Bahía Blanca | Martes, 27 de enero

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La visita de Manuel Forrest: "Recién ahora me estoy dando cuenta lo que vivimos con Pacífico"

El estadounidense volvió de visita a la ciudad, donde también jugó en Olimpo. Su primer destino en Argentina fue Sporting (Punta Alta). Momentos emotivos ayer en Castelli y Charlone.

Manuel se llevó de recuerdo la 15 de Pacífico. Fotos: Emilia Maineri y Emmanuel Briane-La Nueva.

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

Manuel Forrest tiene la sonrisa dibujada, se lo nota feliz, al punto que se emociona seguido, al borde de las lágrimas. Recuerda cada momento de lo que vivió jugando en el país donde, según contó, llegó por intermedio del mismísimo Michael Jordan.

“En Estados Unidos yo era medio estrellita... Tenía proyectado jugar en NBA, pero en mi segundo año universitario me rompí la rodilla (izquierda) y jugué siete partidos”, repasa.

“Había muchos buenos jugadores y dos semanas antes del draft yo estaba en Chicago y llamé a mi amigo Michael Jordan. Cuando llegué a la Argentina nunca conté que lo conocía, porque iban a decir que era mentiroso, pero yo estoy acá por él”, asegura hoy, 40 años después.

Y argumenta: “Como estaba muy triste fuimos a cenar y él habló con su representante para ver si conocía a alguien para conseguirme equipo”.

-¿¡Es decir que vos llegaste a Punta Alta por intermedio de Michael Jordan!?

-Sí, increíble, ¿no?

-¡Sí, increíble!

-Pero es verdad... Yo no quería irme de mi ciudad. Había gente que estaba contenta y otra triste porque me iba.

-¿Y vos cómo estabas teniendo que irte a un lugar absolutamente desconocido?

-Bueno... Aunque estuve cuatro años en la Universidad, no sabía dónde estaba Argentina, je. Yo tenía 22 años y me pagaban 500 dólares.

Con una musculosa blanca, pantalón corto rojo y zapatillas del mismo color, Manuel muestra un físico estilizado, que conoce de batallas.

Su relato lo acompaña moviendo las manos de largos dedos, esos con los que tomaba el balón y la volcaba con absoluta facilidad.

-¿Con qué te encontraste cuando llegaste?

-Me fueron a buscar y me preguntaron “¿vos sos Manuel?”, y yo les dije “no”... Y otra vez, “¿sos Manuel?” y les repetí, “no”. Hasta que me preguntaron: “¿Forrest?”. “¡Sííí...!”. Claro en Estados Unidos no me dicen Manuel, je.

Su primer destino fue Sporting, donde jugó la Liga B.

“Cuando llegué a Buenos Aires pensé que jugaba ahí, así que dije “¡perfeeectooo!. Pero nos tomamos un avión hasta acá, Bahía Blanca, y me aclararon: “Acá tampoco es...”. Nos subimos a un coche, empezamos a andar y todo lo que veía era campo, campo y más campo... Cuando llegamos, un cartel que decía “Bienvenidos a Punta Alta”. Empezamos a doblar para un lado y el otro, hasta que pregunté, “¿dónde está el centro?”. Y me respondieron “estamos en el centro”, donde había un caballo caminando... ¡Nooo...! Je. Cada fin de semana que no jugábamos me iba a Buenos Aires.

Cintioli, Porta, Capaccioni, Mines y Forrest.

Manuel rememora, exclama y suelta la sonrisa con total naturalidad cada vez que vuelve en el tiempo. 

“Me acuerdo que cuando llegamos estaban arreglando la cancha de Altense y practicábamos en un club con piso de cemento, donde hacía mucho frío, y cuando vi a mis compañeros eran todos así (y pone la mano con la palma hacia abajo a un metro del piso). Nosotros dijimos “esto va a ser fácil”. No le dábamos importancia, hasta que llegó el primer partido. Entramos por atrás a la cancha y se escuchaba “pum, pum, pum, pum...”. Nos asomamos y estaba lleno el estadio. Liniers tenía algunos jugadores de dos metros y nosotros teníamos a (Roberto) Cappacioni, (Gabriel) Cintioli... Pensé “no le vamos a ganar a nadie” (vencieron 87-85). Nos dirigía (Adolfo) Lista, ¡que cómico era! Ese equipo fue muy bueno también...

-Si no se lesionaba Barney Mines...

-Ufff...

En esa línea del tiempo apareció, luego de la primera experiencia, el desafío de saltar a la Liga A con Pacífico.

“Yo era un pibe, y si bien sabía que era algo especial lo que se vivía con el equipo, no dimensionaba lo que significa. Recién ahora me estoy dando cuenta lo que vivimos con Pacífico. Y lloro cada vez que veo el documental de Raúl (Papalardo). Lo estoy disfrutando más ahora, a los 62 años, que en ese momento”, reconoce.

Manuel-Adrián Conget y mucho sentimiento verde...

Invadido por la melancolía y al mismo tiempo felicidad de estar reviviendo esos años de gloria deportiva, Manuel se ríe a carcajadas naturalmente, es espontáneo, tiene mucho sentimiento. Definitivamente, disfruta del relato.

“Me acuerdo siempre -rememora- de esa canción '¡que de la mano, de Marcelito' y yo pensaba que decían 'de Manolito', je, je...”.

-¿Qué te transmitió ese equipo?

-Ufff... Marcelo, el Zurdo, Ariel Rodríguez, Jorge (Ferrini)... Nosotros éramos un equipo. A mí me gustaba ganar, no meter 20 o 30 puntos. Y ellos pensaban lo mismo. Cuando repaso quién fue el mejor jugador que conocí, por lejos pongo a Marcelo Richotti.

Manuel en las alturas, en el Casanova y en el William Harding Green.

-¿Te hizo mejor a vos?

-¡Sí, sí! Me la tiraba para arriba y yo la volcaba. Teníamos esta seña (y recorre con el dedo índice la nariz, de abajo hacia arriba). Fue el año que más la volqué.

Manuel "saludando al pueblo"...

También, por temperamento de ambos, alguna vez se cruzó nada menos que con el referente.

“Recuerdo que (Tite) Boismené dejó una práctica porque lo llamaron y yo estaba haciendo boludeces. Entonces, Marcelo, que era tan joven como yo, me dijo algo y nos peleamos. Y después pensaba: “Me van a echar”, porque era Marcelo, el pibe del club. Después hablamos y terminó siendo mi mejor amigo.

Atento a la charla estuvieron el ex dirigente Juan Domingo Descamps y el camarógrafo Raúl Papalardo, aprovechando cada frase de Manuel para grabar y darle continuidad a lo que fue el documental “El Equipo del Pueblo”, compilando la historia del verde en la Liga Nacional.

“Tuvimos la suerte de contar con buenos extranjeros, como jugadores y personas. Pero Manuel -opina Descamps- parece que hubiera nacido en Castelli y Charlone. En Pacífico siempre hubo sentido de pertenencia y eso creo que fue parte de cómo se brindaba la gente, sumado a que básicamente Marcelo, nuestro símbolo, y el Zurdo (De Battista), los aglutinaban. Y ahora Manuel, estando acá, demuestra lo que significa como persona. ¿Qué otro puede venir después de 40 años? Ya es parte nuestra...”.

Al mismo tiempo, Manuel sale al cruce: “¡Pará! No aguanto más”, dice, emocionándose mientras escuchaba el elogio.

Forrest tuvo dos pasos por el verde.

El primero, en 1986, siendo el cuarto extranjero en llegar (jugó 19 partidos, con 22,89 puntos y se lesionó ante Echagüe en cuartos). Los otros fueron Dave Downey, Eugene Richardson y Donald Reese.

Y en 1988 disputó 34 partidos, promediando 19,1 puntos y 12,7 rebotes, cuando Pacífico estuvo a punto de meterse en la final, tras ser eliminado por Atenas.

Y si bien dejó muy buenos recuerdos, asegura que su mejor temporada la tuvo con Gimnasia de Pergamino, en la '91-92.

Abrazo y llanto con el Mudo Del Campo.

Paralelamente, así como rendía, Manuel también pedía y reclamaba, generalmente por los pagos.

“Una vez nos pidió un caballo para ir a entrenar”, recuerda Descamps.

“Y terminó comprando un Chevrolet. Lo dejó estacionado una semana en la puerta del club y no arrancó más”, agregó con una sonrisa.

“Lo que pasa -aclaró Manuel- que tenía cambio, no era automático, como en Estados Unidos, y no lo entendía, je”.

Emoción pura: la llegada a Castelli y Charlone.

También recordó su elegancia para vestirse y cuando apareció con un sobretodo.

“Teníamos la publicidad de Stylo y estaban enloquecidos con él. Ellos se sentaban delante del cartel y Manuel durante la entrada en calor se paraba ahí y le sacábamos fotos. Después él iba al negocio y se llevaba una remera o algo. Hasta que un día apareció con un sobretodo”, contó.

Las nenas habrán escuchado las historias...

Él 15 con el 15. Detrás Pechuga Martellini, gran parte de esta historia.

De hecho, la historia de “El equipo del pueblo” nació en Buenos Aires, con Manuel como protagonista.

“¿Te acordás Manuel cuando fuimos a comprar un traje?”, le preguntó.

“Subimos a un taxi -contó Descamps- éramos cinco. Y el tipo nos miraba hasta que preguntó”:

-¿De dónde son?

-De Bahía Blanca.

-¿Qué equipo?

-Pacífico.

-Ah, el equipo del pueblo.

“Había salido ese título en El Gráfico, después de ganarle a Ferro”, recordó.

Con el Zurdo De Battista y Marcelo Richotti. Foto: Gustavo Pirola.

“Es que nadie pensaba que nosotros -admitió Manuel- podíamos ganar teniendo a Federico Susbielles, de 17 años, un americano de 1m98, el Zurdo y un chiquitito como Richotti...”.

-¿Y por qué ganaban?

-Porque teníamos corazón (y se golpea el pecho).

-Es que cuando se veían los dos equipos entrando en calor, generalmente se pensaba que Pacífico tenía pocas chances, por esto que decís...

-Seee, je, je, perooo... Vamos a jugar. Lo mismo nos pasó en Punta Alta. Fue muy bueno también...

Su último paso por Bahía jugó en Olimpo, la temporada ‘90, el otro equipo además de Gimnasia (Pergamino), en la ’91-92 y Quilmes (Mar del Plata), en 1989 (ex TNA) y la 2001-02.

“De Olimpo tengo buenos recuerdos, aunque estuve poco tiempo. Al principio estábamos mal y después cambiamos el técnico, fuimos a playoffs y otra vez nos eliminó Atenas. Ellos tenían un gran equipo, con Milanesio, Campana, ¡cómo tiraba ese pibe!".

-¿Es el rival que más recordás?

-Seee, Atenas... ¡Shit!

Esa sombra que significó el equipo cordobés en su carrera, sin poder eliminarlo en playoffs es, acaso, una deuda que le quedó pendiente, tanto con Pacífico como con Olimpo.

“Mis mejores partidos fueron con Estudiantes, Olimpo y Ferro. Y después, perdimos con Atenas. A mi gente le muestro los partidos en Youtube, para explicarles cómo jugaba ese equipo”, cuenta con orgullo, 38 años después.

Abrazo del alma...

Con su sentimiento a flor de piel, Manuel aclaró que pudo venir porque un amigo lo invitó a visitar el país.

“Me dijo si quería venir a la Argentina, que él me pagaba el pasaje. Y estoy muy emocionado. Es un sueño. Nunca pensé que iba a volver a la Argentina”, admitió.

“Todos mis amigos me dicen que me ven feliz”, resalta, respaldando ese inocultable sentimiento.

Aunque Manuel, como bien recordó Descamps, no se guardó un reclamo, como en su época de jugador. Y en esta visita, en la que ayer también se permitió disfrutar de quienes fueron a saludarlo al William Harding Green, tiró: “Hay fotos de todos, menos mías, je”.

Mauricio Di Buo, Adrián Lliteras y Walter Ugolini.

De todos modos, el querido Manuel se fue agradecido y con el alma llena: “No tengo un millón de dólares, pero todo esto vale mucho más”.

De su visita a Bahía, se lleva la camiseta 15 del verde grabada en la piel y esa foto imborrable en el corazón, enmarcada de abrazos y lágrimas que lo hicieron sentir un campeón de la vida, en Pacífico, claro, ¿dónde sino...?