La felicidad del hombre mediocre

10/5/2015 | 00:12 |

Por
Maximiliano Allica

Contéstense a ustedes mismos, con total sinceridad: ¿cuánto les importa, hoy, qué pasó con Nisman? ¿Cuánto les podrá importar la semana que viene, o en junio, o en las vacaciones de invierno, o en agosto el día de las PASO?

¿Cuánto les importa, en lo más íntimo de sus corazones, qué pasó con Boudou y Ciccone? ¿Cuántos de ustedes recuerdan o entienden qué es Ciccone?

¿Cuántas veces en los últimos tres o cuatro años pensaron en el caso Skanska o en la causa por las escuchas ilegales en la ciudad de Buenos Aires?

Más cerca: ¿realmente los sigue conmoviendo la polémica por el Coprotur o el auto oficial que un intendente bahiense le prestó a un colega de otro distrito? ¿Y las sospechas de fraude con tierras a partir del recurso de la usucapión? ¿Usucapión?

Vamos por otro lado. ¿Ustedes creen que la política es la mejor herramienta para transformar la realidad? ¿O piensan que solo transforma la realidad de los políticos?

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No conozco el futuro, pero más o menos estoy informado acerca del presente. Hace algunas semanas empezaron los rumores sobre una serie de cimbronazos que impactarían en el plantel de funcionarios de la Municipalidad.

La renuncia forzada del ahora extitular de la Agencia Urbana Sebastián Serra, sospechado de maniobras que, como mínimo, estarían reñidas con la ética, aparenta ser el comienzo. Un nuevo comienzo.

¿Cuánto les importa que les cuente qué pasó? ¿Cuánto quieren que les diga lo que va a pasar, quiénes serían los próximos... sacudidos? ¿Para qué quieren saberlo? ¿Qué va a pasar cuando les pregunte, dentro de tres o cuatro meses, qué importancia tiene eso hoy en sus vidas?

Voy a empezar contestando algunas cosas yo. Hay un libro de José Ingenieros, "El hombre mediocre". Es una crítica al ciudadano medio, un ataque a las personas sin iniciativa ni pensamiento propio, cuyo sentido común es el que esté de moda. Aquellos hombres que solo se interesan por su ombligo, porque no les da la capacidad para otra cosa.

Una de las paradojas de Ingenieros es que asegura que el hombre mediocre tiene muchas más chances de ser feliz. Entre otras razones, porque no se tiene que preocupar por pensar.

Personalmente, me pregunto si soy feliz. Más importante todavía: si quiero serlo.

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