Convocatoria para el futuro de la Argentina

27/12/2020 | 06:00 |

“La virtual hegemonía del modelo agroindustrial determina una pérdida constante de pequeñas y medianas empresas (pymes) agrarias". Escribe Tomás Loewy.
 

   Deconstruir la paradoja argentina, bien puede pasar por recuperar una agenda país que nos remita a una identidad nacional. Este sería el paso para un salto cualitativo que nos transporte hacia metas sistémicas y de proyectos. En esta apasionante batalla cultural que se propone, habrá que revisar palabras, convicciones y valores. Abordar lo importante no es ignorar el presente sino un requisito para no colapsar en lo urgente. Invitamos a pensar un camino de horizontes y utopías de futuro.

   El rasgo original de esta ponencia, es poner el acento en las limitaciones estructurales: territoriales, productivas y culturales. El objetivo central es visibilizar una nueva agenda, para reinstalar un imaginario de futuro posible, del país y de su inserción en el mundo. Se trata de instalar políticas de Estado, dentro de un contexto de proyecto de país.

   La subordinación de componentes sociales y ambientales frente a las productivas es la modalidad usual de las sucesivas gestiones. La virtual hegemonía del modelo agroindustrial, inserta en una cosmovisión económica, determina una pérdida constante de pequeñas y medianas empresas (pymes) agrarias.

   La distorsión más significativa es la geodemográfica: dentro de un 93 % de residencia urbana, un tercio de la población está el 0,1% de la superficie y alrededor de un 50 % de los habitantes se radica en un 10% del territorio nacional. Una sola provincia, asimismo, cuenta con el 40 % de la población en el 8% del territorio (Adaptado del INDEC, Censo Nacional 2010)

   En el interior, esto deriva en desertificación social que -de hecho- acelera la desertificación ecológica. También las pymes industriales o de servicios experimentan dificultades crecientes frente a escalas mayores. Tenemos una alta distancia producción-consumo, con elevada concentración poblacional, económica, política y cultural. A eso cabe agregar grandes asimetrías regionales -por todo concepto- y un alto empleo precario.

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   La sostenibilidad, pensando en un desarrollo humano, habilita jerarquizar la equidad prevista en su componente social. Esto se puede lograr, en buena medida, privilegiando unidades productivas con una escala «pequeña» o «mediana». Esta estrategia, sistémica, presenta una alta potencialidad modeladora del perfil y la eficiencia territorial.

   La trazabilidad de los distintos alimentos, dentro de los sistemas productivos, debe satisfacer patrones de seguridad alimentaria y de consumidores exigentes. Transformar la agricultura familiar, de inviable a sostenible, requiere de una política activa del Estado. En el sudoeste bonaerense, para ejemplificar, la superficie modal de los predios tiene un déficit de 500 has respecto a la Unidad Económica Agraria (UEA).

   Una forma consistente de abordar este problema es dotar, a las escalas pymes, con buenas prácticas agrícolas (BPA), de procesos y bajos insumos, agroecológicas u orgánicas. Con esta integración, las unidades alcanzan la calificación de multifuncionales.

   Incorporando algunos rasgos favorables del predio rural, como tenencia y residencia, se completa -en el sistema- la expresión de todas las componentes de sostenibilidad. 

   La erogación de la sociedad, para generar viabilidad en unidades inferiores a la UEA, es el reconocimiento a las prestaciones sociales y ambientales de esos predios.

Tomás Loewy es ingeniero agrónomo.

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