¿Giro diplomático o presión estratégica? la visión de un experto bahiense sobre Malvinas
“Que la comunidad internacional ponga el foco sobre las islas siempre es un avance para la posición argentina. Por el contexto, el hecho es muy relevante”, dijo Marcos G. Fernández Peña, quien es investigador y docente de la UNS.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
La disputa por las Islas Malvinas regresó —en los últimos días— al debate internacional bajo una nueva luz geopolítica.
Primero porque, según el diario The Telegraph, altos funcionarios del Pentágono estudiaban usar la cuestión Malvinas para forzar al primer ministro Andy Burnham a elevar la inversión hasta el 5 % del Producto Bruto Interno (PBI), tal como exige la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para destinarlo a gastos de índole militar.
Luego, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo que no descarta volver a analizar la visión de su país respecto de las Islas Malvinas. “Siempre reviso todas las posturas. Esta es solo una de muchas”, dijo ante periodistas en el Despacho Oval cuando se le preguntó por la soberanía del archipiélago. Y, más tarde, el presidente Javier Milei anunció —por cadena nacional— la construcción de una base naval en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y sanciones a las petroleras, y proveedores, que operen en Malvinas (aplicando la ley N° 26.659, de Hidrocarburos).
“Como primera medida hay que decir que es netamente positivo que, otra vez, el tema Malvinas aparezca en la agenda y, en este caso particular, en la internacional”, sostuvo Marcos G. Fernández Peña, Magíster en Políticas y Estrategias por la Universidad Nacional del Sur (UNS) y Doctorando en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.
“Entiendo que, cuanto más se sitúe la discusión por fuera de nuestras propias manifestaciones de legítima soberanía sobre las islas; es decir, que otros Estados tomen nota de la situación, todo se convierte en un hecho sumamente relevante. Que la comunidad internacional ponga el foco sobre las islas siempre es un avance para la posición argentina”, amplió.
Fernández Peña es, además, secretario de Posgrado e Investigación del Departamento de Derecho de la UNS, donde es docente en las cátedras de Derecho Constitucional e Investigación Jurídica. Fue becario doctoral del Conicet y trabaja en investigaciones relacionadas con la estrategia británica sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes.
—Ante este escenario, ¿existen expectativas reales de que los Estados Unidos den un giro histórico y modifiquen oficialmente su postura sobre la soberanía de Malvinas?
—Siendo realistas, las expectativas de que cambien efectivamente su posición al respecto son muy bajas. De hecho, Donald Trump ya ha realizado declaraciones similares en el pasado. No debemos confundir la retórica coyuntural con un cambio de fondo en la diplomacia de Washington.
—Si las expectativas son escasas, ¿cuál es la verdadera intención de los Estados Unidos al reflotar este tema?
—Trump utiliza este tipo de elementos discursivos principalmente para presionar a sus socios europeos y, en este caso específico, a su aliado histórico, el Reino Unido de la Gran Bretaña. El objetivo es forzar un cambio en determinadas políticas de defensa. En concreto, lo que busca es que el Reino Unido aumente su gasto militar y su presupuesto de defensa, orientando esos recursos específicamente a la cuestión en Ucrania.
“Esta es una política que viene trabajando de manera activa: lograr de algún modo que la Unión Europea y, de manera más precisa, los socios europeos de la OTAN, se hagan cargo de financiar y sostener el conflicto con Rusia. El tema Malvinas se utiliza, entonces, como una moneda de cambio o herramienta de presión en ese marco genérico”.
—¿La alianza entre Washington y Londres es inquebrantable? ¿Qué diferencia conceptual debemos hacer al analizar este vínculo?
—Hay que recordar que el Reino Unido es miembro fundamental de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el aliado histórico de los Estados Unidos. Por lo tanto, el hecho de que ellos retengan las islas es sumamente funcional a los intereses norteamericanos.
“Es crucial hacer una distinción conceptual: una cosa es la posesión, que constituye un hecho concreto, y otra diferente es la propiedad o la soberanía, que representa el derecho, el cual legítimamente nos pertenece a los argentinos”.
“Para los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, la posesión fáctica por parte de los británicos sigue siendo la opción más conveniente”.
—Este pragmatismo estadounidense frente a su aliado histórico tiene antecedentes muy claros en nuestra historia reciente…
—Absolutamente. El ejemplo más contundente lo encontramos en la guerra de 1982. En aquel momento, la Argentina invocó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) con la expectativa de que los países firmantes, entre los cuales se encontraba los Estados Unidos, brindaran su apoyo frente a la intervención británica. Sin embargo, la administración estadounidense decidió no apoyar a la Argentina, priorizando su alianza histórica con el Reino Unido por encima de sus compromisos continentales.
Tras la bandera
“Necesitamos que nuestros diplomáticos y académicos vayan al extranjero a hablar de los fundamentos jurídico-políticos de por qué las Malvinas son argentinas. Si se aprovecha (la actual situación, con repercusiones en diferentes ámbitos de todo el mundo) para instalar foros internacionales periódicos, se pueden extraer los beneficios reales”.
Así se había referido Fernández Peña tras la aparición de la bandera con la inscripción ‘Las Malvinas son argentinas’, tras el partido de fútbol entre nuestro país e Inglaterra, el último miércoles 15 de julio, durante el Mundial de Fútbol de los Estados Unidos, Canadá y México.
“Es decir, se empieza con definir qué es una estrategia: esto es, un plan de acción con objetivos, medios y recursos. De todos modos, creo que esta popularidad aún no se ha explotado del todo. Después del impacto público debe venir el acompañamiento diplomático”, sostiene.
El investigador admite, de todos modos, que la visibilidad de la bandera significó colocar una vez más el debate de soberanía sobre la agenda pública mundial. “Es positivo que se encuentre en discusión la existencia de un conflicto pendiente de resolución, permitiendo que millones de personas vieran que hay algo irresuelto entre la Argentina y el Reino Unido”, expresa.
“Lo vinculo con el concepto de soft power o poder blando. A diferencia del poder militar (hard power), el poder blando se basa en la persuasión, en la atracción y en la legitimidad de un reclamo para que otros Estados acompañen ciertos objetivos”.
“Lo que ocurrió fue una expresión de diplomacia pública informal por parte de los jugadores”, dice Fernández Peña.
—Algunos sostienen que ese instante tuvo más impacto que años de discusiones en foros internacionales. ¿Eso fue más importante que una asamblea de la ONU?
—Más que importante, diría que tiene otro tipo de relevancia. Lo que implicó fue una popularización extraordinaria del conflicto, especialmente a través de las redes sociales. Mientras que en las Naciones Unidas discuten representantes oficiales, aquí se llega directamente a los pueblos. Es muy importante que habitantes de países como Tayikistán (NdR: zona montañosa de Asia central, con 10 millones de habitantes), que quizás no tenemos en nuestro radar pero que también votan en la ONU, vean que existe este conflicto. Es una oportunidad para construir acuerdos con ellos a futuro.
—¿Cuál es tu opinión sobre la respuesta de Reino Unido?
—Totalmente previsible. La estrategia habitual es la minimización del tema. Ellos responden cuando deben, pero su diseño estratégico consiste en intentar presentar ante el mundo que aquí no hay ningún conflicto pendiente por resolver. Su postura es que no tienen que sentarse a negociar con nadie porque, para ellos, el problema no existe. Por eso, acciones como la exhibición de la bandera durante el Mundial desafían directamente esa narrativa de silencio.
De qué se trata
La Argentina sostiene su reclamo basándose en que, tras la independencia de las Provincias Unidas del Sur en el siglo XIX, el país heredó los derechos de posesión que el Imperio Español tenía sobre las islas. Este proceso incluye —según Fernández— las disputas de soberanía entre los imperios español, francés y británico que se remontan al siglo XVI.
En el siglo XIX, el Estado argentino (Provincias Unidas) realizó actos formales de toma de posesión de las islas, estableciendo una presencia soberana antes de la ocupación británica.
Un pilar jurídico clave es la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la cual reconoce formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y Gran Bretaña. Este reconocimiento invalida la postura de que el territorio es incuestionablemente británico ante la comunidad internacional.
Desde la perspectiva jurídica nacional, se argumenta que las Malvinas son territorio nacional ocupado por otra potencia. La Argentina considera que esta ocupación es ilegítima y que afecta la integridad del territorio insular del país.
“La cuestión se enmarca dentro del sistema de ONU como un caso de descolonización, donde nuestro país busca que se instale nuevamente el debate en la Asamblea General. En cuanto a las cuestiones territoriales, de seguridad y económica, las islas representan la ocupación de una parte del territorio nacional por parte de una potencia extranjera”, dice.
“Desde una perspectiva geopolítica, las Malvinas suponen un peligro estratégico, ya que el Reino Unido es una potencia nuclear. En el contexto de un eventual conflicto bélico internacional, el hecho de que las islas estén en posesión de una potencia de este calibre incrementa los riesgos para la región”, sostiene.
El espacio marítimo que circunda a las islas es extremadamente valioso debido a su abundancia en recursos ictícolas (pesca) y recursos hidrocarburíferos. Actualmente, el RU explota estos recursos económicos sin mayores obstáculos, lo que representa una pérdida directa de ingresos y posibilidades de desarrollo para el Estado argentino.
“Las islas también son un punto neurálgico para la custodia y el control del Atlántico Sur. Esta relevancia estratégica se vincula directamente con la ubicación de bases militares continentales, como Espora, y puertos de aguas profundas, como el de Bahía Blanca”, concluye.