Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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La muerte de la vieja reina

Murió en la misma fecha en que, en 1957, ordenó ahorcar a un joven luchador por la liberación de Chipre del dominio inglés.

   Lope de Vega en La Dragontea (1597) cuenta la historia del pirata Drake destrozando imágenes religiosas, robando lo que encontraba a su paso en España, con protección inglesa. Iba junto a otros diez piratas que robaron por todo el mundo. 

   Con Enrique VIII en 1534 comenzó a fortalecerse el imperio Inglés. Este, para casarse 5 veces -como Mauricio-, parió la Iglesia Anglicana y el cisma con la Catolica. 
La asunción de Carlos III tras la muerte de Isabel II obliga a cambios importantes en el protocolo del mundo pirata. Ya nunca más “Dios salve a la Reina”. 

   Evita moría a los 33 años y la ahora muerta asumía con 25 al trono de Inglaterra. 

   Winston Churchill iba por el primer año de su segundo mandato de primer ministro. Este, en 1955, anunciaba eufórico, tras financiar el golpe contra Perón, que después del triunfo en la segunda guerra mundial lo más importante para su reinado fue la caída de Perón, “porque nos sacó todo lo que teníamos en Argentina: hasta el Banco Central, que era nuestro, ahora es de ellos”. 

   Era la Argentina de la primera moto, el primer automóvil, la primera heladera, la primera locomotora diesel, el primer avión de combate, el aeropuerto internacional más importante de la época, el desarrollo de la línea de bandera, la marina mercante, país del pleno empleo con desarrollo  industrial y una gigantesca obra social, con el Hogar de la Empleada, los hogares de niños y ancianos, la primera escuela de enfermería, todos los colegios con casas para caseros, el desarrollo de la Fuerza Aérea, la energía atómica y 120.000 obras públicas. 

   Todo lo borró la fusiladora de 1955 financiada  por Londres en altamar y festejada por un renunciante Cafiero, que huyó del gabinete para vivarlo a Rojas en Puerto Nuevo y volvió padrino de la democracia alfonsínica con la que -todos sabemos- todos “comemos, estudiamos y vivimos”. 

   Y cuando el 2 de abril fuimos a buscar nuestras  Malvinas, la reina muerta festejó con la criminal de guerra Thatcher el hundimiento del Crucero General Belgrano. Mauricio se hincó con flores en su misma tumba. La hoy muerta festejó el escarmiento a los argentinos. 

   La misma muerta que la prensa canalla transformó en su principal noticia, homenajeando, a la que ejercía la jefatura de estado de la “mancomunidad” de Naciones que en 1931 se formó con 56 países de Africa, Asia, Europa, América y el Pacifico, de los cuales 14 la tenían como jefa de Estado, como reminiscencias del colonialismo que se extendió de Hong Kong en China al Caribe. Que además tenia usurpadas -como en el caso de Malvinas, por la fuerza- a Gibraltar, Anguila, Bermudas,Islas Vírgenes Británicas, Islas Turcas y Caicos, Islas Caimán, y Monserrat, todas en el Caribe, Islas Pitcacairn en Oceanía, Santa Elena, Asunción y Trinidad de Acuña en Africa, Acrontini y Dhekella en la India.

   Murió en la misma fecha en que,  en 1957, ordenó ahorcar a un joven luchador por la liberación de Chipre, que durante 17 años peleó por terminar con el dominio imperial de la reina vieja. Se llamaba Evagoras Pallikaridis. 

   Cupieron para ella, los versos de Quevedo en “poderoso caballero es don dinero”. La heredó un  desocupado.