Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Roberto Reina, un guitarrista con historia

No cualquier músico acredita medio siglo de vida junto a una guitarra. Es el caso del guitarrista puntaltense Roberto Reina, quien con 55 años de edad se aferra más que nunca al instrumento con curvas femeninas, su acompañante de casi toda la vida. Si uno saca la cuenta quiere decir que empezó a rasguñar bordonas a los cinco años. Efectivamente, los profesores Daniel Goñi, Carlos Saconne y Jorge Moyano --este último padre del inolvidable baterista Saúl, trágicamente fallecido a los 18 años-- hicieron de Roberto Reina, un guitarrista de fuste.




  No cualquier músico acredita medio siglo de vida junto a una guitarra. Es el caso del guitarrista puntaltense Roberto Reina, quien con 55 años de edad se aferra más que nunca al instrumento con curvas femeninas, su acompañante de casi toda la vida.


 Si uno saca la cuenta quiere decir que empezó a rasguñar bordonas a los cinco años. Efectivamente, los profesores Daniel Goñi, Carlos Saconne y Jorge Moyano --este último padre del inolvidable baterista Saúl, trágicamente fallecido a los 18 años-- hicieron de Roberto Reina, un guitarrista de fuste.


 Durante la adolescencia le picó el bichito de aquellos ritmos beat y rockeros, pero cantados en castellano y después de ver una película con sus amigos decidió que era tiempo de armar un conjunto, como solía denominarse a las bandas musicales en los 70 del siglo pasado.


 Eso ocurrió cuando tenía 14 años y la película era "El extraño de pelo largo", una producción en consonancia con la música de moda, que en este caso correspondía a un hit, la canción homónima, interpretada por La Joven Guardia, una agrupación en la que sobresalía Roque Narvaja.


 Los roles protagónicos correspondían a la bella Liliana Caldini, Diana Maggi y Litto Nebbia, quien cosechó fama y admiración en el rock nacional y no precisamente en el séptimo arte.


 Los amigos cinéfilos eran Eduardo "Manzana Anabitarte", Ariel Tucci, Roberto Azzaretti. Ellos y un par de vecinos animosos, una especie de "pesada" del incipiente rock local, se juntaron para despuntar el vicio de la música y los escenarios.


 Para ello, Reina, en su extensa charla con "La Nueva Provincia" sobre su carrera musical, comentó que contaba con una nunca bien ponderada guitarra Fratti y un equipo Robertone comprado por su padre.

Los K57 y Alacrán. Con más edad y más cancha, pasó a integrar una agrupación consolidada en el circuito de bailes en asociaciones y clubes, Los Diamantes, y posteriormente pasó a otro muy recordado grupo, gracias a cuya música bailaron tantos jóvenes, muchos de ellos hoy abuelos, en tablados del centro, de los barrios, y de la zona, Los K57.




 "Tuve el placer de tocar con `Pato` Fernández, `Perico` Miselli --un mago de los parches y la percusión--, `Chiche` Salinas y Gregorio Nievas, tipos que tocaban como nadie la música tropical", manifestó Reina.


 "Ahí me dí cuenta de que ese swing era el que usaba Carlos Santana para tocar. Esas eran la bases y los músicos eran excelentes", agregó.


 Pero, parafraseando a una canción de Antonio Birabent, el hijo de Moris, "el rock es más fuerte", allá por el 72 o el 73 formó la primera banda de rock de Punta Alta y alrededores, Alacrán.


 Toda una cofradía del solar local de entonces con nombres hoy míticos, como los de Carlos "Cuchu" Santamaría; "Vinchuca" González; los internacionales Rubén Ferrari y Luis "Indio" Mayol; el pianista Víctor Volpe; Daniel Soler; "Cachito" Miranda; "Bubby" Rebull, Raúl "Negro" Ifrán; "El Ruso" Maier; "Pinky" Fernández, y alguien que desde la logística, además de la música, hizo mucho por los rockeros, "El Gordo" Olguín, recientemente fallecido.


 "Con ellos comencé a escuchar rock nacional y a bandas inglesas que hicieron un quiebre en mi vida. Y a ver decenas de veces el festival de Woodstock (NdeR: festival de rock multitudinario desarrollado del 15 hasta la madrugada del 18 de agosto de 1969, en la granja de Bethel New York. Su filmación devino película de culto)", comentó.


  Alternando períodos muy intensos con otros de inactividad, Reina hizo su aporte en diversas bandas de rock y de blues. A fines de los 90 hizo lo propio con La Roca, junto a Luis "Kappy" Sánchez, Roberto Britos y Julio Lindner, luego suplantado por Gabriel Oliver y también tocó junto al "Chino Benítez".


 "Ultimamente me interesa más la técnica, yeites más rápidos, algo que nunca me había sucedido. Mi hijo de 16 años toca la guitarra y eso me exige un poco más", aseveró.


 Se reserva empero un lujo que no pocos músicos locales envidian sanamente. Cada visita a nuestro país, y a nuestra ciudad, del "Indio" Mayol como solista o con la mundialmente conocida "La Vargas", tiene un lugar reservado para el acompañamiento o algún solo.


 Prueba de ello fue el par de recitales memorables ofrecidos por ambos juntos a Anabitarte y al joven baterista Daniel "Negro" Garcés en la confitería Pyrámide en 2010, que todos esperan se repitan en el futuro cercano.


 Elena, su compañera incondicional en la vida, en la música, en la fotografía y la escritura--sus otras dos pasiones-- le regaló un violín cuando cumplió 50 años y le instauró un gran desafío, ya no el de rasgar cuerdas sino el de frotarlas con un arco. Ello lo llevó hacia otros vientos musicales, entre los que afloró con fuerza Astor Piazzolla.


 Orgulloso abuelo de su nieta Indiana, y junto a su familia, además de tantos amigos ganados en interminables sesiones musicales, algunos de la talla del citado Lito Nebbia, Machi y el flaco Luis Spinetta, por citar tan sólo algunos, aseguró finalmente ser feliz con el arte de la melodía y el ritmo.


 "La música es algo que se prende en uno. Inconscientemente. Se hace carne, se mimetiza. Es imposible deshacerse de ella", sentenció.