Bahía Blanca | Domingo, 01 de febrero

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Maternidades tardías y menos nacimientos: una tendencia que se afianza en Bahía Blanca

Factores económicos, educativos y culturales explican un patrón que plantea desafíos a futuro.

Fotos: Andrea Castaño, Emmanuel Briane y Emilia Maineri-La Nueva.

Bahía Blanca atraviesa una transformación silenciosa pero profunda en su patrón reproductivo. Una mutación que no hace ruido, pero que redefine de manera sostenida cuándo, cómo y en qué condiciones se produce la maternidad.

Los datos más recientes confirman que los nacimientos dejaron de concentrarse en edades tempranas y que el calendario reproductivo se desplaza, cada vez con mayor claridad, hacia edades adultas. La ciudad aún no replica de manera literal escenarios observados en países como Estados Unidos —donde los partos en mujeres mayores de 40 años ya superan a los de adolescentes—, pero los indicadores locales permiten identificar una tendencia firme y consistente en esa dirección.

Según cifras del Departamento de Estadísticas Vitales y Demográficas de la provincia de Buenos Aires, Bahía Blanca muestra una fuerte concentración de nacimientos en mujeres de entre 30 y 39 años, un fenómeno que se consolida año tras año y marca un quiebre con patrones históricos que asociaban la maternidad mayormente a la juventud.

El grupo etario con mayor tasa de fecundidad es el de mujeres de 30 a 34 años, con 67,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres. Le siguen las de 35 a 39 años, con una tasa de 56,9, y muy cerca el grupo de 25 a 29 años, con 56,7. El pico reproductivo, que durante décadas se ubicó en edades más tempranas, hoy se corre hacia etapas posteriores de la vida.

Este corrimiento refleja una maternidad cada vez más postergada y planificada. “El marcado descenso de los índices de natalidad se debe a distintos factores. Uno es el económico: la falta de estabilidad laboral, los salarios bajos, el peso del alquiler (un trabajador promedio destina alrededor del 60 % de su sueldo a la vivienda) y la dificultad para acceder a una casa propia”, explicó Mauro Larrosa, licenciado en Obstetricia (MP N°40.108-MN N° 9246).

“Otro factor clave es el acceso a los métodos anticonceptivos y a la Educación Sexual Integral en las escuelas. La ESI constituyó un gran recurso. Hoy los adolescentes están más informados sobre cómo cuidarse, cómo evitar embarazos no planificados y cómo acceder a métodos anticonceptivos”, agregó.

Larrosa también señaló cambios culturales de fondo. “Podemos mencionar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que garantiza el acceso en el sistema público, y el hecho de que cada vez más personas con capacidad de gestar postergan la maternidad por razones personales, por estudio, viajes o proyectos de vida. Hoy vemos con naturalidad primeros embarazos después de los 35 años”, explicó a La Nueva.

Mauro Larrosa, licenciado en Obstetricia

En contrapartida, la fecundidad en adolescentes y niñas se mantiene en valores significativamente más bajos. En el grupo de 15 a 19 años la tasa es de 20,46 nacimientos por cada 1.000 mujeres, mientras que en menores de 15 años desciende a apenas 0,6. Se trata de cifras que evidencian una caída sostenida a lo largo de la última década y un cambio estructural respecto de períodos en los que el embarazo adolescente era un fenómeno mucho más extendido.

Larrosa, quien se desempeña como partero en distintos hospitales de la ciudad y es coordinador obstétrico de la Región Sanitaria 1, advirtió que el descenso de la natalidad no es un fenómeno aislado. “El índice de natalidad ha bajado notablemente desde hace varios años, no solo en la provincia de Buenos Aires, sino también a nivel nacional y mundial”, sostuvo. 

Y precisó: “Es algo que se acentuó durante la pandemia. Aproximadamente, los nacimientos cayeron entre un 40 y un 50 %, tanto en hospitales públicos como privados”.

Hay un dato que sintetiza con particular fuerza este cambio de época. En Bahía Blanca, la tasa de fecundidad en mujeres de 45 años y más alcanza hoy los 1,56 nacimientos por cada 1.000 mujeres, más del doble de la registrada en niñas de 15 años. En términos concretos, actualmente es más frecuente un nacimiento en mujeres de 45 años o más que un embarazo infantil.

En el grupo de 40 a 44 años, la tasa llega a 18,33 nacimientos por cada 1.000 mujeres. Si bien la maternidad tardía sigue representando un porcentaje menor en términos absolutos, dejó de ser un fenómeno excepcional. Los avances en la medicina reproductiva, el mayor control y seguimiento de los embarazos, y una redefinición social de los tiempos personales y familiares ayudan a explicar este escenario. La edad ya no aparece como un límite rígido, sino como una variable más dentro de decisiones complejas y multicausales.

La evolución de la fecundidad general refuerza esta lectura. En 2023, el último registro oficial, Bahía Blanca registró 2.994 nacidos vivos: el 52,47 % correspondió al sexo masculino y el 47,46 % al femenino, mientras que un 0,07 % quedó sin consignar. La leve predominancia de varones se mantiene dentro de los parámetros habituales, pero el volumen total vuelve a poner en evidencia el retroceso de la natalidad y consolida una tendencia que ya no puede considerarse coyuntural.

Detrás de estas cifras confluyen múltiples factores: cambios culturales profundos, trayectorias educativas más prolongadas, mayor inserción laboral de las mujeres, dificultades económicas persistentes, transformaciones en los modelos familiares y nuevas formas de pensar la maternidad y la crianza. Tener hijos dejó de ser un mandato asociado a la juventud para convertirse, cada vez más, en una decisión situada en etapas posteriores de la vida, donde el deseo, las condiciones materiales y los tiempos personales pesan más que las expectativas sociales.

Bahía Blanca no está aislada de los procesos que atraviesan a la provincia, al país y al mundo. La maternidad se posterga, se concentra en edades adultas y convive con un marcado descenso de los embarazos tempranos. Aunque todavía no se alcanzó el punto de quiebre observado en otros países, los datos locales permiten anticipar hacia dónde se dirige la tendencia y abren interrogantes de largo plazo sobre su impacto demográfico, social y económico.

“Con este descenso, dentro de 20 años no vamos a ver una población joven económicamente activa, sino una población cada vez más envejecida”, concluyó Larrosa.