Bahía Blanca | Domingo, 03 de julio

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Agenda de preguntas: ¿por qué no?

“Cuando respondamos estas preguntas y otras, estaremos en mejores condiciones de pensar en un país con identidad y futuro.” Escribe Tomás Loewy.

   Usualmente, transitamos los días con alguna noticia predominante, una serie de factores sintomáticos de la economía o la política, sin descartar alguna «comidilla» de la farándula. Suelen transcurrir horas mostrando una manifestación, un discurso o algún caso trágico de inseguridad.

   Una primera pregunta, que cualquiera puede plantearse, es qué lugar mediático nos queda para ofrecer cuestiones importantes y de causas estructurales, en múltiples escalas de tiempo y espacio. La inexistencia de estas secuencias, no excluyente de otras, suele denominarse neonegacionismo: pretender que ciertas cosas no existen solo por el hecho de no mencionarlas.

   En una digresión, dentro de las redes, un amigo coincidió conmigo en que además de explicar los «cómo», los políticos deberían contar con buenas preguntas para calificar los «qué». Por aquello de que «el pez por la boca muere», surge este intento de interactuar con la ciudadanía.

   Para hacerla corta, pensé en hacer un decálogo, pero no pude menos que una docena. Si bien tienen un perfil dicotómico, las opciones no son necesariamente excluyentes, solo requieren un adecuado balance. La interrogación o interpelación básica, común a todas, es si: ¿tenemos que seguir…? Lo que continúa es la muestra seleccionada.

   ¿Tenemos que seguir…

   1.- …hablando de la sostenibilidad de la deuda o de la deuda con la sostenibilidad?

   2.-…conversando de la economía como síntoma, o abordar la economía política y la ecológica, que asumen las causas profundas de los hechos?

   3.-… «solucionando» sectores y temas o adoptar los sistemas como unidad de análisis?

   4.-…mirándonos el ombligo o partir de un pensamiento global y una acción local?

   5.-…pensando en el estado de la política o en políticas de Estado?

   6.-…exhibiendo políticas electorales o privilegiar la política de los hechos y de la Constitución?

   7.-…especulando que nos puede salvar un líder o un gran economista o diseñar un proyecto de país que concilie lo urgente con lo importante?

   8.-…discutiendo de cualquier cosa, pero omitiendo la gran asimetría geodemográfica y sus consecuencias?

   9.-...meneando el problema de las pymes sin incorporar —taxativamente— las agrícolas, con alta potencialidad transformadora?

   10.-…negando la megalópolis y la megaprovincia como causas mayores de nuestros males?

   11.-…ignorando que la sostenibilidad solo es operativa aplicada a sistemas y no a sus componentes aislados (ambiental, económico y social)?

   12.-…loando la educación, sin debatir contenidos o hablar de pobreza (síntoma), sin mencionar la desigualdad (causa)?

   Cuando dialoguemos y respondamos, con cierto consenso, estas preguntas y otras, estaremos en condiciones de pensar un país con identidad y futuro, en el marco de una sociedad-mundo. Debemos apostar a una mirada de menos negocios y menos «sálvense quien pueda». Nos cabe un enfoque de cooperación, comunidad y humanidad, sin descartar una ética del bien común y de los bienes comunes. No es una opción: es un imperativo que debemos atender más temprano que tarde…

Tomás Loewy es ingeniero agrónomo. Reside en Bahía Blanca.