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Por ahora está lejos del “Hueso”, pero a fuerza de goles quiere ser más que “el hijo de…”

Alejo Gil viene de marcar por triplicado ante Tiro y lleva 7 tantos en las últimas 6 fechas del Clausura de la B local. Acumula 10 en Primera y la pregunta es: ¿llegará a los 84 que registró su padre en la Liga del Sur?

Fotos: Andrea Castaño-La Nueva. y gentileza familia Gil

El “No, gracias a vos” después de la nota me hizo acordar mucho a la época dorada de su padre, que se retiró del fútbol oficial hace ocho años tras disputar 205 partidos y marcar 84 goles con cuatro camisetas distintas en la Liga del Sur: Olimpo, Rosario, Bella Vista y Comercial.

Cuando lo escuché fue una lanza a la mente la imagen de aquellos cierres de entrevistas con Gonzalo Gil, flacuchento pero endemoniado delantero que en el aurinegro llegó a jugar Nacional B, aunque él, más que nadie, sabe que el presente pisa más fuerte que el pasado, porque a su hijo Alejo se le despertó el instinto de romper redes hasta con remates secos desde el punto del penal y, decididamente con la 9 en la espalda, atraviesa su mejor momento futbolístico en su amado Puerto Comercial.

“Saco cuentas y estoy lejos de alcanzarlo, pero me queda mucho por delante y debo mantener, más o menos, un promedio de una docena de goles por temporada. Igual, con parecerme a él y que una vez que cuelgue los botines hablen bien de mi como lo hacen con él, es una vida ganada”, comparó el hijo más grande del “Hueso”, que en el actual torneo Clausura de la B liguista lleva 7 conquistas en 6 partidos (8 en la temporada).    

Como era de esperar, Alejo se inició en la escuelita comercialina, aunque en su etapa de infantiles y menores tuvo pasos por La Armonía y Olimpo, hasta regresar al verdiamarillo whitense, donde debutó en Primera el 4 de septiembre de 2022, victoria de su equipo 2-0 ante Sporting.

“Siempre me sentí más enganche o media punta que delantero, pero ahora que soy referente de área y estoy cerca del gol es como que descubrí un mundo que no conocía. Igual, en todo el frente de ataque me puedo adaptar a las necesidades del equipo o a lo que me pida el entrenador”, indicó, sin tanta “parla” como el “viejo”, este joven prometedor de 21 años con 10 tantos en su corto peregrinar por la categoría mayor (2 en 2025).

--¿Cuáles son los mejores consejos de papá?

--Vivimos hablando de fútbol y siempre me dice que no me apure, que el gol va a llegar, porque si el equipo genera, en algún momento el goleador va a aparecer. Me hablan muy bien de mi “viejo”, que era desequilibrante y buen definidor, pero no lo alcancé a ver en su mejor versión.

Empleado de Translyf SA, reconoce que la lectura del juego no es tan eficiente como la de los medidores de luz en casas particulares, su trabajo de todos los días.

“A veces me desespero porque la pelota no me llega y bajo a buscarla, abandonando mi posición sin medir las consecuencias”, conecta quien se define como buen cabeceador, técnico y tremendamente perseverante.

“Con mi mamá (Estefanía Cardone) también debatimos de fútbol, pero más de Comercial. Ella es feliz cuando me ve jugar, va siempre a la cancha y nunca me dejó de apoyar en cada decisión que tomé”, deslizó el hermano más grande de Santino (19), enamorado de cualquier vida pero lejos de la pelota.

--¿Soñás con dar un salto de calidad?

--Obvio, pero uno nunca sabe hasta donde pude llegar. Me esfuerzo (superó una lesión grave en su rodilla derecha, en 2024), entreno, voy al GyM, me gusta lo que hago, pero hasta que no tenga esa oportunidad no sabré si estoy capacitado para jugar a otro nivel. A veces me dicen “Tenés que llegar a Primera de AFA, la que le faltó a tu papá”, pero de eso estoy a años luz. Tiempo al tiempo.

--¿Alguna vez te quisieron pagar con un perro y bolsas de monedas como le sucedió a tu papá en 2002 (ver nota adjunta)?

--Ja, ja, ¡qué anécdota! No, jamás me ofrecieron un perro, ni de regalo.

--¿A Gonza, lo acompañás a pescar?

--Sí, pero no soy tan fanático como él. Me gusta, pero ir a pescar y nada más; me banco poco la organización con la picada, la preparación de la comida o la ceremonia con la carnada. Soy mucho menos meticuloso que él.

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