Emociones encendidas

19/12/2021 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Desde hace unos días el paisaje se fue alterando; predominan las tonalidades verdes, rojas y los infaltables destellos dorados y plateados. Pinos, muérdagos, bolas, guirnaldas por doquier y aunque en este hemisferio es verano, la decoración emula nieve y renos. 

   Con la creencia vigente sobre la existencia de Papá Noel, los más pequeños hacen sus listas de regalos y pedidos; la mayoría se presta a celebrar la Navidad.

   Es una fecha compleja a la que se le adiciona una pandemia que sacudió y sacude al mundo, en la que las distancias se ven profundizadas, las ausencias acentuadas y las pérdidas intensifican lo traumático.

   El clima festivo, familiar, divertido, alegre, se entremezcla con la nostalgia, la tristeza, el dolor y también con el estrés por otro año que pronto culmina. Las luces de los árboles navideños y las decoraciones se encienden, nuestras emociones también.

   Desde la Psicología comprobamos una vez más que esta etapa y esta fiesta a veces no es fácil de transitar. Así como llegan saludos, mensajes, buenos deseos y muestras de afecto, también se potencian emociones por todo lo vivido y también porque sabemos que hay abrazos que en esta fiesta ya no llegarán.

   No hay una fórmula, cada uno la vive como pude pero prevalece un mandato colectivo en el que debe ser una fecha plena de alegría y felicidad, sin embargo hay ansiedad, nostalgia, una especie de locura para llegar con la cena organizada y algunos regalos para repartir.

   Tal vez la lista de lo infaltable deba contemplar la posibilidad de dedicar un tiempo para registrar esas emociones, para ponerle nombre y hasta descripciones a cómo nos sentimos y por qué y no sean meros de días de vértigo en el que se vive como en un estado de “olla a presión”.

   También la lista puede dividirse entre lo importante y lo trivial, lo urgente y lo postergable, lo interesante y lo fugaz; a veces catalogar vivencias, emociones, personas y circunstancias nos da una perspectiva diferente y se le atribuye a cada cosa su verdadero valor.

   Siempre aliento la escritura pues no se requiere de creatividad o gran inventiva, menos aún de ciertos recursos estilísticos para lanzarse a la tarea. Tampoco es necesario tener la maestría de escribir novelas o historias, solo es necesario tener la valentía de bucear en las propias emociones para comenzar a desenredar esa madeja que todos poseemos y que en estos días pareciera más densa.

   Registrar y expresar en la intimidad de la escritura lo negativo, aquello que nos duele y hasta marca un antes y un después es una forma de catarsis y también de visualizar soluciones, especialmente en esta fecha en la que los replanteos y balances siempre surgen. 

   Es un año complejo, todavía hay incertidumbre y las emociones que parecían estar en un estado de letargo se encienden a la par de las guirnaldas, destellan sensaciones y es todo un desafío poder gestionar esos estados. Las fiestas son propicias para el encuentro, pero en esta ocasión para entendernos y respetarnos, deseos propios y ajenos debieran poder conjugarse. ¡Feliz Navidad!

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