Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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La “culpa” del peronismo, una maldición de 90 años y las tomas en educación

Turbulencia, tormenta, crisis. Argentina una vez más está amenazada por graves peligros políticos, sociales y económicos. ¿La mayor responsabilidad es de quien gobernó más tiempo? ¿Fueron los justicialistas? ¿Los antiperonistas?

Foto: Redacción Alta Gracia

Maximiliano Allica / mallica@lanueva.com

   La crisis económica hace resurgir entre los seguidores del oficialismo la idea de que todos los males de la Argentina moderna se deben “a los 70 años de peronismo”. Del mismo modo, los justicialistas acusan a gorilas, cipayos, etcétera.

  Para hablar con precisión, pasaron 72 años desde la primera asunción de Juan Domingo Perón como presidente, en 1946. Y, pese a ciertas creencias, los gobiernos peronistas y no peronistas se repartieron el poder en partes iguales.

   Perón gobernó de 1946 a 1955, cuando su segundo período quedó trunco por la Revolución Libertadora. Desde entonces hasta 1973, proscripción del partido más popular mediante, gobernaron el general Pedro Eugenio Aramburu, los radicales Arturo Frondizi y Arturo Illia, y los líderes de la Revolución Argentina: Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston y Alejandro Lanusse.

   Tras un breve paso de Héctor Cámpora en el 73, retornó Perón y a su muerte quedó al frente la primera presidenta argentina, María Estela Martínez. Duró hasta 1976.

   Hasta aquí son 12 años de peronismo contra 18 de otros sectores. Del 76 al 83 ejerció el Proceso y, desde entonces hasta 1989, Raúl Alfonsín. La cuenta da 31 años sin justicialismo contra 12 (e innumerables crisis).

   Recién con Carlos Menem se empieza a revertir la tendencia. Permaneció de 1989 a 1999, cuando lo sucedió Fernando De la Rúa, quien renunció en 2001. Van 33 años sin el PJ en el gobierno contra 22.

   El peronismo volvió al Ejecutivo en 2002, básicamente con Eduardo Duhalde, hasta que el kirchnerismo cumplió tres ciclos, que se cerraron en 2015. La balanza ahora es 35 a 33 para el peronismo, que se da vuelta en 36 a 35 con la gestión de Cambiemos.

   El tiempo remanente tiene que ver con que los gobiernos no inician sus mandatos el 1 de enero y terminan el 31 de diciembre, por lo tanto en esta cuenta hay una “falla” de los meses intermedios, aunque no modifica el concepto principal.

   En conclusión, luego de siete décadas el reparto es parejo. Aunque valga una aclaración: aquí no se intenta emparentar a los gobiernos radicales con los militares, sino desmenuzar la idea de que “la culpa son los 70 años de peronismo”, consigna que no respeta los datos históricos de sucesiones en la Casa Rosada.

   Más allá de estas cuentas, muchas opiniones mantienen que el problema de Argentina son el peronismo, sus ideas y sus prácticas. No obstante, medido en años de gobierno, los justicialistas bien pueden decir que la “culpa” de que vivamos un desastre tras otro es del antiperonismo.

Foto: Archivo La Nueva

De Marcelo T. a Macri

   Otro caso de análisis es que el último presidente no peronista que finalizó su mandato en tiempo y forma fue Marcelo Torcuato de Alvear (foto) en 1928. Lo sucedió Hipólito Yrigoyen, aunque el primer golpe de Estado del siglo XX, en 1930, interrumpió su segundo ejercicio.

   Tras dos años de gobierno militar, el general Agustín Pedro Justo ganó las elecciones de 1932 y se mantuvo hasta 1938, pero no lo tomamos en cuenta para esta observación porque el yrigoyenismo se encontraba proscripto.

   De todos modos, si alguien prefiere a Justo como el último de esta saga, van 80 años sin romper esta suerte de maleficio. No es poco.

   En el 38 ganaron en las urnas Roberto Ortiz y su vice Ramón Castillo. Sin embargo, en 1943 su gobierno constitucional fue eyectado por otro golpe militar (que daría origen al peronismo).

   Desde entonces hasta hoy, sin contar a los mandatarios de facto por razones obvias, ningún civil no peronista pudo llegar al día final de su administración. No lo lograron Frondizi, Illia, Alfonsín ni De la Rúa.

   Algunos sostienen que cuando Alfonsín “resignó” faltaban pocos meses y no hubo golpe, por lo tanto reclaman excluirlo de esta lista. Pero lo concreto es que debió salir antes de la fecha preestablecida.

   Mauricio Macri tiene la posibilidad, y la responsabilidad, de romper esta racha. Son tiempos turbulentos y muchos piden su cabeza. Que este breve repaso por la historia reciente nos dé la perspectiva de lo nefasto que puede resultar otro quiebre institucional.

Foto: Cadena Nueve

La Reforma Universitaria

   Esta semana un grupo de estudiantes de las Escuelas Medias de la UNS participó de la toma del edificio de 11 de Abril al 400, en medio del conflicto entre el gobierno nacional y más de 50 casas de altos estudios del país.

   Su actitud recibió tanto adhesiones como rechazos, y quizás convenga aclarar que quien escribe no comparte esa toma. Según se argumentó, fue para darle mayor visibilidad a la protesta en defensa de la educación pública y gratuita. Reclamo que ya era por demás visible.

   Opiniones al margen, este año Bahía Blanca se sumó a las conmemoraciones por el centenario de la Reforma Universitaria, movimiento estudiantil de 1918 que provocó una serie de cambios en la administración y la enseñanza de las universidades nacionales. Sobre todo, derribó la concepción elitista imperante.

   Los reformistas tenían el respaldo del presidente Yrigoyen, quien había accedido al poder dos años antes en las primeras elecciones libres de Argentina. Es decir, bajo la Ley Sáenz Peña de sufragio universal, secreto y obligatorio (por universal, léase masculino, pero esa es otra discusión).

   El hecho es que aquella rebelión juvenil, que permitió democratizar los claustros y hoy se la celebra en toda América Latina, incluyó tomas de edificios además de duros enfrentamientos con la policía.

   Hace un siglo, el apoyo del radicalismo fue decisivo. Hoy, la UCR forma parte del gobierno que rechazan los manifestantes.