Deseos vitales

29/12/2019 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Termina 2019 y estoy acá, como lo hago desde hace 6 años, escribiendo los Deseos vitales.

   Tenés la libertad de opinar y decir que la última columna del año “se reitera”, y de eso se trata este espacio: opinión y disenso, pero por encima de todo se trata de generar preguntas, de pensar y que cada uno pueda construir sus respuestas.

   Es paradójico, pues si bien reniego de los rituales y de lo repetitivo, destinar cada año un tiempo a esta tarea de formular deseos, implica disfrute y también padecimiento. Padecimiento porque reviso deseos formulados en años anteriores, esos que nos involucran como sociedad, esos que nos situarían en otros peldaños evolutivos, y lamentablemente estamos en el mismo lugar.

   ¿Hoy me pregunto y te pregunto si ya formulaste tus deseos?

   ¡Hoy, o mañana, o tal vez en los primeros días del año te invito a que destines un tiempo a formular tus deseos!

   ¿Qué deseo? Es la pregunta fundamental y existencial que todos debemos hacernos, sí, debemos, porque según la Psicología implica darle respuesta, y esas respuestas son las que nos ponen en movimiento, son las que habilitan los trayectos a recorrer.

   Tal vez te gustaría cambiar de trabajo, empezar o terminar una relación, hacer un viaje, estudiar, encontrarte con amigos, pintar, pero si no buscas otras opciones laborales, si no das los pasos para encontrar a esa persona, si no tomás la decisión de poner un punto final, si no empezás a juntar aunque sea una moneda para ese viaje, si no vas a la oficina de informes de la universidad, si no llamás a tus amigos, si no agarrás los pinceles y pinturas, significa que el deseo va en otra dirección.

   El deseo con su fuerza y su potencia, con esa energía “casi superpoderosa”, nos permite visualizar otro trabajo, un viaje, un encuentro, estudiar, inventar; el deseo renueva, nos hace crecer y nos lleva a ir por más o por algo disiento, o al menos intentarlo.

   ¡Ver! ¡Ceder! ¡Saciar!

   Deseo que podamos “ver”, no digo “mirar”, ver a los otros; pues es el primer paso para registrar y luego entender. Deseo que podamos abrir los ojos y ver cómo están los otros, nos sorprenderemos al darnos cuenta de saber a cuántos y hasta cercanos, la están pasando muy mal.

   Deseo que podamos “ceder”, no digo ceder todo el tiempo, sino prorrogar por un tiempo “esas necesidades”, que si se pueden posponer no son tales; ya que si por un tiempo, no mucho ni siempre, podemos “tirar” para el mismo lado, seguramente además de disminuir las tensiones y seguramente muchos, muchísimos, sufrirán menos.

   Terrible desear que casi la mitad de mi país pueda “saciar” el hambre; no hay sociedad posible si “la panza está vacía”, no se puede proyectar, no se puede crecer. La pobreza nunca es aliada del futuro, por eso deseo que el problema de la pobreza y el hambre sea planteado y resuelto con seriedad y responsabilidad.

   La gratitud también está ligada al deseo; como es habitual desde hace 6 años, te digo gracias a vos mi querido/a lector/a, en este año por demás trascedente para mí, le diste sentido a mi pasión y significado a mis letras. ¡Feliz 2020!

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