Otro intento para cerrar un acuerdo con el Club de París
Junio está cerca de finalizar y nuevamente los plazos que se habían previsto para arreglar la deuda en default con el Club de París fueron incumplidos. En noviembre, cuando la presidenta Cristina Kirchner anunció que los países acreedores habían aceptado negociar sin la intervención del FMI se dijo que el cierre del acuerdo sería este mes. Amado Boudou aseguró en una reunión con banqueros que no se habían suspendido las negociaciones y ahora arriesgó que todo estará solucionado para fin de año.
La apuesta oficial es, por lo tanto, que la presidenta termine su actual mandato habiendo cerrado definitivamente el capítulo del default argentino, justo diez años después de que Adolfo Rodríguez Saá declarara la cesación de pagos, ante la ovación de un desorientado Congreso en diciembre de 2001.
Aún no se terminó de acordar un aspecto clave del asunto que es el monto de la deuda que debe ser refinanciada. En las cifras de la secretaría de Finanzas se habla de 6.500 millones de dólares, pero la conciliación efectuada entre los técnicos del Club de París y los representantes del ministerio de Economía arrojó un número superior a los 8.500 millones de dólares, incluyendo intereses vencidos y punitorios.
El primer intento por arreglar esta deuda impaga viene de septiembre de 2008, cuando la presidenta anunció en Nueva York la intención de pagar con reservas internacionales, tal como se había efectuado con el Fondo. Claro que la crisis financiera internacional hizo que se desistiera rápidamente de esta idea. El gobierno se concentró desde entonces en asegurarse la caja, primero estatizando el sistema previsional y luego echando mano a las reservas del BCRA para pagar los vencimientos.
Un arreglo con el Club de París no pasa, en realidad, por subsanar una herida que aún tiene abierta la Argentina de cara a la comunidad financiera internacional. Se trata, en realidad, de una estricta necesidad, que consiste en recuperar el acceso al mercado de deuda.
El apoyo de la Argentina a la candidatura de Christine Lagarde para manejar el FMI se inscribe dentro de esa estrategia. La ministra de Economía francesa está bien interiorizada de las idas y vueltas del gobierno para arreglar con el Club de París y nunca llegó a tener buena sintonía con la Casa Rosada. Fue una de las pocas funcionarias del G-7 que asistió a la asunción de Cristina en 2007 y mantuvo, incluso, una reunión el ministro de Economía de entonces, Martín Lousteau. Con Boudou, en cambio, tuvo un par de encuentros durante las reuniones de ministros G-20, pero que no llegaron a tener mayor relevancia.
En su doble de rol de futura directora gerente del Fondo y ex funcionaria de alto rango en Francia, ella podría ser clave para darle un empujón final a las negociaciones.
El 2012 es una año particularmente complicado en materia de vencimientos, pero tanto el actual gobierno como la oposición están comprometidos a cumplir con los pagos. Si algo aprendió la clase política de la crisis es que el default es un pésimo negocio para todo el mundo.
El volumen de deuda que vence el año próximo asciende a 18.000 millones de dólares, sin contar lo que se acuerde pagar anualmente al Club de París, lo que podría elevar ese monto total a u$s 20.000 millones.
Si bien la cifra luce alta, y efectivamente lo es, hay algunos puntos que juegan a favor. El más importante es que la deuda intrasector público es cada vez más voluminosa. Por lo tanto, aquellos títulos que están en poder del Banco Central o la ANSES serán refinanciados sin mayores esfuerzos. Otro aspecto que genera alivio es que organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial, tienen otra porción de esos vencimientos, con lo que no tendrían mayores problemas para otorgar nuevos créditos que al menos compensen las cancelaciones de la Argentina.
Pero aún con estas ayudas, sería necesario conseguir en los mercados no menos de 5.000 millones de dólares. De lo contrario, será necesario seguir utilizando reservas del Banco Central, algo que podría resultar peligroso, teniendo en cuenta que éste será el primer año desde 2002 en el que no habrá un crecimiento neto.
Pese a que el saldo de la balanza comercial se mantiene en torno a los 10.000 millones de dólares --gracias a la soja y a las restricciones a las importaciones-- la fuga de capitales impedirá que este año se sigan acumulando reservas. Se trata, junto al deterioro del superávit comercial, de otro de los pilares que desaparece de la gestión kirchnerista.
¿Un acuerdo con el Club de París abriría la puerta de los mercados de par en par para la Argentina? Nada indica que esto vaya a suceder, al menos de esta manera lineal. El deterioro de los bonos y la suba del riesgo país nuevamente por encima de los 600 puntos básicos que se produjo en las últimas semanas es elocuente.
Una parte de este aumento en la percepción de riesgo vinculada a la Argentina es culpa de la crisis griega que contagia a los emergentes, pero sobre todo se relaciona con la incertidumbre del proceso electoral y, sobre todo, vinculado a cuál será el rumbo que adoptará el gobierno (ya sea una nueva gestión del oficialismo o la oposición) en 2012.
Un dato significativo es que otros países de la región, como Brasil, Chile o Uruguay, prácticamente no sufrieron un deterioro por la crisis de deuda griega y los niveles de riesgo país en todos estos casos no supera los 200 puntos básicos. La Argentina los triplica.
La creciente salida de capitales (no baja de los 1.500 millones de dólares mensuales), la dolarización de portafolios y el deterioro de los bonos son parte del mismo fenómeno. La incertidumbre preelectoral y las dudas por la dirección de la futura política económica seguirán incidiendo en los próximos meses.
Hacia adelante, no hay demasiados misterios sobre la agenda que debería encarar el nuevo gobierno: arreglo del INDEC, lucha contra la inflación, desarmar la maraña de subsidios, comenzar a sincerar las tarifas de servicios públicos y replantear la política cambiaria son sólo algunos de los temas pendientes. Pero a esta altura pocos creen que si el kirchnerismo repite, esté dispuesto a encararlos.