Pablito, en la “Ciudad de Villa Mitre”, logró lo más importante de todo: ser un 10 en la vida
El “nene” mimado del mundo tricolor reconoció que le tendría que haber hecho caso a Martín Palermo, porque todavía hoy se arrepiente de no haber continuado en Estudiantes de La Plata. Un volante audaz y explosivo que no fue valorado en su momento. Con la “Villa” ganó 5 títulos locales y consiguió un ascenso a la B Nacional. ¿Qué más?
Por Sergio Daniel Peyssé / speysse@lanueva.com
(Nota publicada en la edición impresa)
Si le pregunto por un 10 de la Liga del Sur creativo, talentoso y cautivador con la redonda pegada al pie, estoy seguro que nombraría de corrido a Arriagada, Quijano y Depietri, siguiendo con Panelli, el “Pollo” Gorosito, el “Cate” Fernández, Robinson Zambrano y tantos otros que le dieron brillo, nivel y prestigio a nuestro queridísimo fútbol local.
Aunque si usted lleva tiempo y años siguiendo, de alguna manera, las competencias liguistas y la participación de los equipos locales en estamentos regionales y nacionales, en ese orden de prioridades no le puede faltar Pablo Rubén Gilardi, un volante ofensivo ligero de equipaje que dentro de una cancha siempre pensó en el beneficio de los demás sin egoísmos ni rencores.
“Un pase gol o una asistencia me llenaban el alma, para mi es más importante la esencia que el resultado”, fue la primera frase de Pablito, amado en Villa Mitre, club con el que consiguió 5 títulos liguistas (1991, 1992, 1993, 1994 y 1998) y un ascenso del Federal A a la B Nacional: 31 de julio de 1999.
Hoy, a casi dos décadas de su último encuentro en el ámbito local con la casaca de Sansinena, la “Liebre”, como lo bautizaron sus compañeros en la escuela primaria 67, se gana la vida (desde hace 12 años) como empleado de una casa que vende y distribuye artículos de electricidad, aunque los que lo conocen aclaran que sigue siendo el asesor comercial del local de indumentaria que su señora (Mariana Díaz) mantiene abierto, pese a la pandemia, en la esquina de Zelarrayán y Caronti.
No siempre, pero el día de la nota, Pablo se animó a atender así a los clientes. Sí, con la 10 del ascenso a la B Nacional, en 1999.
“Me críe en el barrio Pedro Pico (Neuquén y Thompson), pero los mejores recuerdos de la infancia, el hecho de poder patear en la calle sin que molesten los autos, los viví en la casa de mi abuela (Elvira, ya fallecida), quien vivía a 5 cuadras de la sede tricolor. Villa Mitre es y será mi lugar en el mundo, soy un apasionado del barrio, de su gente, de sus costumbres...”, señaló el 10, a quien le aclaman sumarse a la institución como entrenador, coordinador o dirigente.
“Sé que tengo pendiente el hecho de colaborar con la entidad desde adentro, pero hoy no me dan los horarios ni tengo tiempo para involucrarme con una responsabilidad tan grande, porque si estás en Villa Mitre, además de trabajar con pasión y dedicación, tenés que estar a la altura de un club que atraviesa un presente formidable”, destacó.
“Cuando jugaba estaba a cargo de la escuelita de fútbol, pero una vez que me retiré no pude seguir ligado a la actividad, necesitaba un trabajo estable y que me asegure un sueldo mensual, y gracias a Dios mi amigo Juan José Fernández me dio una mano para poder ser parte de esta familia llamada Casa Ramos”, expresó el padre de Mateo (17 años) y Catalina (12).
El lugar elegido para hacer la nota fue el local de Rivadavia 1477, al mediodía, cuando el tránsito de clientes normalmente disminuye. Nada de lo que venden ahí tiene relación con lo deportivo, pero la presencia de Gilardi inspira a que el clima y las cargadas de sus propios compañeros tengan intima relación con la pelota y el mundo “villero”.
“Mentalmente no me puedo apartar del fútbol, porque los que entran acá sí o sí te llevan hacia ese tema; Villa Mitre es pueblo, pasión y fútbol. No soy de ir a la cancha y sigo la campaña del equipo en el Federal desde mi casa, por los medios periodísticos o viendo algún que otro partido por streaming. Cuando jugaba disfrutaba, era feliz, pero nunca me pude acostumbrar a la tribuna o al alambrado. Ir a El Fortín me genera cierta nostalgia, no lo puedo negar; si voy quiero estar adentro, en el césped, y sé que ya no lo puedo hacer”.
“Mi otra pasión es el automovilismo, a veces una carrera me genera más entusiasmo que un partido de fútbol. Me encanta el TC, un domingo de autos me hace recordar a mi infancia, cuando con mi papá (Rubén) nos pegabámos a la tele viendo si Ford era más que Chevrolet o viceversa. Mientras tanto, mi mamá (Telma) preparaba el almuerzo. ¡Qué linda época!”, rememoró Pablito, hermano de Walter, Leo y Celeste.
—¿Considerás que sos un 10 olvidado, sobre todo en el ámbito local?
—Puede ser, aunque hay que ver de quien es la opinión y a que equipo representa. No me gusta hablar de mi, pero acá en Villa Mitre tienen un buen recuerdo de mi paso por el club. Fue un orgullo haber sido parte de una década gloriosa (la del `90), haber conformado grandes equipos y haber compartido vestuario con jugadores que, además de haber ganado todo, tenían un gran sentido de pertenencia por y para Villa Mitre. Esa camada de futbolistas se metió en la sangre del hincha tricolor.
“Es lógico que, con el paso del tiempo, la gente se vaya olvidando de los jugadores que pasaron por el club. A un chico de 18 o 20 años le preguntás por Gilardi y no sabe quien es, pero seguramente su papá, su tío o su abuelo le habló de ese equipo que en 1991 le volvió a dar un título a Villa Mitre tras 45 años de sequía. Es un honor ser parte de un grupo de jugadores que escribió una página importante de la historia futbolística de la institución”.
“Para mi es un halago que me digan que me vieron jugar. Es más, me genera una profunda emoción cuando gente grande entra al negocio y los primeros recuerdos de fútbol los asocia a esos campeonatos seguidos que ganamos en los 90”, deslizó quien ayer cumplió 48 años.
—Velocidad, contemplación a las patadas, coraje para volver a encarar... ¿Qué otras virtudes te distinguían?
—Confiaba ciegamente en mi velocidad, y cambiar el ritmo para atacar los espacios vacíos era siempre el desafío a superar. En base a despliegue y explosión trataba de sacarme las marcas de encima, siempre mirando el arco de frente y viendo en que momento podía meter ese pase gol que me hacía feliz.
“Cuando regresé de La Plata, después de haber estado dos años en Estudiantes, físicamente volaba y me sentía con toda la confianza para encarar a un lateral petiso o a un central de dos metros de estatura. Estaba bien de la cabeza y de los pies, podía hacer con la pelota lo que realmente pensaba; sabía que eludiendo a dos o tres rivales dejaba a un compañero de cara al arquero contrario, con posibilidades concretas de convertir. Para eso jugaba; esa era mi mayor satisfacción”.
Pura pasión: Pablo y su hermana Celeste, con alma tricolor.
“Pinchó” su propia ilusión
Pablito debutó en Primera a los 15 años, un sábado de septiembre de 1988, ingresando a los 10 minutos del segundo tiempo (por Julio Roman) en el triunfo de Villa Mitre sobre Pacífico de Cabildo (3-0), por el torneo Promocional en cancha de Bella Vista. El técnico era Juan Carlos Zapata y el 10 no olvidará jamás ese llamado de “Tato” en una practica semanal, en El Fortín, cuando ni siquiera se había imaginado que a esa edad podía dar el salto de calidad y ser parte del plantel superior de su amado Villa Mitre.
“Me acuerdo que `Tato´ vino hasta donde estábamos entrenando la cuarta y la Reserva, me apartó del grupo y me preguntó si creía estar preparado para mi debut en Primera. Me transmitió seguridad y me aclaró que él tenía toda la confianza en mi. Me llevó al banco, pero siempre pensé que no iba a entrar; que jugar al menos un ratito iba a ser demasiado premio. Pero me tocó, y fue una prueba de fuego que superé sin nervios ni temores”.
Pero ese 1988 le iba a seguir marcando su promisorio destino funtbolístico...
“El Profe de la Primera era Roberto Vercesi, quien me hizo un contacto para que me pueda ir a probar a Estudiantes de La Plata. Fui, quedé y viví en la pensión durante dos años. Jugué en sexta, quinta y, cuando estaba por arrancar la pretemporada en cuarta, decidí volverme a Bahía. Ehhh...”
—Pará, pará... La pregunta es obligada: ¿por qué no continuaste el camino hacia Primera división?
—Haberme vuelto fue una decisión equivocada, de la cual todavía me sigo arrepintiendo. Nadie me echó, pero estar solo y extrañar horrores a mi familia y a mi gente provocaron mi regreso pese a que en Estudiantes estaba bárbaro y seguía creciendo física y futbolísticamente.
Mano a mano con La Nueva. Un 10 que mereció llegar más lejos.
“En el último tiempo no estaba cómodo, me habían cambiado de colegio (acá estudiaba en la ENET Nº 1 y allá terminó el secundario en una Escuela de Comercio, recibiendo el título de bachiller general) y para llegar a Primera me quedaban, mínimo, dos años más. Sentía que los días se hacían cada vez más largos, ya no soportaba algunas situaciones y les dije a mis padres que lo mejor para mi salud y mi tranquilidad era regresar a Bahía”.
—En el “Pincha”, ¿con quién compartías plantel?
—De mi categoría (1972) el único que llegó a Primera fue el “Gato” Sessa. En Estudiantes tenían la particularidad de mezclar a dos o tres categorías en un mismo turno de entrenamientos, por eso compartí “picados” y prácticas de fútbol con Martín Palermo (nació en 1973), Serfatti, “Rulo” París, Gastón Córdoba, entre otros.
“Eran épocas donde Estudiantes compraba bastante para nutrir al plantel de Primera, por lo que eran muy pocos los pibes que tenían la oportunidad de llegar a lo más alto. Como arribaban técnicos de otros lados con su propia banda de futbolistas, los de inferiores que `picaban´ arriba eran uno o dos por división”.
—Con Palermo hiciste “buenas migas”, ¿o no?
—Egresamos juntos, terminamos quinto año en turno nocturno, el único horario que podíamos ir a la Escuela ya que entrenábamos mañana y tarde casi todos los días de la semana. El “Loco” es un lindo personaje, con él quedó una buen relación y cada vez que vino a Bahía nos juntamos a charlar y a recordar viejas épocas.
“El me pidió que me quede, que siga haciendo el sacrificio, que tenía todo para triunfar, pero en ese momento ni Cristo me convencía para que desista de la decisión que había tomado”.
—Increíble, ni Palermo te convenció...
—No, ja,ja. Es mas, esperé el momento justo para volverme a Bahía. Un sábado se suspendió un cotejo amistoso contra Deportivo Español, nos dieron libre el fin de semana y yo aproveché para regresar a mi casa. Cuando llegué les manifesté a mis padres que a La Plata no volvía, y así fue. En la pensión dejé ropa y algunas cosas en el cajón de la mesita de luz. Jamás lo mandé a pedir ni esperé a que alguien me lo envíe”.
Mariana, Pablo y Mateo en brazos de papá. Marzo de 2004.
Foto más actual de la familia: Mateo, Pablo, Mariana y la pequeña Catalina (hoy con 12 años).
—El tren pasó y no te subiste, y por lo que sé nunca más volviste a tener una oportunidad como esa.
—Tal cual, ese era el momento y desperdicié la chance. Después de Estudiantes, entre 1991 y 1993 atravesé mi mejor momento deportivo, aunque jamás se me dio otra oportunidad en un equipo de AFA. Volaba físicamente y estaba en un gran nivel, hasta que a principios de 1994 me corté el tendón de Aquiles y mi carrera sufrió un click inesperado.
—¿Qué sucedió?
—Me operaron, estuve un año sin jugar y cuando volví lo hice con normalidad y sin dificultades. Sin embargo nunca más fui el jugador que había sido. Se me vino el mundo abajo, empecé a sentir esa sensación de que mi momento había pasado, como que había rifado lo mejor de mi trayectoria. Había perdido velocidad y explosión; no era yo ni estaba seguro de mi mismo.
“En ese momento surgieron rumores sobre la posibilidad de que me compre algún equipo de Buenos Aires, pero eran épocas donde no existían los empresarios ni Villa Mitre tenía los contactos directos como para llevar jugadores a probar. Eran tiempos donde salir de Bahía Blanca era casi una utopía”.
“Además, las condiciones del mercado futbolístico no eran ni parecidas a la de ahora, donde un video de un jugador lo ven millones de personas en el mundo a través de las redes sociales”.
Sin dardos venenosos ni rencores
“En Villa Mitre siempre me sentí querido y valorado. Jugué 10 años en el club y estoy totalmente agradecido por el trato que recibí y lo que se pudo lograr. Además, el ascenso a la B Nacional, en 1999, marcó tanto al hincha como a nosotros, los jugadores, porque nadie lo presumía ni había una mentalidad preparada para la segunda categoría del fútbol argentino. En ese momento Villa Mitre pegó el salto de calidad, empezó a trascender a nivel nacional y la institución creció a la par del fútbol. Y se llegó a lo que es hoy, con un equipo consolidado en el Federal, un predio propio y dirigentes con visión de futuro y progreso”, remarcó con énfasis.
—Todo bien, ¿pero ningún hincha te tildó de “traidor” por haber pasado a Olimpo en la temporada 2000-2001?
—Jamás sentí que traicioné a nadie. Soy fanático de Villa Mitre y mi paso a Olimpo fue porque laboralmente, en ese momento, me convenía. La dirigencia de mi club me había dejado libre y por varias razones, pero sobre todo porque me quedaba en mi ciudad y seguía en la misma categoría, decidí ir a Olimpo.
Con la de Olimpo y Jorge Ledo a su lado. Un paso adelante, nunca una "traición".
“Había recibido propuestas de otros equipos del Federal A, pero me quería quedar en Bahía porque ya rondaban por mi cabeza algunos proyectos personales fuera del fútbol. Nunca tuve un reproche del hincha villamitrense; es mas, muchos compañeros identificados con el tricolor me apoyaron para que siga en la misma divisional. Nunca quedé resentido por la determinación que tomó la dirigencia y reconozco que en ese momento no estaba en mi mejor nivel”.
“Además, la rivalidad de Villa Mitre era con Tiro, por eso no consideré que era grave o dramático pasar a Olimpo. Vivía del fútbol y la propuesta de Olimpo era mejor en lo económico a otras que había recibido. En ese momento se dio todo para ir a reforzar al aurinegro; es así de simple, lo digo sin problemas y porque el hincha de Villa Mitre siempre lo entendió”.
Al 10 le dieron la 6
Poco después de inaugurar oficialmente su propio complejo deportivo, el club Villa Mitre tomó una decisión que otras entidades podrían imitar tranquilamente: hacer un homenaje en vida. La cancha Nº 6 del predio, de césped sintético, para fútbol 11 y con torres de iluminación que ya se están instalando lleva el nombre de Pablo Gilardi.
“Es un orgullo, ¿qué te puedo decir? Es el mayor reconocimiento que recibí en el club, y no sé si es demasiado... Eso demuestra que hice las cosas bien, con respeto y amor a los colores. Todavía no me paré en el medio de `mi´ cancha, pero ya voy a ir...(risas)”, se alegró la “Liebre”.
Catalina, orgullosa de que la cancha Nº 6 del predio tricolor lleve el nombre de su papá.
“La dirigencia se está manejando muy bien y sabe hacia donde llevar la institución para que siga creciendo. Villa Mitre continúa cumpliendo objetivos y al hincha se lo nota conforme y feliz”, destacó Pablo, quien al momento de la inauguración de su propio espacio se encontraba de vacaciones fuera del país.
“Me llamaron por teléfono en el preciso momento que cortaban la cinta”, contó el agasajado, “interrumpiendo” por algunos segundos el video que se estaba transmitiendo en vivo porque el celular era el mismo con el que Pablo pretendía entrar en línea.
—¿Algún título te marcó más que otros?
—El del `91 fue inolvidable, por la pasión de la gente y porque Villa Mitre volvía ser campeón tras 45 años. Jugábamos a cancha llena, algunos hinchas iban a las prácticas y la adrenalina que se vivía en el barrio nunca la sentí ni la comprobé en alguna otra ocasión. Fue inolvidable, nos empezaron a seguir en los Regionales...
“Me acuerdo cuando eramos visitantes y llegaban 10 o 12 colectivos para alentarnos; era tremendo, conmovedor, se te ponía la piel de gallina. En ese entonces no existían equipos con tanta convocatoria como Villa Mitre”.
“El campeonato de 1991 tuvo otro condimento especial: el gol de `Paco´ (Luis Sánchez) en la final (para el triunfo 1-0) fue en el Carminatti, contra Olimpo, que venía de hacer capote en la década del `80. Olimpo era el rival a vencer, el que venía marcando la historia, el que armaba verdaderos equipazos, por eso la barriada tricolor lo disfrutó tanto. Lo que nadie se imaginó fue que a partir de ahí iba a empezar nuestra hegemonía, un dominio sostenido y muy marcado. No hay dudas que en la década del `90 Villa Mitre fue el equipo de la ciudad”.
—¿Por qué no tenés nada de Villa Mitre, es cierto que regalaste todo?
—Darle un trofeo o una alegría a un hincha que está esperando algo de vos siempre fue conmovedor para mi. A los que me pedían la camiseta o el pantalón les decía: “tomá, ¿para que los quiero guardado en mi casa? Lo hacía porque lo sentía así, era el gesto más lindo que me gustaba dar; ahí veía el sentimiento en su máxima expresión.
“Terminar un partido, salir campeón y regalar la ropa me hacía feliz, sabía que había alguien que iba a valorar y a disfrutar de esa prenda, así sea una media o las dos. Regalé hasta pares de botines, y que mejor que los haya recibido algún fanático y apasionado por la `Villa´. Siempre que prometí algo fue en la cancha, y eso lo sabían mis amigos y allegados”.
—¿Cómo es ser el ídolo de otro ídolo: en este caso “Paco” Sánchez?
—Para mi es un referente del fútbol y de la vida. Me quiere mucho, me valora; siempre está, que es lo importante. Cuando él arribó a Villa Mitre se produjo un antes y un después, llegó con un nivel altísimo y potenció a todo el plantel. Nos fijábamos mucho en él, era muy inteligente para jugar. Siempre tuvimos excelente conexión y jamás hubo egoísmos entre ambos. Le tengo un afecto especial; él lo sabe.
—Sin embargo no vio el gol que convertiste en Tandil para el ascenso, en 1999. Vos lo reemplazaste a él, pero “Paco”, de los nervios, salió del estadio y se fue a caminar por ahí. ¿Se lo perdonás?
—Sigo sin creer por qué se fue de la cancha. Cuando convertí el gol (para el 3-1 final) salí a festejar y no lo vi en el banco de suplentes. En el momento no reaccioné, pero después me enteré que había ido a comprar salamines y queso....(risas). El sabe que está perdonado, no se lo necesito decir”.
¡Qué trofeo "Sarna"! El pantalón que usó y el botín (con el barro y todo) con el que Pablo marcó el gol en Tandil.
“Para `Paco´ y todo el equipo esos 15 minutos finales, los que yo estuve en cancha, fueron interminables. Douglas nos estaba peloteando y no podíamos agarrar la pelota, hasta que salió la contra y pude convertir. Un ratito antes me habían anulado uno por una inexistente posición adelantada. Había mucha tensión, la mochila por tener que ascender pesaba demasiado, era la última chance para varios de nosotros y de ese plantel”.
—Los hinchas te aman, pero en la “Peña del Sarna” no, ¿por qué?
—¿Me odian?, ¿qué pasó?, ¿de qué te enteraste?.
—De nada, simplemente se quejan de que desde hace dos años venís prometiendo una cazuela de mariscos y cada vez que cocinás elegís la pizza como menú.
—Es cierto. ¿Sabés que es lo que pasa?, no la hago porque hay un integrante (Marcelo Tuminello, el “Sarna”) que no quiere pagar lo que realmente puede salir una cazuela. A todas las cenas va con 200 pesos, apenas le alcanza para una pizza. Y se queja, ¿qué quieire? Te digo la verdad: se merece polenta o fideos.
La peña: Marcelo Tuminello, Pablo, Carlos Morresi, "Paco" Sánchez, Gabi Wentland, Daniel Del Moro, "Pelusa" Martínez y Luis Martínez.
Otra noche distinta: "Paco", Pablo, "Pelusa", el "Sarna", Del Moro, Joel Jara y el "Patón" Ehulech.
“Hago pizzas para equilibrar la economía de la Peña. El `Sarna' no sabe cocinar; en vez de masa hace engrudo para pegar carteles”.
“Doy fe, la cazuela le sale terrible, para chuparse los dedos”, testificó su cuñado Martín al ingresar al negocio.
La pregunta: ¿por qué nunca DT o dirigente en Villa Mitre?
“Es algo que me encantaría, aunque no lo tengo pensado. No me dan los tiempos. Más adelante me gustaría colaborar con el club desde adentro, cumpliendo alguna función pero no sé cual. Como técnico me tendría que dedicar full time, y por ahora tengo un trabajo que no puedo descuidar”, deslizó Pablito.
El gol. “Por la importancia, porque Villa Mitre llegaba por primera vez a la B Nacional, el que le hice a Douglas en el ascenso de 1999. Aunque hubo uno que grité mucho, en El Fortín, en el cuadrangular final de 1992 de la Liga contra Liniers. Definí de media volea a un costado de Echeverría y ese tanto significó (el tricolor ganó 2-1) la clasificación al certamen Regional”.
La patada. “Criminales hubo muchas, pero en cancha de Deportivo Patagones te hacían pelo y barba, y más de noche... (risas). Ese equipo tenía defensores y volantes experimentados, duros y “peludos”. Los centrales eran Bonetto y Grudl, te sacudían de lo lindo. Eran épocas donde los árbitros eran permisivos; no existía el fair play”.
El rival que mejor te marcó. “Marito Fernández (Olimpo), incansable para hacerme personal en forma leal y sin provocaciones. Un ser humano excelente”.
El 11 ideal de ex tricolores. “Armó un 4-3-1-3: Pablo Molgatini; Alberto Boggio, Gustavo Coronel, Osvaldo López, Mario Martínez; Ale Hidalgo, Guillermo Dindart, Jorge Ochoa; Martín Carrillo; Daniel Paz y Luis Sánchez. Al banco: Fabricio Amaya, Víctor Zwenger, Diego Trotta, Fabián Ehulech, Gabriel Wentland, Ariel Amaya y Víctor Meriggi. ¿DT? Todos los que tuve”.
Postales con amigos: Pablo, con Daniel Paz y Ale Hidalgo.
El último con la tricolor. “Mi último partido fue contra San Martín de Tucumán por la B Nacional. Ganamos 1-0 con gol mío de tiro libre. Fui titular y no sabía que estaba en la lista de jugadores del club que la dirigencia iba a dejar en libertad de acción. Ese día fue mi despedida”.
¿Y en la Liga? “Mi ultimo año fue 2001, en Sansinena (8 partidos y un gol). En ese momento solo estaba abierto el libro de pases del Promocional, por eso decidí ir a Cerri. Cuando mejor estaba, me desgarré, y como me costó volver, decidí largar todo. Cuatro años más tarde jugué en Deportivo Argentino de Pigüé, y ahí terminó mi carrera activa como profesional”.
La anécdota
No vino el Ratón Perez. “En la semana previa a un partido de séptima división ante Rosario, jugando en la calle Pazos, en el barrio, a la vuelta de la casa de mi abuela, me caí y perdí un diente. Fui al odontólogo y me puso uno provisorio, prohibiéndome correr o hacer alguna actividad física de contacto”.
* “Eso ocurrió un jueves y al martes siguiente me iban a pegar el diente natural con cemento para que quede bien, pero el domingo teníamos que jugar en Punta Alta y tuve que convencer a mis padres para que me dejen ir. Después de llorar y patalear, recibí el permiso. Bien, a los 10 minutos, sin darme cuenta, perdí el diente provisorio y me empecé a desesperar. Le pedí al referí que por favor pare el partido, estaba desencajado. Todos mis compañeros, más los chicos de Rosario buscamos el diente por toda la cancha. Lo triste fue que no lo encontramos...”.
* “Cuando llegué a casa sin el diente, mi papá casi me saca otro, me quería matar. Había que ir a decirle al dentista, quien en un primer momento se fastidio bastante, que yo, por no haber hecho caso e ir a jugar, lo había perdido. Por suerte salió todo bien”.
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Presencias. Suma en equipos de la Liga. Jugó en Villa Mitre (1988 a 2000,), Olimpo (00-01) y Sansinena (Promocional 2001). Marcó 52 goles y lo expulsaron 4 veces. Participó en el Promocional y Oficial local, torneo Regional, del Interior, Argentino A y B Nacional.