Bahía Blanca | Lunes, 22 de abril

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Salud mental: psicología, calle y contexto

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En el último tiempo mucho se habla de salud mental, sin dudas va ocupando las agendas, pues no caben dudas que nuestro bienestar está puesto a prueba cada día. El padecimiento enciende una alarma máxime cuando las cifras son preocupantes y las dimensiones que atraviesan a la temática parecieran complejizarse día a día.

No caben dudas que abordar la temática de la salud mental en pleno siglo XXI implica entender a la Psicología, a la Psicoterapia y a la asistencia que se brinda como cuestiones vinculadas con los derechos humanos y a su vez la perspectiva de género debe estar presente.

Nuestra salud mental está en jaque todos los días, víctimas y espectadores libramos batallas cotidianas que van esmerilando nuestro aparato psíquico, por lo tanto, si bien es necesaria la asistencia oportuna, la salud mental debiera ser un tema transversal en cualquier gestión de gobierno.

¿Soluciones complejas para problemas complejos? ¿La sociedad es más demandante, tolera menos o la paciencia es escasa?

Posiblemente la pandemia, que operó como una especie de freno de mano llevándonos a bajar miles de revoluciones, generó que gran cantidad de personas se vuelquen a la autoexploración, al autoconocimiento, al empleo de técnicas de relajación, de meditación, entonces se advierte que gran porcentaje puede registrar cómo se siente, qué estados experimenta y hasta qué situaciones ya no está dispuesta a tolerar.

Por otro lado, entre la motosierra y la licuadora, hay sectores vulnerables y vulnerados sin posibilidad autoconocerse, de diseñar un proyecto de vida a la par que experimenta emociones negativas, con ilusiones erosionadas y sin perspectivas de mejora. Cabe preguntarse si esto se resuelve generando asistencia, sesiones de psicoterapia o bien tratando de abordar las condiciones estructurales, puesto que para que un problema surja siempre hay un entramado que lo condiciona, y a juzgar por los anuncios, el entramado se verá cada vez más afectado.

Entonces ante la erosión del tejido social, la individualización creciente, “el sálvese quien pueda” la noción cobijadora de lo público que pasó a ser una quimera, además de brindar asistencia para disminuir el sufrimiento psíquico de quien lo está pasando mal, el foco debe dirigirse a cómo se modifican esas condiciones.

Imposibilidad para acceder al sistema de salud, conservar un trabajo cuando se sabe que los despidos irán en aumento, en medio de un clima hostil y de exasperación no es casual que la salud mental se vea afectada o empeore; a su vez quienes menos recursos psicológicos tienen son más propensos a establecer vínculos violentos, caer en el consumo problemático de sustancias o conductas delictivas.

Ante preguntas sobre ¿cómo estaré en unos meses? ¿podré pagar las cuentas? ¿tendré trabajo? y tantas otras ligadas a las preocupaciones actuales urge entender que muchos están sufriendo, sin embargo, se concibe al sufrimiento como un fenómeno individual y se pierde de vista el contexto.

Por ende, si seguimos abonado el lema de “Vos podés solo” y desde la asistencia se siguen estableciendo diagnósticos y etiquetas individuales, dudo que se puedan obtener resultados. Es tiempo de reconocer historias, escenarios, de preguntar ¿qué te ha pasado? Es momento que recobre fuerza una Psicología que libere, que alce la voz en la calle y que desde el espacio terapéutico contribuya a analizar y cuestionar el contexto para que quien padece pueda comprender el motivo de su sufrimiento.