Inclusión y tecnología: estudiantes de Puan crean una impresora Braille que usa cera depilatoria
El dispositivo reemplaza los golpes mecánicos para marcar el papel que utilizan otros aparatos de este tipo, y su fabricación cuesta 10 veces menos.
Alumnos de la Escuela Técnica N° 1 de Puan vienen trabajando en un proyecto que generó un salto tecnológico, ecológico e inclusivo, al desarrollar una impresora 3D que funciona con cera caliente en vez de plástico y que cuesta tan solo un 10% del valor de otros aparatos de su tipo.
El proyecto Points de Cire —puntos de cera, en francés— contempla el desarrollo y la creación de una impresora Braille silenciosa y de bajo costo. Fue construida mediante el reciclaje de basura electrónica y se controla mediante una placa Arduino.
La iniciativa es llevada a cabo por estudiantes de 5° año de la Tecnicatura en Informática Profesional y Personal, y desde un principio viene recibiendo premios y menciones especiales en cada lugar en que es presentada. Los alumnos son Gerónimo Purretta, Julieta Marcolin, Magalí Rodríguez, Jazmín Peters y Fermina Camor.
La impresora contempla una cuestión fundamental en este tipo de escritura e impresión: bajar los costos que supone el uso de plástico y, además, disminuir el ruido que genera cuando trabaja. Por ello, se ideó para que utilice cera caliente y no realice impactos mecánicos.
El planteo de los alumnos y el equipo docente fue muy sencillo: construir una impresora Braille que elimine esos golpes y los reemplace por un sistema térmico que deposite pequeñas gotas de cera sobre papel común.
Así, el dispositivo descarta los martillos mecánicos tradicionales y utiliza un cabezal térmico que deposita gotas de cera depilatoria sobre papel común a 135 °C; estas se solidifican al instante y forman puntos en relieve legibles y resistentes.
"De esta forma se pueden obtener puntos Braille legibles, reducir el ruido durante la impresión y disminuir los costos de fabricación", señala el proyecto.
Por si fuera poco, el equipo fue construido utilizando componentes electrónicos reciclados y software libre.
Para el desarrollo del equipo, los alumnos debieron analizar no solo cuestiones técnicas, sino que debieron interiorizarse de las necesidades reales de quienes utilizan estos aparatos. Para ello se llevaron a cabo distintas reuniones con docentes y estudiantes de la Escuela Especial N° 501 y con directivos de bibliotecas Braille de Bahía Blanca y La Plata.
"Hicimos distintas pruebas y concluimos en que la cera depilatoria era la que más se adecuaba a nuestras necesidades —cuentan—. Luego construimos el prototipo utilizando componentes reciclados y realizamos diferentes pruebas hasta obtener una impresión Braille funcional y silenciosa".
A partir de este método y con cera depilatoria, las pruebas demostraron que el sistema puede imprimir puntos Braille legibles con un funcionamiento casi silencioso. También se están desarrollando pruebas con otras ceras, para sumar nuevas posibilidades.
"Además, utiliza materiales económicos y papel común, lo que reduce considerablemente el costo respecto de las impresoras comerciales", indicaron.
El producto final combina el reciclaje de componentes electrónicos con software libre, ofreciendo una alternativa accesible, silenciosa y fácil de replicar en instituciones educativas. La diferencia en dinero es monstruosa: se necesitan entre $200.000 y $300.000 para construir una, cuando una impresora Braille cuesta diez veces más.
Además, el proyecto busca obtener un reconocimiento a nivel nacional: ya superó las instancias previas y representará a la provincia de Buenos Aires en la Feria Nacional de Educación, Artes, Ciencias y Tecnología, que se desarrollará a fin de noviembre en Córdoba.
¿Cómo funciona?
La impresora deposita pequeñas gotas de cera sobre papel común para formar los puntos del sistema Braille.
La cera se funde a una temperatura controlada y se enfría rápidamente con un ventilador, creando un relieve resistente y fácil de leer al tacto.
El proyecto busca promover la inclusión de las personas con discapacidad visual ofreciendo una alternativa accesible, económica y silenciosa.
También demuestra que es posible desarrollar tecnología con impacto social desde una escuela técnica, reutilizando materiales y fomentando la innovación.