casa me pidió que yo tenía que volver al club como dirigente, porque Comercial debía salir campeón y ascender”, rememoró con ciertos retratos todavía frescos.

--¿Y cómo era como jugador?

--Jugaba de lateral o volante por derecha, aunque en algunos clásicos de menores contra Huracán lo pusieron de 9 y marcó algunos goles. Era ordenado y muy aplicado en la marca.

“Cuando le metía ganas, asumía el compromiso de ir a entrenar y daba el cien, marcaba la diferencia, aunque también existía el otro Santiago, el pachorriento y el que llegaba tarde a las prácticas estando a una cuadra y media del club. En su último año los profes lo vivían retando, y creo que eso lo llevó a tomar la decisión de dejar”.

--Me quedé pensando: ¿por qué él quería que vos vuelvas al club?

--Cuando me fui de Comercial en 2014 (siendo vocal en la Comisión Directiva, integrante de la subcomisión de fútbol y consejero titular del fútbol mayor en la Liga del Sur), no regresé nunca más pese a que varias veces me insistieron. Solo volví a la cancha a ver algún partido, nada más.

“Voy a cumplir el pedido de Santi, ser presidente de Comercial porque él me repetía siempre que la cabeza de la institución tenía que ser un tipo como yo. No sé si estoy preparado, pero en algún momento tengo que arrancar, y va a ser por la memoria de mi hijo”.

En la cabecera de la mesa, Yenia lo miró con cierto desconcierto pero lejos estuvo de poder contradecirlo.

“Santi hubiese querido que seas director técnico de la Primera”, deslizó mientras subía el volumen de su voz.

--¿Qué sacó de la madre?

--Su timidez. Era muy reservado, se resguardaba por miedo al sufrimiento y con sus amigos tenía más apertura que con su familia. Me llenaba de orgullo su bondad y su forma de ser.

“Hace poco un nene que lo conocía esccribió en su Facebook: `Como lo voy a olvidar con todo lo que hizo por mi´, y la verdad yo nunca supe que hizo por ese chico. Cuando te llegan ese tipo de mensajes te das cuenta de que su corazón era inmenso. Santi era feliz dándole una mano al que la necesitaba”.

“Algunos personas que vivían en situación de calle entraban al negocio y directamente preguntaban por él. Me acuerdo que una vez me dijo: `Ma, hay que ayudar al que no tiene para comer, no con dinero, sino con algo que le calme el hambre para que se pueda ir a dormir tranquilo´. Ese era Santiago”.

--¿Qué otra pasión tenía además del fútbol?

--Sus amigos eran su mejor refugio, los adoraba. Compartía mucho con ellos y con su novia. No era de salir o de andar seguido de noche, le gustaba estar en familia y tranquilo en su casa. Era entrador y le encantaba hablar de fútbol.

“En el negocio era el encargado del depósito, preparaba los pedidos y si no estaba Marce atendía a los proveedores. A la mañana, para que se levante, había que insistirle un poco, pero arrancar, arrancaba...”.

Enseguida saltó al que Santi llamaba “mi querido viejo”: “Su prioridad era el fútbol, entre el trabajo y un partido de la C de AFA que daban por la tele, no necesito decirte que elegía. En eso, y debo admitirlo, era igual a mi”.

El amor de “Chocolate”

“Miro hacia la puerta y lo veo entrar, voy a su habitación y lo suelo escuchar, necesito abrazarlo, que aparezca y que me diga que todo esto fue un sueño. No puede ser que pasen los días y él no esté; es muy difícil seguir y avanzar, la vida es tremendamente injusta”.

Los ojos virdiosos y a punto de estallar en el desencajado rostro de mamá Yenia provocaban que las preguntas y las respuestas no surjan espontánemente, pero ella quería seguir describiendo a uno de sus tesoros (el otro es su hija Agusrtina) más preciados.

“Santi era muy mamero, estaba pegado a mi, me contaba mucho de lo que quería ser, aunque tampoco era tan charleta; que se brinde y te cuente dependía mucho de su humor (`Típico de la edad´). Cuando estaba alegre y te daba besos y caricias era un caramelo, un ser especial”, adelantó su progenitora y confidente.

“Me contestaba los mensajes de WhatsApps con un `te amo´ o lluvia de corazones”, agregó antes de soltar el llanto contenido.

En una familia de tenistas, el único que no lo practicaba era Santi, que tenía otra pasión, bien casera y sin gastos considerables: el amor por los perros.

“Cada integrante de la familia tenía y tiene su mascota, el de Santi es un labardor dorodo que se llama `Chocolate´. Tiene 16 años, le cuesta caminar y está ciego y sordo”, acotó Marcelo.

Y con un nudo en la garganta, continuó: “Lo recontra cuidaba, le daba de comer y le dedicaba todo el tiempo del mundo. Hoy el perro lo busca, olfatea su ropa, se echa en su habitación, percibe todo y es como que se da cuenta de que ya no está”.

--Increíble.

--Más increíble fue lo que sucedió en el cementerio hace unos días. A “Choco” lo llevamos como pudimos, pero cuando bajó del auto, caminó hasta la tumba de Santi y se acostó encima. Entendió todo, como si supiera que estaba ahí. Después, caundo le dijimos de volver, no quería saber nada, se quería quedar. Ojalá algunos seres humanos tengan la sensibilidad que se suelen ver en los animales de compañía.

--Marce, si no me pasaron mal el dato, Santi había vuelto a jugar al fútbol, ¿en Comercial?

--No, con sus amigos en la Liga Bancaria, en un equipo que se llama 20 de julio. Estaba feliz porque se había vuelto a amigar con la pelota.

Yenia complementó: “Pese a que trabajaba en el negocio, estaba buscando algún empleo fijo, y lo habían llamado del Centro de Distribuciones de la Cooperativa Obrera (ubicado en el camino de acceso a puerto) por un curriculum que él mismo había llevado. Había pasado la primera entrevista y le tenían que avisar si arrancaba o no. Como ese lugar está acá cerca, había puesto en condiciones una bicicleta para ir y venir”.

El 4 de diciembre Santi iba a cumplir 20 años y ya les había anticipado a sus padres que la torta y el cotillón tenían que respetar los colores de siempre: el verde y amarillo.

“Comercial era todo para él, a donde jugaba iba, hacía las previas y dos por tres llevaba alguna bandera. Además, iba a la básquet, al patín, a fútbol femenino, a los eventos que se hacían en el club; vivía por y para Comercial”, sostuvo Marce.

“El lunes, cuando todavía faltaba una banda para el fin de semana, a los conocidos que entraban al negocio les preguntaba `¿Vas a la cancha el sábado (o el domingo, según el día que se jugara)?´ y acto seguido acotaba: `Dale, hay que ir a alentar ehhh´. Así era él”.

--¿Vos vas a ver a Comercial?

--Poco, aparecí ahora después de lo que sucedió con Santi y el cariño y el apoyo de la gente, los que me quieren y los que me habían dejado de hablar, algo que en ese momento no importaba, me conmovió. Por eso, de parte de mi familia, gracias a todos.

“Estoy al tanto de lo que pasa en el club, soy amigo de Pablo Reynafé (presidente de la entidad portuaria), al que ya le anticipé que quiero que me acompañe en un par de proyectos. Si vuelvo a colaborar y a trabajar por el bien de Comercial, será en honor a Santi”.

Agua y lágrimas

En la inundación del 7 de marzo de 2025, la casa de los Vega quedó tapada de agua.

“La tuvimos hasta la cintura y un poco más, tardó 6 días en irse y perdimos un montón de muebles y electromésticos, pero lo que más nos dolió fueron que los álbumes de fotos familiares se estropearon con el agua”, adujo Marcelo.

“El día que nos inundamos, esto era un caos, en el negocio el agua había trepado a un metro y, lo más trisite, era que no corría. Lo primero que hicimos fue tratar de salvar una parte de la mercadería, entre la familia y los empleados nos mojamos y nos quedamos de la mañana hasta la noche acomodando cajas y estanterías, menos Santi, que había desaparecido”.

--¿Cómo?

--Cayó a las 9 de la noche, llorando porque su amigo Joaco, al que había ido a ayudar y que vive frente al puerto, el agua le había llegado hasta el techo y acababa de perder todo. Me comentó que solo había podido salvar a su hermanita con una mochila con ropa y pañales. Me partió el alma, entonces le dije: `Tranquilo, de alguna manera lo vamos a ayudar´. Sonrió y se fue a su habitación, aún sabiendo que su cama, el mueble del vestidor y todo lo que tenía en su pieza no servía más.

“No le importaba, el quería ayudar a los que la habían pasado peor que él. Y se quedó tranquilo cuando le aseguré que, por algunos contactos con gente conocida de Bahía, le podíamos conseguir mesas, sillas y colchones, además de algunos voluntarios de buena fe que le iban a limpiar la casa. Me abrazó y a los tres días me confirmó que a Joaco le había llegado la ayuda que tanto él como su familia esperaban”.

“Ese era Santi, fiel a sus amigos y considerado con el que necesitaba una mano; por eso, y lejos de resignarme, no se merecía un final así”, declaró antes de referirse al “abrazo final”.

“La noche anterior al asesinato, yo había llegado de Buenos Aires, y cuando me vio se me vino encima y me apretó con un abrazo interminable. Unas horas después me lo iba a arrancar de esta vida, sin sentido y sin una justificación posible, un h... de p... al que no le importó nada ni nadie. Por eso la bronca, el dolor y la impotencia.”

“Fue muy cruel lo que sucedió, nada justifica un hecho de esa magnitud, de última pegále un tiro en una pierna y no lo mates a sangre fría sin la más mínima chance de que se pueda defender. Cuando me avisaron y llegué al lugar del hecho, estaba sin signos vitales, sin vida... No merecemos el calvario que estamos viviendo, somos gente buena, de laburo, que ayudamos a todos los que podemos...”

Ese 1 de agosto, Comercial había cumplido su 111 aniversario. Tras compartir una choripaneada en el club, Santi se dirigió, junto a amigos y allegados, al Bar 333 que estaba a metros de su casa (digo estaba porque tras el hecho cerró sus puertas definitivamente). Cuando salió, a las 5, se paró en la esquina de Plunkett y avenida San Martín imaginando vaya a saber qué, pero lo que si es seguro es que eso en lo que estaba pensando no tenía relación con ese destino inentendible llamado muerte.

Lo demás, ya es conocido por todos. ¡Justicia por Santi!

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