La historia de los sitios donde hoy se levantan dos nuevas playas logísticas
Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com
Si bien la construcción de dos grandes áreas logísticas a orillas del estuario, en Galván y Loma Paraguaya, podría suponer un avance de las actividades humanas sobre tierras sin historia, la realidad indica que ambos sectores están muy ligados al pasado local.
Los dos fueron testigo, hasta hace algunas décadas, de la mayor vinculación entre Bahía Blanca y su entorno marino, algo que hoy sigue siendo una asignatura pendiente para la ciudad.
Conocido como “la playita”, entre los Puertos de Ingeniero White y Galván, una multitud se daba cita cada temporada estival para disfrutar del agua de mar en una época donde las piscinas eran una rareza y donde viajar a Monte Hermoso o Pehuen Co, era un privilegio al que muy pocos podían acceder.
Se trató de una playa modesta, pero de una playa al fin, que permitía mitigar los rigores del verano a pocos kilómetros del centro.
Su historia se inició a fines de la década del '20, cuando las empresas ferroviarias que tenían a su cargo el manejo del área portuaria local, decidieron aumentar la profundidad del canal de acceso al estuario.
Los sedimentos de ese dragado terminaron siendo depositados sobre la línea de costa, en la zona conocida como Cangrejales y un espeso manto de arena y conchilla posibilitó su uso recreativo, en abierta y dura competencia con el balneario Maldonado.
“Tren de la Marea”
Podría decirse que los años de esplendor de “la playita” fueron los comprendidos por las décadas del '50 y del '70, con el “Tren de la Marea” como protagonista indiscutido.
Se trató de una pintoresca formación ferroviaria inicialmente conocida como “Tren Obrero” porque su misión era transportar trabajadores portuarios o de la refinería de la Esso, que cubría el trayecto entre las estaciones Bahía Blanca - Noroeste y Garro.
En algunos fines de semana llegó a circular con más de 20 vagones de madera movidos por una locomotora a vapor.
Sus paradas obligadas eran Teniente Farías, Loma Paraguaya, balneario Colón (con una desviación peatonal hacia "La Alcantarilla"), La Nativa (planta de la Esso), puerto Galván, club de Pesca y "la playita" (kilómetro 11,470). Con frecuencias entre las 6 y las 22.
La escasa profundidad de la playa hacía que los bañistas debieran internarse muchos metros en el mar para que el agua les llegara a la cintura, hasta que el barro les impusiera un límite físico a la aventura de internarse en el estuario.
Y el balneario duró hasta que un nuevo dragado terminó sepultando esa costa poblada de personajes imborrables como Atilio Miglianelli, el "Tarzán" whitense que se divertía haciéndose pasar por bañero o el loco "Patrignani", un interminable nadador y pescador.
Luego, en 1989, a poco más de 10 años de su cierre, las obras de profundización del canal principal a 45 pies le dieron el golpe de gracia, creando con el material del refulado un sector de tierra consolidada que luego permitió la instalación de grandes industrias.
En Loma Paraguaya
Una historia similar se repite en Loma Paraguaya, denominación derivada de “Loma del Paraguayo”, como se conocía un siglo atrás a ese sector en alusión a un pastor de esa nacionalidad cazador de patos y perdices.
Ahora un área de 12 hectáreas esta siendo acondicionada con fines logísticos por el Consorcio de Gestión del Puerto, junto a lo que fue el sitio de emplazamiento de la estación Loma Paraguaya.
La construcción fue levantada para la remoción de lastre y arena de la loma que allí existía.
Para 1930 se la encontraba clausurada para todo tipo de tráfico, con parada solo para los trenes locales, para comodidad de la gente que trabajaba en la usina y la refinería, "La Isaura".
En el sector también funcionó hasta los años '40 una cancha de golf construida por el ferrocarril.