Para los chicos, alcohol es diversión
A Ezequiel E. le dicen "Pancho". Vive en el barrio Universitario, terminó la secundaria en un colegio privado y piensa estudiar profesorado de Historia en la UNS.
Un chico criado y educado, como quien dice, por padres muy presentes, que siempre lo siguieron de cerca.
Claro que "Pancho" no escapa a la regla actual de los jóvenes, la de las "previas" de los fines de semana, cuando suelen juntarse en una casa a esperar el horario del boliche, mientras beben alcohol.
"¿Dónde nos juntamos? Casi siempre en casa y mis padres están por allí. Saben que es algo instalado. Eso sí: nadie debe salirse de los límites", advierte.
Leonardo C. tiene 16, vive con su abuela y, si aprueba varias materias que le quedaron pendientes para diciembre, pasará de año en una Escuela Técnica.
Fanático de la cumbia, suele rondar por los boliches Bailotage, Samsara o Don Perignon y, como allí es prácticamente imposible consumir por los elevados precios de la bebida, según advierte, las "previas" también forman parte de su vida.
"No es necesario juntarse en una casa. A veces vamos tomando camino al baile o, simplemente, nos quedamos en alguna plaza", cuenta, sin quitarse su gorra blanca.
Las "previas" no conocen clases sociales y mucho menos géneros, porque, a esta altura, tal cual lo indicó a "La Nueva Provincia" el emergentólogo Nicolás Muñoz Cruzado, en las guardias médicas se ve igual cantidad de varones que mujeres en estado de alcoholismo agudo. Inconscientes.
El tiempo que los adolescentes transcurren bebiendo puede variar, aunque lo más común es juntarse tipo 11 de la noche y prolongar la reunión hasta pasada la 1, cuando parten rumbo a algún local nocturno.
La "calidad" de lo que ingieren depende del dinero con que cada uno cuente en su bolsillo, aunque, para abaratar costos, es muy común la mezcla de vino tetra con alguna gaseosa cola, de bajo precio. A ese combo lo denominan "jote".
De cualquier manera, el daño que provoca el alcohol en el organismo no distingue marcas ni tipos de bebidas.
Pocos negocios, más allá de los más grandes o conocidos, exigen documentos para expender bebidas a menores.
"Entro al negocio del barrio, saco lo que voy a consumir de la heladera, pago y me voy", cuenta Joaquín A., también alumno de una Técnica, y dice que jamás se le negó la compra.
Mientras algunos psicólogos opinan que estas nuevas conductas forman parte de un cambio de generación, desde el municipio bahiense se dijo que las familias deben asumir un rol preponderante y acompañar a los jóvenes, escucharlos.
En tanto, el propio ministro de Salud provincial, doctor Alejandro Collia, admitió un déficit por parte del Estado en el manejo de esta problemática.
¿Pero qué piensan los adolescentes? ¿Por qué necesitan estimularse con bebidas alcohólicas antes de salir a bailar? ¿Son conscientes de los daños que les genera en el organismo, más allá de otros riesgos colaterales, como la posibilidad de accidentes viales?
En un diálogo abierto con jóvenes de distintos puntos de la ciudad, la conclusión saltó a la vista casi de inmediato: sin alcohol no hay salida ni diversión que valga.
Para Nicole L., de 17, de la zona de la delegación Norte, es "obvio" que habrá bebida en la "previa".
"Pero mientras tomamos hacemos otras cosas. Jugamos a las cartas, por ejemplo. Vas tomando sin darte cuenta y, claro, a veces se pierde el límite", admite.
Julián I., futuro estudiante de Medicina, se confiesa tímido; por eso, asume que el alcohol lo ayuda a desinhibirse. De hecho, reconoce que con alguna copa encima le cuesta mucho menos "encarar" a una chica.
"Si no hay alcohol, no hay tanta alegría. Sería como estar con mis compañeros en una clase de historia, a las 7 de la mañana", compara y asegura que, "entonado", le causan gracia situaciones que, de otra manera, sería imposible.
"Genera humor, excitación y expectativa. Con dos cervezas ya me siento alegre y aumentan mis ganas de salir a divertirme", confidencia "Pancho".
"Te pinta el cararrota", define Maximiliano T., de 17 años, también alumno de una Técnica.
Para Agustín G., de Villa Floresta, tomar no siempre significa estar borracho, sino "relajarse para pasar un buen momento".
"Los adolescentes necesitamos tomar para llamar la atención y para perder la timidez. Sé los riesgos que ocasiona, pero es algo que comparto con amigos y, la verdad, a la hora de tomar no se piensa en los daños que el alcohol provoca", dice Nadia P., de un barrio cercano.
Deliverys. Nicole agrega un dato que ya no puede negarse: existen "deliverys" que llevan alcohol a los domicilios.
"Una noche queríamos conseguir fernet y, a través del Facebook, llamamos a un pibe que llegó en motito con el pedido. Era más de la 1 de la madrugada", recuerda.
Ezequiel G., junto a sus amigos, también suele llamar al delivery, aunque aclara que los precios se duplican.
A Nicole le da cierta libertad tener un quincho separado de su casa, donde suele juntarse con amigos.
"Mis viejos nunca me vieron borracha y me tienen confianza. Además, como vivo lejos, si son las 7 y no llegué me mandan un mensaje", cuenta.
Joaquín dice que muchas veces va tomando mientras camina con sus amigos rumbo al destino y que el mayor inconveniente lo ha sufrido cuando lo interceptó algún policía.
"Es terrible ver cómo tiran la bebida al piso ¡en tu propia cara...! Ni hablar si es costosa, como el Gancia", señala.
Para "Maxi", los precios de los boliches son prohibitivos.
"El vaso chiquito de tequila cuesta 10 pesos y un litro de cerveza, en el kiosco, 12. Tendría que salir con mucho dinero para `entonarme' adentro", comenta.
Esteban S., de Santa Margarita, dijo estar en desacuerdo con los test que piensa implementar la Provincia en el acceso a los boliches.
"Si estamos borrachos no nos dejarán entrar, pero resulta que adentro el vaso de cerveza cuesta 20 pesos", se quejó.
Preocupante
152
pacientes, en su mayoría de una franja que va de los 17 a los 24 años, ingresaron este año, hasta el jueves último, a la guardia del Hospital Municipal en estado de alcoholismo agudo. La cifra es significativamente mayor que la de 2011 --cuando durante todo el año llegó a 113 casos-- y 2010, en que se registraron 135 en total. Fuentes del sanatorio indicaron que en las últimas semanas se incrementó la cifra de ingresos de chicos de 13 y 14 años. Asimismo, debido a que diciembre es época de festejos, no descartan un nuevo pico de internaciones, las cuales se extienden hasta que termine el efecto del alcohol.
Experiencias dignas de dejar en el olvido
Varones y mujeres parecen estar en su "salsa" en medio de la entrevista y se explayan con una naturalidad que asombra.
Ríen, matizan con anécdotas y utilizan términos específicos. "Jote", por ejemplo, es el más repetido.
--¿Conocen el límite entre "alegría" y borrachera?
"Pancho": --Es difícil. Algunas noches me extralimito y otras, estoy más tranquilo, pero hay un momento en que, de un vaso al otro, todo se da vuelta y pierdo la noción de cuánto tomé. En realidad, el estar sentado invita a seguir tomando.
--¿Alguna vez tuvieron una mala experiencia con el alcohol?
Julián: --Me pasó algo desagradable en Monte Hermoso. Me excedí y pagué las consecuencias, no sólo porque me tuvieron que llevar entre todos a la casa donde veraneaba, sino porque mis padres se enteraron y se rompió la confianza. Me costó recomponerla.
Nicole: --Me pasó bastante parecido y me cuidaron mis amigas. Al día siguiente me sentí re-mal.
--¿A las "previas" cada uno lleva su bebida o se divide la compra?
Leonardo: --Depende. Por lo general juntamos la plata y compramos hasta donde alcance.
Julián: --Cada uno lleva lo que piensa tomar.
Maxi: --Como sea. Lo importante es juntarse, comer una picada y tomar algo. Eso sí: no adentro del boliche, porque te "arrancan la cabeza" con los precios.
--¿Les atrae una chica borracha?
Maxi: --¡No! Me resulta muy bizarro.
Joaquín: --Me he tenido que correr para que no me vomiten en la cara. No me gusta, salgo corriendo. Creo que las mujeres son peores que nosotros, no les importa nada.
"Pancho": --No me deja de atraer alguien porque tome de más. Creo que no se puede juzgar de esa manera a una persona.
--¿Conocen los riesgos que implica beber en exceso?
Maxi: --Genera violencia. Hay gente que se va a divertir y con que uno solo esté borracho, pueden generarse problemas. Además, el alcohol lleva a consumir drogas.
La cara opuesta
Gastón G., Martín C., Mauro C., Martín G. y Matías S. parecen la excepción.
"No creo que sea necesario tomar alcohol antes de salir, ya que puedo divertirme sobrio", señala Gastón. Y Mauro agrega: "Creo que muchos toman para sentirse superiores o graciosos. Yo no lo necesito".
"En casa prácticamente no se habla del tema, porque mis padres saben que no bebo bajo ninguna circunstancia", cuenta Martín García.
Matías remata: "Los adolescentes quieren salir `enfiestados'. Yo no le veo la gracia".