Bahía Blanca | Jueves, 22 de febrero

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Bruno Pezzella, con la sangre del campeón

Cerca de recibirse de arquitecto, con un negocio gastronómico en marcha y una hija de dos años, Bruno Pezzella dio vuelta de página a una vida de 15 años dedicada al fútbol profesional.

“Siento que viví dos vidas, completamente distintas. Una como futbolista profesional, otra a partir del retiro, con nuevos desafíos y consolidando mi familia”.

Quien resume de esta manera sus 34 años de edad es Bruno Pezzella, que luego de recorrer parte del mundo practicando el deporte que lo apasiona, regresó a su ciudad natal para, con la misma pasión y entrega con la que jugaba, desarrollar proyectos personales postergados pero nunca olvidados.

Bruno empezó jugando en Kilómetro 5, el club de su barrio, pasó luego por Juventud Unida de Algarrobo, Olimpo y Bella Vista, donde, con 17 años, debutó en primera. Esos cambios de camisetas serían una constante en su vida, excediendo la geografía bahiense.

“Mi primera posibilidad fuera de Bahía fue en Aldosivi de Mar del Plata, cuyas inferiores participaban en los torneos de la AFA. Había terminado el secundario y aposté a esa chance. Surgió luego una oferta para ir a Chile, donde llegué a jugar algunos amistosos pero por un tema de cupos de extranjeros no se concretó. Luego pasé por Santamarina de Tandil, perdimos contra Patronato la final por el ascenso, y por Deportivo Roca, que disputaba el Federal A”.

Con Messi en la concentración de Qatar

El gran momento de su carrera fue en 2011, cuando, estando en Central Español de Montevideo, lo contrató Belgrano de Córdoba, recién ascendido a primera división luego de condenar al descenso a River Plate, donde fue dirigido por Ricardo Zielinsky.

“Recuerdo mi debut. Fue contra Sacachispas, por la Copa Argentina. Entonces no se televisaban esos partidos así que yo estaba con la cabeza en saber si mi familia iba a poder seguir las alternativas del encuentro. Estaba entrando en calor y lo único que pensaba era eso. Era el sueño de toda mi vida, por el que tanto había luchado. Fue sin dudas uno de los momentos más lindos de mi carrera. Llegué a jugar en la Bombonera, en el Nuevo Gasómetro y de local en el Mario Alberto Kempes”.

Con la camiseta de Belgrano de Córdoba, en la Bombonera. El sueño de jugar en primera hecho realidad

Siamo dentro

Luego de esa experiencia su carrera tomó un nuevo rumbo, convocado por el Akragas de Agrigento, en Sicilia, Italia.

“Otra experiencia increíble, una ciudad hermosísima, un club muy profesional, con el cual enfrenté a equipos grandes como el Catania y al Lecce”.

Su sueldo era suficiente para vivir y ya estaba en compañía de su mujer, lo cual le permitía disfrutar más aún de esa experiencia.

“Estaba en mi mejor estado, físico y mental. Tuve un gran año, al punto que llegué a ser el capitán y referente del equipo”.

Sin embargo, el final de esta etapa fue abrupto e inesperado. El Akragas cambió de dueño mientras Bruno estaba de vacaciones en Bahía Blanca y el club decidió no participar del torneo de ese año.

Con el libro de pases cerrado, encontró lugar en el Messina, que había descendido a la D, castigado por sus deudas.

“Era el club más grande de Sicilia, que armó un equipo para ascender. Perdimos la final pero nos quedaba el repechaje. En ese ínterin una vez más me toca vivir la misma experiencia: se desintegró la sociedad que gerenciaba el club. Ahí dije basta. Era el momento de regresar a Bahía Blanca”.

Habían pasado ya 15 años de su vida dedicados a ese deporte.

Bruno en Italia, una experiencia inolvidable

La nueva vida

Los jugadores de fútbol se jubilan jóvenes en su profesión. Pero Bruno regresó sin ningún complejo. Siempre tuvo en claro que más allá de disfrutar de vivir enlugares como Napoli o Messina, él iba a volver. Italia era una etapa cerrada y su cabeza estaba puesta en empezar una nueva vida. Como si tuviera 18 años. Le quedó sin embargo para jugar en Sansinena y luego sí, el punto final.

“Tenía 30 años y estaba listo para empezar la universidad. Hasta entonces el fútbol había sido mi prioridad, pero siempre tuve en claro que quería estudiar. Me anoté en la UNS y empecé arquitectura. Ahí cambió el rumbo de mi vida”.

En Altos del Palihue, cursando Arquitectura

Mientras Bruno daba sus primeros pasos académicos, su mujer, Madeleine Marie Laura, bahiense y cheff de profesión, preparaba tortas y las vendía a través de las redes. Fue un éxito y Bruno pronto se convirtió en su ayudante pastelero.

“Un día tomamos la decisión de poner un food truck. Yo todavía jugaba en Sansinena pero ya no tenía una motivación. Era tiempo de estudiar y de trabajar. Fue entonces que abrimos la pastelería & cafetería (Madeleine, Fuerte Argentino y Casanova)”.

Ni tiempo para el duelo, ni espacio para la nostalgia.

Bruno y Madeleine con Amalfi, el sueño de conformar una familia

“A veces miro fotos y no puedo creer que hasta hace poco tenía una vida tan distinta, viviendo para el fútbol, y ahora estoy cerca de terminar una carrera, trabajando en un estudio de arquitectura y siendo parte de un emprendimiento gastronómico. Siento claramente que he vivido dos vidas”

La elección de arquitectura es parte de una vocación temprana --de chico hacía perspectivas y dibujaba edificios— pero lo confirmó al visitar Roma.

“Caminar por el foro romano fue algo impactante. Ahí confirmé que quería estudiar arquitectura, sentí que quería entender eso que estaba viendo”.

Tomar los libros no le costó en absoluto.

“Encontré además un grupo de compañeros y amigos que me ayudan y apoyan. Con mis trabajos se hace difícil manejar los tiempos, ir a clases, preparar las entregas. Le debo mucho a ellos porque me ayudan a seguir el ritmo y no atrasarme”.

Lo mismo le pasa con el negocio, donde su mujer cubre la mayor cantidad de horas en el local mientras él cursa sus últimas materias.

Pero todavía faltaba un último ingrediente: la llegada de Amalfi, su primera hija, cuyo nombre evoca la costa amafiltana, donde pasó con su mujer muchas horas de felicidad.

“Nuestra hija hizo realidad el sueño de consolidarnos como familia. Fue algo buscado. Creo que eso es lo que más me cuesta hoy, no verla durante todo el día. Su llegada me ayudó a ver las cosas de otra manera. Es mi prioridad, busco hacerme tiempo para estar con ella”.

Qatar 2022, besando la copa

No fue una decisión fácil viajar a Qatar en familia para ver el mundial, pero el deseo de acompañar a su hermano Germán, integrante de la selección, fue definitorio.

“Lo acompañé siempre, en sus buenos momentos y en los malos. Verlo jugar un mundial, estar en la tribuna cuando debutó fue algo maravilloso. Ahí entendí que todo lo que hicimos había valido la pena”.

Más allá de disfrutar de cada partido, como familiar que era de un jugador, Bruno, Madeleine y Amalfi podían estar un día a la semana en la concentración, en lo que Bruno define como “una muy buena decisión del cuerpo técnico”.

“Eso fue maravilloso. Estábamos ahí, con todo el plantel, compartíamos el almuerzo, tomábamos mate. Los jugadores todos sencillos, humildes, atentos. Y en ese sentido el ejemplo lo daba Messi, líder como jugador y como persona, que en los momentos complicados demostró su temple. Gran parte de lo que se consiguió es por lo que él trasmitía. Que el  mejor jugador del mundo sea el de más bajo perfil le baja línea a todos, marca un comportamiento”.

La final contra Francia fue un capítulo aparte. Luego de la entrega de la copa, entre lágrimas y abrazos, los jugadores hicieron señas a las familias para que entren a la cancha.

“Nos señalan una puerta para que pasáramos. Salimos todos corriendo. Recuerdo que esa puerta era angosta y por el apuro quedamos medio atorados. Yo alcancé a pasarle a Amalfi a mi hermano por arriba de la gente hasta que finalmente logramos entrar. Cuando abrazo a Germán veo que tiene la copa. “Es la original, tocala”, me dice. Yo estaba en shock, era todo como irreal, solo atiné a llamar a mi mujer para que también la tocara. Fue todo muy loco”.

Una última historia en Qatar. Muchos familiares tenían pasajes de regreso para luego de las semifinales, pero con la eliminación de Holanda muchos vuelos se cancelaron y se volvió imposible cambiar los pasajes para estar en el último partido.

“Me llamó entonces Germán y me dice: los familiares se quedan, Messi le había dicho que no nos hiciéramos problema, “que de Qatar nos íbamos todos juntos”. Cinco horas después de la final abordamos un avión de la AFA de regreso a la Argentina”.

Se dice que todo viaje tiene tres etapas que se disfrutan: la previa, el viaje en sí y el recuerdo que deja. Bruno y su familia están viviendo el tiempo donde se disfruta de todo lo vivido. Pero mientras lo hacen escriben una nueva historia, tanto o más rica que la anterior.

Textuales

“El fútbol fue hasta hace muy poco mi estilo de vida. Y sigue siendo importante, no puedo pasar una semana sin jugar entre amigos. Haber sido profesional me dio muchas herramientas para enfrentar la vida. Vivir solo desde chico, conocer países. Todo te ayuda a crecer”.

“Cuando nació Amalfi nos preguntábamos “cómo vamos a hacer con todo”. La realidad es que las cosas se acomodan. Hoy la sonrisa de mi hija es suficiente para olvidar un día de mucho trajín. Cuando vivimos en Nápoles íbamos mucho a pasear por la costa de Amalfi. Ese nombre representa muchas cosas, esparte de nuestra vida como pareja”.

“Un momento inolvidable de mi carrera fue jugando por Akragas el clásico contra Catania. Me tocó hacer un gol que levantaron los noticieros de todo el país y que luego fue elegido el mejor del año. A partir de ese partido me convertí en importante dentro del plantel. La gente me reconocía en la calle, me saludaba, me hacía regalos. Hasta el día de hoy, cuando visitamos esa ciudad tenemos algún homenaje”.

“Cuando trabajo en la cafetería mi señora dice que actúo como si estuviera en el vestuario. Tiene razón, junto adrenalina y todo lo relaciono con el fútbol. Setrata detrabajar en equipo, de dar lo mejor de cada uno, de ayudar al compañero. Es similar”

“Un vez que deseo algo no lo pienso mucho, voy convencido y lo busco. Siempre fue así en mi vida. En mi carrera nunca me daba espacio para lamentarme o mirar para atrás. Cuando dejé el fútbolempecé a estudiar, no lodudé ni un segundo. Lo mismo con el negocio, hice un curso de cafetería, me capacité y hoy es todo parte de un mundo que me apasiona”.

Jugando en Sansinena, el cierre de su carrera

“El día que Argentina perdió el primer partido en Qatar nadie sabía que escribirle a Germán en nuestro grupo de wassap. Al rato nos llegó un mensaje de él: “Tranquilos, recibimos un cachetazo pero nos vamos a levantar”. En ese momento supimos que lo revertían”.

“Éramos tantos los familiares que íbamos a la concentración que los jugadores no identificaban a quienes ya habían saludado. Era muy gracioso porquea veces nos saludaban hasta tres veces, siempre muy amablemente. Nos hacían sentir tan cómodos que perdías conciencia de donde estabas y tomabas con naturalidad que, por ejemplo, mi hija jugara con los hijos de Messi. Era un grupo muy honesto. Creo que esa fue una de las claves de porque consiguió lo que consiguió”.

Terminó la final con Francia. Bruno y familia celebran en el campo de juego.

“Mi hermano nunca dijo que iban a ser campeones, pero sí que lo veía muy convencido a Messi y eso le daba confianza al grupo. Para el equipo fue clave que, después de perder con Arabia, Messi les dijera “lo damos vuelta, salimos adelante”. En el segundo partido fueron a comerse la cancha”.

El papá de Luciano, el papá de Pedro (Yapa autorreferencial)

Este párrafo es autorreferencial, pero tiene su relación con esta historia y con ciertos juego y casualidades de la vida que suelen darse en una ciudad de la escala de Bahía Blanca.

Bruno Pezzella --al igual que su hermano Germán-- cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 3, de calle Terrada 466, entre el 94 y el 2000. Allí fue compañero y se hizo amigo de mi hijo Luciano, incluso de juntarse a jugar en casa o ir Luciano a la de él. Era, entonces, para Bruno, “el papá de Luciano”.

Al centro, abrazados, Bruno y Luciano, finales de los 90.

Casi dos décadas después, en 2019, mi hijo Pedro comenzó la carrera de Arquitectura en la UNS y me comenta: “estoy en un grupo de trabajo con un chico que fue compañero de Luciano”. Era, claro, Bruno. No sólo compartieron ese grupo sino que fueron forjando una amistad que se mantiene hasta nuestros días, los dos cerca de completar la carrera. Para Bruno soy ahora, “el papá de Pedro”. Curiosamente, Luciano, que desde hace cinco años vive en Madrid con su familia, es también arquitecto.

Pedro y Bruno, campus de la UNS, 2019