El balneario que nunca fue
En una muy calurosa jornada de enero del 2004, un descendiente directo de Charles Darwin, a la sazón émulo suyo pues se encontraba por estos pagos siguiendo el mismo derrotero que su tatarabuelo naturalista había seguido por todo el mundo, incluyendo esta zona, visitó tres lugares de nuestro partido.
Esa inolvidable excursión, para la que me habían encomendado el servicio de interpretación, era comandada por quien luego sería el director de Cultura de nuestro municipio, Fernando Quiroga y contaba con un chofer de lujo, la doctora Teresa Manera de Bianco.
El visitante británico quería conocer las pisadas prehistóricas que su ancestro nunca conoció. Sí, en cambio, pudo estar en un sector de barrancas, entre Pehuen Co y la Base de Infantería de Marina Baterías.
Un paraje mencionado en el diario de viajes de Charles Darwin en el que, en 1832, la tripulación del Beagle, el barco que los transportaba, debió desembarcar por una terrible sudestada. En él pasaron, literalmente, hambre.
Para llegar allí, debimos pasar por uno de los sitios más hermosos de nuestra costa rosaleña, Las Rocas. Que el creador de la teoría de la evolución de la especies sí conoció.
El inglés Julián, tal su nombre de pila, quedó maravillado ante la vista, la exuberancia del mar golpeando las piedras y la riqueza de animales marinos que pululaban debajo de los pliegues rocosos, al alcance de la mano. Músculos, mejillones, cangrejos, pulpitos, caracoles...
No podía creer que no hubiera camino alguno que llegara allí ni que nadie hubiera intentado crear un balneario. No sabía --no sabíamos muchos en verdad -- que sí había habido un interés real por ello.
El martes 24 de febrero de 1942, el periódico La Comuna, anunciaba, en uno de sus titulados, "Es probable la instalación de un balneario en Las Rocas".
"Nos llega la información de que se están haciendo trabajos para la fundación de un balneario en el punto denominado Las Rocas, situado a pocos kilómetros de nuestra ciudad, pasando las Baterías", comenzaba la nota.
"A tal efecto, se reanundarán los trabajos de arreglo del camino que une ésta con dicho punto, debiéndose recordar que este trabajo de vialidad ha sido iniciado hace poco más de dos años quedando después paralizado por causas que desconocemos", expresaba luego.
Indicaba el artículo de marras que la Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires "tendrá a su cargo esta labor y, en cuanto podamos concretar la información, nos será grato volver a ocuparnos del asunto".
Se comentaba entonces que había gente interesada en la realización de la obra, puesto que se trataba de un hecho auspicioso que, por supuesto, habría de causar mucha satisfacción entre nuestro vecindario.
El párrafo que cerraba la nota aseguraba que el periódico podía adelantar que "el gobierno provincial está dispuesto a que esta iniciativa se vea convertida lo antes posible en realidad".
Pero como reza el dicho popular, el hombre propone y Dios dispone. Sólo el Altísimo ha de saber los motivos por los cuales este emprendimiento fue abortado.
Tres meses después, el viernes 31 de julio, el mismo medio gráfico titulaba: "El proyectado balneario en Punta Tejada - Se hace necesario activar las gestiones para su creación".
Primeramente el texto aludía a la nota anterior, acerca del propósito de crear "un balneario en Punta Tejada, en las inmediaciones del punto conocido por Las Rocas".
"... El propio jefe de la comuna, ingeniero Aguilar, confirmó aquel propósito (...) de construcción de un balneario marítimo municipal en Punta Tejada, a 29 kilómetros de Punta Alta, y para el cual ya existían estudios, habiéndose fijado el paraje y que en cuanto al camino de acceso, él saldría de nuestra ciudad", decía en uno de sus párrafos.
El proyecto de urbanización en la playa y sus contornos contemplaba la construcción de una rambla, un hotel y demás instalaciones. La iniciativa, empero, se hallaba trabada en la Dirección de Vialidad Provincial.
Aguilar estaba convencido de que "únicamente en Punta Tejada se podrá crear un verdadero balneario y no un bañadero, para Bahía Blanca y su zona", y agregaba que los miembros del Concejo Deliberante estaban dispuestos a prestar su decidida cooperación para que tan bello anhelo se llevara a la realidad.
Los motivos por los cuales nunca se concretó el proyecto son desconocidos. Se pierden en los recovecos del jardín de los senderos que se bifurcan, como le gustaba decir a Borges. O en el oscuro y hondísimo pozo adonde el mago Gandalf derrotó al monstruoso Balrog, de la fantasía del británico Tolkien.
O, lo que es casi lo mismo, en los vericuetos burocráticos --quizás en algún cajón-- de nuestros siempre bienintencionados legisladores.