Bahía Blanca | Martes, 09 de agosto

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La gestión cotidiana condiciona el juego político

La columna semanal de Ricardo Salas, corresponsal de La Nueva. en la capital provincial.

   Envalentonado con el éxito de la temporada “récord” de verano en los principales balneario turísticos del ámbito bonaerense, como puntapié inicial de la reactivación productiva y económica, el gobernador Axel Kicillof estaría logrando su primer objetivo político pospandemia.  

   Con un plan de vacunación que terminó resultando exitoso y que pone en evidencia una caída más veloz de lo que fue la abrupta suba de casos de coronavirus durante la última ola, la salud pública ocupa un lugar relevante. 

   En la provincia de Buenos Aires dicen estar atravesando una etapa donde la actividad económica “viene arrancando y recuperando puestos de trabajo e ingresos que se habían perdido por la pandemia y la situación de crisis recibida de los años anteriores de macrismo”.  

   Más allá de esa recuperación económica que marcan los portavoces gubernamentales de calle 6, los salarios de bolsillo siguen corriendo atrás de una inflación galopante.  

   El plan de recuperación y transformación bonaerense proyecta la inversión en obras de infraestructura y vivienda, educación, salud y seguridad.  

   Todos propósitos que tiene Kicillof como obsesión para intentar inflar dicho plan estratégico de “6x6”, dejando en evidencia su intención de ser reelecto en la sede gubernamental platense. 

   En paralelo, intendentes y referentes territoriales del PRO ya le advirtieron al economista gobernador “no ser la variable de ajuste para lograr las metas fiscales” que propone el presupuesto bonaerense 2022 por el principio de entendimiento con el FMI.  

   A poco más de diez días para el inicio de clases en la Provincia, la disputa política por el protocolo Covid que abrió el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, con la eliminación del uso de barbijo en las escuelas porteñas en contraposición con las medidas adoptadas por la Nación agitó nuevos debates entre diputados oficialistas del Frente de Todos y opositores de Juntos. 

   “Estamos trabajando con todos los municipios para tener un protocolo de vuelta a clases seguras. Se eliminarán las burbujas pero seguiremos con la estrategia de la ventilación cruzada y el uso de barbijo obligatorio desde la primaria para que la presencialidad cuidada continúe en un 100%”, indican casi a coro los ministros de Salud, Nicolás Kreplak, y su par de Educación, Alberto Sileoni, 

   Mientras la gestión Kicillof se prepara para lo que se avizora como un año difícil, con una agenda vinculada a resolver las cuestiones económicas, y busca sumar apoyos políticos para transitar con mayor serenidad el año, en la Legislatura comienza la rosca para definir las autoridades de las diferentes comisiones de trabajo. 

   A pocas semanas de la Asamblea Legislativa que abrirá de manera formal un nuevo período de sesiones, en las cámaras sólo resta definir quienes presidirán y quienes integrarán, cada una de las comisiones. Como todos los años, las más codiciadas son las llamadas “ministeriales” (Educación, Presupuesto, Hacienda, Seguridad); Asuntos Constitucionales y Acuerdos que participa de la designación de cargos en la Justicia, y Legislación General, que interviene en la “letra chica” de todos los proyectos. 

   Todavía no hay nombres dando vueltas, pero si se respetan los usos y costumbres, sin importar el número de legisladores de cada bloque, las que tienen que ver con economía, y que interesa en los temas presupuestarios, siempre quedan en manos de legisladores oficialistas. Una manera de garantizar la gobernabilidad. Este año no es electoral, y todo indica que esta costumbre se respetaría. Pero el resto de las comisiones aún está en veremos. 

   En lo estrictamente político, los partidos tradicionales son quizá los que más espacio mediático provocan hace un buen tiempo. Por estos días el peronismo se encuentra en plena ebullición, con discusiones domésticas luego de la elección de las autoridades bonaerenses y con las próximas elecciones distritales en el horizonte cercano. Y a este panorama, los “compañeros” deben sumarle todas las complejidades que implican gobernar la Nación y la Provincia, en un marco de crisis y de pospandemia, más el por ahora amague de un posible adelantamiento electoral buscando retener el poder político bonaerense que podría acelerar las estrategias dentro de la alianza gobernante. 

   Por su parte en la UCR, si bien no lo han blanqueado públicamente, todos los dirigentes bonaerenses están trabajando en un esquema de internas posible. Por ahora son todos movimientos de posicionamiento y tanteos. Pero casi en unanimidad coinciden que una nueva interna será inevitable; sobre todo porque el año que viene se tienen que definir las candidaturas nacionales, y desde la Provincia saben que deberán jugar en algún proyecto de los que están instalados, léase Martín Lousteau, Alfredo Cornejo o el propio Gerardo Morales, o jugar uno propio con Facundo Manes. 

   En medio de ese proceso que históricamente desvela a los radicales, ahora tienen que mirar de reojo al resto de los socios que integran la coalición opositora de Juntos. En este juego nadie es inocente, y saben los boina blanca que los amarillos del PRO también juegan sus fichas en esta interna. La desconfianza mayor está puesta en el economista Losteau, quien –dicen en las diagonales-, juega de ariete de los sueños presidenciales de Rodríguez Larreta. 

   Hoy por hoy, los “amarillos” vinculados al macrismo son quienes están más tranquilos, con sus autoridades definidas y con la unidad consolidada en la Provincia. Además, como sus referentes también son jefes comunales, la gestión del día a día los condiciona en el juego político. Seguramente en el PRO la temperatura subirá a medida que transcurra el año, cuando la definición de las candidaturas se acerque.