Veinte años detrás de las bandejas
Cuando tenía dos años y apenas podía caminar, Carlos Praticco le indicaba a su madre sobre qué tema del vinilo debía apoyar la púa del combinado musical (mueble de madera que incluía radio AM y una bandeja para pasar discos).
Ya en su adolescencia, formó un dúo de disc jockeys junto a su amigo Alejandro Di Giglio.
"En aquella época se trabajaba con cassettes y algo de vinilo", recordó el "Negro".
Luego de tocar para sus amigos en fiestas y clubes, buscaron aterrizar en Monte Hermoso, con todo su material. Fue cuando inauguraron lo que más tarde se llamaría matinée.
"Logramos divertir a un segmento de chicos que no tenía dónde salir a bailar", reconoció.
El tiempo pasó, llegó 1987 y logró ingresar a la discoteca John John, de Zapiola al 400. Finalmente, dos años más tarde concretó su relación con Chocolate, boliche en el que aún continúa trabajando.
El "Negro" Praticco vivió rodeado de discos, cassettes y parlantes. Hace más de 20 años que está ligado a la música local, lo que lo convierte en un símbolo del disc jockey bahiense.
"Siempre intenté imprimirle mi estilo a la noche local. Busqué adaptar los cambios a los nuevos tiempos y al sentir de la gente", aseguró.
Esos 10 minutos mágicos
Llevar los auriculares a sus orejas, agachar la cabeza y pasar música no significa un trabajo complicado. Pero si a eso se le agrega que a la gente hay que saberla llevar entre tema y tema para que se quede en el lugar toda la noche, el panorama es diferente.
Es por esa razón que para ser disc jockey se necesita mucho más que buena música enganchada.
"Hay que tener en cuenta que Bahía Blanca es especial con sus gustos musicales. Además, cuando abrís la boca, hay que saber qué decir y cómo hacerlo, en el momento justo. Eso es lo que toda la vida traté de lograr", explicó.
La idea de Praticco fue asociar las siguientes características dentro de la cabina: técnica, animación y diálogo.
"Algo fundamental a la hora de elegir un tema es saber en qué grado de diversión se encuentra la gente en ese instante", continuó.
"Podés lograr esos 10 minutos mágicos, pero corrés el riesgo de que la gente se aburra y se vaya. Hay que poner y sacar fichas continuamente, es como un juego", concluyó.
Bahía, analizada desde la cabina
El trabajo del "Negro" Praticco le permitió analizar a la gente local que concurrió a Chocolate durante dos décadas: finales de los 80', todos los '90 y principios del 2000.
Durante ese recorrido sacó algunas conclusiones con respecto a los cambios que los nocheros fueron demostrando.
"En los '80, el bahiense se lucía en cuanto a los gustos musicales. Escuchaba música que quizás no era bailable pero, aún así, lo intentaba. Era una conjunción estética", consideró.
Ya en la última década del siglo XX, para él la cosa comenzó a cambiar.
"Ingresaron el tecno y el new beat. Me tocó llevarlos de la mano. Una banda modelo era Depeche Mode, entre otras. Cambió la postura de la gente de Bahía. Fue la primera puerta hacia la electrónica. Eso sí, el rock-pop nunca dejó de sonar", recordó.
En ese momento, fue cuando Praticco comenzó a darse cuenta de que el cambio también llegó a través de la vestimenta.
"Muchos comenzaron a vestirse de negro, a pintarse y a hacerse esos raros peinados nuevos, como dice Charly García", expresó.
Según su interpretación, la decadencia llegó sobre el final de los `90, con la aparición de la cumbia en las discotecas.
"Uno se tuvo que acomodar. Para mantener la pista llena debió incluir esos productos", finalizó.
Un aplauso
"Cuando en la década de 1990 los Guns N' Roses quemaron una bandera argentina, yo paré la música y rompí un disco de vinilo. Fueron 60 segundos en que nadie dijo nada y luego todos me aplaudieron".