Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Salud Mental: de la soledad digital a la cultura del cuidado

Las estadísticas epidemiológicas sobre suicidios revelan un descenso de casos en la ciudad, pero abren el debate sobre las presiones de la época. De la trampa de los algoritmos descripta por Hugo Kern a los mitos que rompen los profesionales: claves para entender, escuchar y actuar a tiempo.

Fotos: Emmanuel Briane, Emilia Maineri y Andrea Castaño-La Nueva.

Septiembre se visibiliza en todo el mundo como el "Mes Amarillo", una campaña global dedicada integralmente a la concientización y prevención del suicidio.

La iniciativa nació en Estados Unidos en 1994 a raíz de la trágica muerte de Mike Emme, un joven de 17 años que había restaurado con dedicación un auto Ford Mustang de color amarillo.

Durante su funeral, sus familiares y amigos repartieron tarjetas con cintas amarillas junto a mensajes de apoyo dirigidos a quienes estuvieran atravesando momentos de profundo sufrimiento emocional.

A tres décadas de aquel acontecimiento, la conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio este 10 de septiembre impuso objetivos urgentes en la agenda pública: romper los estigmas sobre los padeceres mentales, detectar de forma precoz las señales de alerta y garantizar canales de escucha efectiva y acompañamiento profesional para salvar vidas.

Bajo el lema global de la campaña para el período 2024-2026, "Cambiar la narrativa sobre el suicidio", la comunidad internacional busca transformar la manera en que se aborda esta problemática compleja, pasando del silencio o el juzgamiento a la apertura responsable y compasiva.

El contraste entre Bahía y la tendencia nacional

A nivel global, los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son contundentes: más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año. Esta problemática se consolida como la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años en todo el planeta.

En la Argentina, los registros más recientes del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad Nacional reflejan una tendencia alarmante a nivel federal.

Durante 2025 se registraron 5.209 muertes por suicidio en todo el país, situando la tasa nacional en 11,8 casos cada 100.000 habitantes mayores de cinco años.

De acuerdo con informes del Observatorio de Política Criminal (OPC), esto representa un incremento del 21 % respecto a años anteriores y ubica a la Argentina en el tercer lugar en Sudamérica, sólo por detrás de Uruguay y Chile.

Un dato revelador presentado por el director del OPC y docente de la UBA, Ariel Larroude, advierte sobre un fenómeno de "transmutación de la violencia letal": mientras los homicidios dolosos descendieron a 3,6 cada 100.000 habitantes, los suicidios casi los triplicaron en 2025, convirtiéndose en la principal causa de muerte violenta en adolescentes y jóvenes de 15 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito.

Sin embargo, el panorama local en Bahía Blanca muestra un marcado y esperanzador contraste. Según el informe técnico Situación epidemiológica de los intentos de suicidio, mortalidad y gestión de las trayectorias de cuidado en el partido de Bahía Blanca – período 2025, elaborado conjuntamente por el Departamento de Epidemiología y Calidad, el Departamento de Salud Mental del Municipio y el equipo interdisciplinario Red de Vidas, la tasa de suicidios en la ciudad descendió de 10 a 7,5 casos cada 100.000 habitantes desde 2023.

Al presentar públicamente estos indicadores, el intendente Federico Susbielles enfatizó que, mientras a nivel nacional las cifras alcanzaron niveles dramáticos, en Bahía Blanca los números son decrecientes como resultado directo de las políticas públicas implementadas a través del Programa Integral de Salud Mental, creado en 2024.

El jefe comunal ratificó la continuidad de estos abordajes subrayando que "construir salud mental en comunidad es fundamental".

Perfil epidemiológico en la ciudad

El análisis minucioso de la masa de datos recolectada por los organismos locales permite trazar un perfil epidemiológico preciso sobre cómo impacta esta problemática en la comunidad bahiense:

--Suicidios consumados: La tasa descendió al 7,5 por 100.000 habitantes. El 68 % de los casos correspondió a hombres, registrando una media de edad de 42 años.

--Intentos de suicidio: La tasa de tentativas notificadas alcanzó los 124,2 casos cada 100.000 habitantes. Durante 2025 se contabilizaron 455 notificaciones correspondientes a 414 personas. A diferencia de los casos consumados, en las tentativas predominó fuertemente la población femenina (66,8 % del total), concentrándose la mayor incidencia epidemiológica en la franja etaria de jóvenes de 15 a 24 años.

--Distribución territorial: El relevamiento epidemiológico identificó que la mayor densidad de episodios se registró en el anillo pericéntrico de la ciudad, situándose los focos de más alta incidencia en los sectores del sur y el sudoeste de Bahía Blanca.

"Tomar decisiones definitivas por problemas transitorios"

Para comprender en profundidad las causas subyacentes detrás de las estadísticas, el licenciado Hugo Kern, jefe del Departamento de Salud Mental del Municipio de Bahía Blanca, propone analizar los determinantes culturales, tecnológicos y económicos que atraviesan la vida contemporánea.

"Estamos muy alcanzados por las condiciones culturales y económicas que estamos viviendo. Se produce un sufrimiento y una sensación de fracaso que tiene que ver con los ideales que se te han metido en la cabeza cuando comparás tu realidad con una expectativa irreal", advierte el profesional.

Kern plantea que el sufrimiento es parte inherente de la experiencia humana, pero el dilema radica en la forma en que las sociedades modernas lo gestionan o pretenden ocultarlo.

Esfuerzos como la responsabilidad diaria de criar un hijo o el trabajo duro cobran valor a través del sentido que se les otorga; sin embargo, cuando el dolor desborda los límites de lo tolerable y se impone el sinsentido, la muerte suele aparecer erróneamente en el horizonte como la única vía de escape.

El psicólogo bahiense enfatiza la paradoja del acto suicida basándose en investigaciones realizadas mediante encuestas a personas que sobrevivieron milagrosamente a intentos de extrema gravedad. La conclusión posterior de esos sobrevivientes fue que las causas que los habían llevado a semejante determinación no eran lo suficientemente graves ni irreparables.

Es allí donde Kern identifica el nudo crítico de la época: "Esta cuestión de tomar decisiones definitivas por problemas transitorios. Todos sabemos que de lo único que no se vuelve justamente es de la muerte".

La trampa del algoritmo

El análisis de Kern vincula el malestar subjetivo actual con la revolución digital y la hiperconectividad. Explica que la vida moderna está condicionada por algoritmos que moldean expectativas irrealizables.

Cuando las personas adoptan acríticamente esos mandatos externos de felicidad o éxito, se produce lo que denomina un "crimen perfecto": las personas quedan acorraladas, sintiendo que la culpa de su frustración es estrictamente individual.

Al comparar los logros cotidianos con metas lejanas o construidas virtualmente —como comparar la escala de un proyecto local con las audiencias de Capital Federal—, surge una destructiva percepción de fracaso.

Asimismo, Kern alerta sobre cómo las transformaciones tecnológicas impactan biológica y psicológicamente en los más jóvenes, ejemplificando este riesgo con la proliferación de las apuestas en línea y la ludopatía digital en adolescentes, un problema histórico que la conectividad masiva convirtió en una problemática de dimensiones inéditas.

Desigualdad y sesgos de género

Bajo el lema "Más comprensión y menos prejuicios", el jefe del Departamento de Salud Mental analiza la necesidad de dejar de exigir respuestas simplistas a crisis complejas. Esta falta de escucha real repercute de manera diferenciada según el género:

--En las mujeres: La mayor cantidad de tentativas suicidas se canaliza a través del uso de psicofármacos. Kern describe esta conducta como un intento desgastante por lidiar con la inequidad estructural en el acceso a recursos y con las dificultades para procesar el dolor por otras vías.

--En los varones: Las cifras se invierten trágicamente en los desenlaces mortales. Representan el 80 % de los suicidios consumados a nivel nacional y el 68 % a nivel local. Kern atribuye esta disparidad a los mandatos culturales de la masculinidad hegemónica que estigmatizan la vulnerabilidad: "Si el hombre habla de sus emociones parece un signo de debilidad". Esta represión limita la socialización masculina a conversaciones superficiales sobre vehículos o deportes.

Para romper esta inercia, Kern destaca gestos de transformación en las nuevas generaciones, valorando lo ocurrido en el fútbol profesional durante el último Mundial, donde deportistas de elite visibilizaron sus temores y dudas, naturalizando la consulta psicológica.

El especialista aclara que no se trata de obligar a todos a "ir a terapia", sino de reivindicar el simple y transformador acto de "hablar de lo que te está pasando".

La mirada de otros profesionales

El abordaje de la prevención del suicidio requiere el aporte multidimensional de profesionales de distintas áreas de la salud mental para derribar creencias erróneas y comprender los procesos de crisis.

El psicólogo clínico y deportivo Juan David Jurado (M.N. 80255) remarca que la prevención no arranca dentro del consultorio, sino en la comunidad, en la capacidad de advertir la angustia del otro y animarse a preguntar.

"Uno de los mitos más peligrosos es pensar que hablar de suicidio 'le mete ideas en la cabeza' a alguien. También es un error creer que quien lo menciona 'solo quiere llamar la atención'. Frente a una duda, es importante preguntar, escuchar y tomar en serio lo que la persona está expresando", sostiene Jurado.

El especialista subraya que hablar de manera cuidadosa no genera el problema, sino que abre una puerta para prevenirlo. Para acompañar a un ser querido, recomienda escuchar sin juzgar y evitar expresiones invalidantes como "tenés que ponerle ganas" o "hay gente que está peor".

Respecto a las señales de alerta, aconseja observar cambios marcados de conducta, aislamiento, aislamiento social, verbalizaciones de desesperanza o la manifestación de sentirse una carga para los demás.

Por su parte, el médico neurólogo y psiquiatra Enrique De Rosa Alabaster advierte sobre la importancia de no descuidar los momentos posteriores a una crisis aguda.

El profesional sostiene que "el intento muchas veces es el último aviso antes del desenlace", lo que obliga a no minimizar ninguna conducta previa.

De Rosa Alabaster pone el foco en un aspecto crítico del acompañamiento clínico: "Cuando 'pasó la crisis' eso no significa que terminó el riesgo".

El psiquiatra advierte que, superado el momento crítico inicial, es donde más se requiere sostener el seguimiento médico, la continuidad del cuidado y la red de contención afectiva. Asimismo, señala que en la juventud coinciden presiones sociales intensas y vínculos frágiles que generan un sentimiento de soledad extrema, aun estando rodeados de la familia o la escuela.

El impacto de la hiperconectividad en los sectores más jóvenes es refrendado por investigadoras del ámbito universitario.

La doctora en Neurociencias Rocío González (Universidad Austral) advierte sobre los factores que agravan la salud mental adolescente.

"La comparación social constante, los discursos de perfeccionismo corporal y las experiencias de acoso online o ciberbullying afectan de forma desproporcionada a las adolescentes", generando sintomatología ansiosa, depresiva y autolesiones.

En esa misma línea, la psicóloga Victoria Bein destaca que "la adolescencia debería ser un tiempo de construcción de ciudadanía y de vínculos, pero la fragilidad emocional la atraviesa cada vez con más fuerza".

Por ello, González concluye que la salud mental debe trabajarse como un eje transversal en las escuelas y familias mediante la detección temprana y la creación de espacios de escucha activa.

La dimensión socioeconómica del sufrimiento es respaldada por el relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA.

El estudio reveló que el 6,5 % de las personas encuestadas presentaba riesgo de padecer un trastorno mental, ubicándose los niveles más altos de riesgo suicida en jóvenes de 18 a 29 años.

Además, el 35,85 % afirmó atravesar una crisis personal, vinculada principalmente a problemas económicos (55,91 %), crisis vitales (52,40 %) y conflictos familiares (36,37 %).

El dato más preocupante surge de la demanda insatisfecha: el 50,05 % de quienes no recibían atención psicológica manifestaron que necesitaban tratamiento.

Dispositivos de contención

Para canalizar el seguimiento y la prevención, el Municipio sostiene diversos dispositivos que sostienen la tendencia a la baja de los índices en la ciudad:

--Equipos Territoriales de Salud Mental: Desplegados en los cuatro sectores urbanos con mayor incidencia epidemiológica.

--Unidad Residencial en el Hospital Penna: Abordaje conjunto con Provincia para el tratamiento de consumos problemáticos.

--Programas preventivos: Talleres como "Hablemos" y "Apostar No es Jugar", dirigidos a escuelas, clubes e instituciones.

--Dispositivo de Continuidad de Cuidados: Seguimiento a pacientes dados de alta por un año, con contactos a los 7 días y a los 3, 6, 9 y 12 meses.

--Consejo Municipal de Políticas de Salud Mental: Articulación con el sistema judicial, efectores de salud y fuerzas de seguridad.

Canales de atención y líneas de ayuda

Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis emocional, podés comunicarte a las siguientes líneas gratuitas y confidenciales: Emergencias municipales (107); Unidad Operativa de Consultas en Salud Mental y Red de Vidas (4551159 o 2914261642) o al Centro Nacional de Asistencia al Suicida (0800 345 1435 o 135)

Sumate a la conversación. ó Registrate
Iniciaste sesión como Cerrar sesión