Bahía Blanca | Viernes, 03 de abril

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Hasta siempre, Candela

"Otro angelito. Algunos vienen de visita", escribió alguien en Facebook. Candela Naomi Montangie, de 4 años, murió ayer luego de una intensa lucha contra el cáncer. Guerrera incansable de la vida, supo desde muy chiquita lo que era el dolor y siguió adelante. Y la peleó. Y a pesar de todo, fue feliz.


Laura Gregorietti/"La Nueva Provincia"









 "Otro angelito. Algunos vienen de visita", escribió alguien en Facebook. Candela Naomi Montangie, de 4 años, murió ayer luego de una intensa lucha contra el cáncer.


 Guerrera incansable de la vida, supo desde muy chiquita lo que era el dolor y siguió adelante. Y la peleó. Y a pesar de todo, fue feliz.


 "Decidió emprender su vuelo y volver a los brazos de quien la envió", dijo su mamá.


 Fue en su última internación, el pasado 21 de septiembre, que Candela empezó a decaer a pasos agigantados luego de haber pasado un tiempo con el cáncer en remisión.


 Y el 4 de octubre, en su diario virtual, su madre se sinceró una vez más: "Sólo se que te amo hija, más de lo que creí... que te dejo la puerta abierta para que puedas salir. ¡No quiero seguir comprobando tu fortaleza, quiero que dejes de sufrir!".


 Se sumaron en la página, los agradecimientos a los profesionales del Hospital Italiano, al centro del doctor Perez Ibañez del Privado del Sur y toda la gente que colaboró para que Candela tuviera una vida mejor, aportando aunque sea unas monedas para el Redondeo Solidario, comprando sus perfuminas o regalándole cosas o hasta un viaje a Cataratas para hacer sus días más placenteros,


 "La vamos a extrañar tanto, que las palabras son pocas. Las lágrimas se secan, no queda en nosotros más que agradecer el gran cariño que recibimos, nosotros y Cande. Por ustedes, logramos todo lo que ella necesitó. Yo puse las palabras, pero ella puso su cuerpito, con ese corazón fuerte, tan fuerte que espero honrarlo hasta encontrarnos y estar pegadas otra vez, en el cielo. Junto a Dios", escribió.


 Pasaron dos años desde aquel octubre de 2011, cuando llegó la peor noticia. Habían pasado sólo 15 días desde que Candela había dejado la teta. Tenía 2 años y moneditas.


 De ahí en adelante, todo fue una lucha: con una obra social injusta e incumplida, con los tiempos que Candela no tenía, con los costos que no se cubrían.


 Y otra vez la solidaridad de la gente. Y el milagro. Y otra vez, la recaída.


 "Los milagros, mis queridos, están en todo nuestro alrededor. Bienaventurados los que logran verlos con los ojos del alma, no sólo con los terrenales. Hay un lugar mas allá, un hermoso lugar donde el dolor, el sufrimiento, los problemas, se derriten como gotas de limón. Allí se hacen realidad los sueños de ver lo mas hermoso que nuestra mente pueda imaginar. El camino, Dios lo marca, sólo lo debemos andar. Cande sueña con ese lugar, mamá también. Allí cuando sea el tiempo, un día, El nos reunirá. Cuando El diga. Mientras, te veo aun dormida, sé que soñamos el mismo sueño, ir hasta allí, hasta donde Dios nos quiere llevar", escribía su madre, días atrás, en un ensayo para su despedida,


 Quedarán por siempre sus besos voladores y los "piojitos invisibles" en el recuerdo de mamá Verónica, papá Gabriel y sus hermanos, Karen y David.


 Quedarán también las enseñanzas de una chiquita que aún en pañales y con el cuerpito cansado, quiso quedarse un tiempo más.


 Quedarán su sonrisa y la prueba en vida de que el Dios que tanto invocó su madre en sus palabras vivió en Candela.


 Quedará la prueba de que los ángeles que el Señor envía a la Tierra están apenas de paso y llegan y se van casi sin aviso y despacio.


 Candela descansa en paz, como en la "plegaria para un niño dormido"...


 "Quizás tenga flores en su ombligo y además en sus dedos que se vuelven pan, barcos de papel sin altamar.


 "Plegaria para el sueño del niño, donde el mundo es un chocolatín. Se ríe el niño dormido, quizás se sienta gorrión, esta vez jugueteando inquieto en los jardines de un lugar que jamás despierto encontrará.


 "Que nadie, nadie, despierte al niño, déjenlo que siga soñando felicidad, destruyendo trapos de lustrar, alejándose de la maldad". (Intérprete; Almendra, autor: Luis Alberto Spinetta).