Bahía Blanca, la ciudad que anticipa los cambios demográficos que se vienen en Argentina
Menos nacimientos, mayor expectativa de vida, familias más pequeñas y un crecimiento de los hogares unipersonales marcan una transición que la ciudad atraviesa desde hace décadas y que ahora adquiere una dimensión nacional.
Periodista y comunicadora. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, nacionales e internacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital, además de sus redes sociales.
Hay cambios que no llegan de golpe. Se instalan de a poco, casi sin hacer ruido, hasta que un día empiezan a modificar todo.
Una familia con menos hijos. Una persona mayor que vive sola. Mujeres que son madres a edades cada vez más avanzadas. Hogares con menos integrantes. Una población que vive más años y una proporción creciente de adultos mayores.
Todo eso ya forma parte de la vida cotidiana de Bahía Blanca.
Argentina también está atravesando ese proceso, pero a otra velocidad. El país comienza a experimentar con mayor claridad una transformación demográfica que en la ciudad lleva varias décadas. No porque Bahía Blanca sea una representación en pequeña escala de la Argentina —no lo es—, sino porque algunos de los cambios que ahora adquieren dimensión nacional ya pueden observarse aquí con bastante nitidez.
La diferencia es importante. Comparar una ciudad con un país entero no permite establecer equivalencias, pero sí mirar el tiempo con otra perspectiva. Y, en este caso, los números sugieren que Bahía Blanca se adelantó en varios de los procesos que definirán la estructura de la población argentina durante los próximos años.
El primero de esos cambios está en la velocidad con la que crece la población.
Según un informe de Belfiore Consultora, titulado “El reloj demográfico de Bahía Blanca adelanta 30 años”, entre 1970 y 2022, Argentina pasó de 23,4 millones a 46 millones de habitantes. Bahía Blanca, en cambio, pasó de 182.067 a 335.190.
Pero detrás de esos números hay una diferencia de ritmo. Entre 1991 y 2010, mientras la población argentina aumentó un 11 %, la ciudad creció apenas un 6 %. En los períodos siguientes el crecimiento local se recuperó, aunque quedó lejos de los niveles registrados décadas atrás.
La explicación empieza a aparecer cuando se mira la edad de quienes viven en cada lugar.
En Bahía Blanca, alrededor del 14 % de la población tiene más de 70 años. En Argentina, esa proporción ronda el 9 %.
La ciudad también tiene una expectativa de vida mayor. Entre 1970 y 2022, pasó de 68 a 78 años, mientras que en el país aumentó de 66 a 76.
Diez años más de vida pueden parecer solamente una buena noticia. Y lo son. Pero también obligan a pensar qué sucede cuando una sociedad empieza a tener, al mismo tiempo, más personas mayores y menos jóvenes.
El índice de envejecimiento permite verlo con mayor claridad. En Argentina pasó de 23 a 53 entre 1970 y 2022. En Bahía Blanca saltó de 25 a 83.
La diferencia no es menor. En poco más de cinco décadas, el indicador aumentó 58 puntos en la ciudad, casi el doble del incremento registrado en el conjunto del país.
Y mientras la parte superior de la pirámide poblacional gana peso, la base se achica.
Menos chicos, más tarde
La transformación también se puede medir en las salas de parto.
Argentina ya está por debajo del nivel de reemplazo poblacional, estimado en 2,1 hijos por mujer. La tasa global de fecundidad se ubica actualmente en torno a 1,4.
Bahía Blanca llegó todavía más abajo. Entre 1970 y 2022, pasó de 2,6 a 1,2 hijos por mujer. La caída fue del 54 %. En el país, en el mismo período, pasó de 3,1 a 1,4, con una reducción del 55 %.
Pero quizás el dato que mejor dimensiona el fenómeno sea otro: cuántos chicos nacen.
En Argentina, los nacimientos pasaron de 603.500 a 495.300 entre esos años, una disminución del 18 %. En Bahía Blanca, de unos 4250 a apenas 1320. La caída local fue cercana al 69 %.
Y no solamente nacen menos. También se posterga la maternidad.
En Argentina, desde 2021 el grupo de mujeres de entre 25 y 29 años concentra la mayor cantidad de nacimientos, seguido por el de 30 a 34. Menos de una década antes, el primer lugar correspondía a las mujeres de 20 a 24.
En Bahía Blanca, el corrimiento fue todavía mayor. El grupo con más nacimientos es el de 30 a 34 años, seguido por el de 35 a 39 y luego por el de 25 a 29.
Es decir, una ciudad donde nacen muchos menos chicos también es una ciudad donde los hijos llegan, en promedio, más tarde. Y eso termina modificando algo tan cotidiano como la casa en la que se vive.
La familia que entra en menos metros cuadrados
La transformación demográfica también se mete puertas adentro. Los hogares son cada vez más pequeños y vivir solo dejó de ser una situación excepcional.
Bahía Blanca ya tenía en 2010 una proporción de hogares unipersonales cercana al 19 %. Es un valor similar al que Argentina alcanzó recién en 2022.
Algo parecido ocurre con la cantidad de personas que viven bajo un mismo techo. Hoy el promedio nacional es de 3,1 personas por hogar. Bahía Blanca había llegado a ese número en 1991.
Una familia promedio que hace algunas décadas necesitaba espacio para más integrantes hoy puede estar compuesta por menos personas. Y no se trata únicamente de adultos mayores. Los hogares unipersonales incluyen a jóvenes, adultos y ancianos.
La ciudad, entonces, no solamente está envejeciendo. También está cambiando la manera en que sus habitantes conviven.
Hay menos hijos, familias más pequeñas, más personas que viven solas y una vida cada vez más larga. Son partes distintas de un mismo rompecabezas.
Una vejez con rostro de mujer
Hay otra transformación que aparece cuando se mira quiénes llegan a edades más avanzadas.
Las mujeres viven más que los hombres y esa diferencia se hace cada vez más visible con el paso de los años. Entre las personas de 60 años y más hay alrededor de 85 hombres cada 100 mujeres.
Entre quienes tienen 80 años o más, la relación cae a aproximadamente 61 hombres por cada 100 mujeres.
La vejez, entonces, tiene cada vez más rostro de mujer y esa generación tampoco se parece necesariamente a la imagen tradicional de una persona mayor.
El informe identifica especialmente a las mujeres mayores de 50 años como protagonistas de nuevos hábitos y formas de relacionarse con la edad. Hay mayor interés por el bienestar, la actividad física, los viajes y la autonomía.
El 70 % realiza actividad física al menos tres veces por semana y ganan presencia disciplinas como pilates, calistenia y entrenamiento de fuerza. También cambia la relación con la imagen y con la idea de lo que significa envejecer.
El cambio demográfico, en otras palabras, no solamente está alterando cuántas personas viven en Bahía Blanca. También está modificando quiénes son esas personas, cómo viven y qué esperan de los próximos años.
Quizás la particularidad más interesante no esté en ninguno de estos números por separado, sino en que varios de ellos aparecen juntos y con años de anticipación respecto del promedio nacional.
Lo que en Argentina empieza a verse como una tendencia, en Bahía Blanca ya es parte de la realidad.