La expansión urbana en Bahía Blanca pierde ritmo, pero deja desafíos
Un estudio nacional ubica a la ciudad entre las que menos crecieron territorialmente en los últimos cinco años, aunque mantiene bajos niveles de densidad poblacional.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Bahía Blanca se ubica entre las ciudades del país con menor densidad poblacional, como consecuencia de su crecimiento territorial en extensión que superó con amplitud a su aumento poblacional.
Sin embargo, en los últimos cinco años esa tendencia ha disminuido de manera significativa y la ubica entre los porcentajes más bajos entre 34 ciudades relevadas entre 2018 y 2023.
Los datos surgen del estudio dado a conocer por la Fundación Tejido Urbano, entidad integrada por profesionales de distintas disciplinas que trabajan “para transformar la realidad habitacional del país”.
El mismo analiza la expansión territorial en ciudades argentinas en los últimos 5 años, trabajando sobre 34 centros urbanos con una metodología de identificación a partir de imágenes satelitales. Las ciudades relevadas suman una superficie urbanizada de 6.060 km2, área que representa el 2,14% de la provincia de Buenos Aires.
Entre 2018 y 2023 se pasó de ocupar 5.815 km2 de tierra a 6.060 km2, un incremento de 245 km2 de tierra urbanizada, a un ritmo de 5.000 hectáreas por año.
La Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) representa casi la mitad de esa superficie. Luego se ubican, Córdoba con 6,5% del total, Rosario (5,0%), Mendoza (3,8%), Tucumán (3,1%), Mar del Plata (3,0%), Neuquén (2,5%), Salta (2,4%) y Bahía Blanca (1,9%).
En cuanto al aumento en la superficie ocupada con nuevas urbanizaciones, siete ciudades registraron crecimientos superiores al 10%, entre ellos Santiago del Estero (12,9%), Salta (11,9%), Neuquén (11,9%), La Rioja (10,8%) y Viedma (10,7%).
Bahía Blanca, con un 3,9% de expansión verificado entre 2018 y 2023 se encuentra entre las que menos creció, aunque por encima de Santa Fe (1,6%), Mar del Plata (2,1%), San Nicolás (2,8%), Santa Rosa (3,0%) y Comodoro Rivadavia (3,6%).
Como dato ilustrativo, un estudio similar realizado por el CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) estableció que entre 2006 y 2016 la mancha urbana de Bahía Blanca se expandió un 21,24%, pasando de 9.906 hectáreas a 12.010.
Otro análisis sobre el tema señala que entre 2010 y 2020, la población creció un 11% mientras que la superficie urbanizada lo hizo en un 38%.
La población, un dato
Entre 2018 y 2023 el conjunto de los 34 aglomerados aumentó su población en 1.713.885 habitantes, un incremento de 5,97%. Bahía Blanca está entre los cuatro que menos crecieron, por debajo de la media nacional, con un 4,64%, solo superado en menos por Resistencia (3,47%), Santa Fe (3,84%) y Mar del Plata (4,28%).
Las tasas más elevadas se ubican en Ushuaia y Rio Grande, con 18,77% y 16,64% respectivamente. Luego siguen Puerto Madryn (11,84%), San Luis (11,49%) y Neuquén (11,34%).
La densidad, ese detalle
La relación entre la superficie urbana y la población que la ocupa define la densidad poblacional, que da una idea de estar ante una ciudad compacta o una extendida: dos modelos que definen la calidad de vida del lugar, la manera en que sus habitantes se mueven, como acceden a los servicios y como perciben el espacio público.
La ciudad compacta se caracteriza por la concentración de población y actividades en un territorio relativamente acotado. Viviendas, comercios, espacios de trabajo, escuelas y servicios conviven a distancias cortas, lo que favorece los desplazamientos. Este modelo contribuye a una vida urbana más activa, con calles y espacios públicos intensamente utilizados.
En contraposición, la ciudad extendida o dispersa se expande horizontalmente, ocupando grandes superficies con baja densidad poblacional. Esta fragmentación incrementa las distancias cotidianas y refuerza la dependencia del automóvil, con impacto directo en el medio ambiente.
Muchas ciudades combinan ambos esquemas y enfrentan el desafío de reconvertirse, densificando áreas consolidadas, recuperando centralidades y apostando a una mezcla de usos.
El impacto de qué tipo de ciudad construir deja de ser técnica para volverse política y social: compactar o expandir no es solo planificación, es una elección sobre cómo vivir.
Entre 50 y 150 hab/ha es el rango que los urbanistas consideran óptimo para ciudades eficientes.
Menos de 30 hab/ha da cuenta de una ciudad muy extendida, con altos costos de infraestructura, dependencia del automóvil y servicios poco eficientes.
Más de 250–300 hab/ha implica riesgo de saturación: presión sobre el espacio público, transporte, servicios y calidad ambiental.
Los datos
La densidad media promedio para 2023 de las ciudades consideradas por Tejido Urbano es de 53,1 habitantes por hectárea (hab/ha). Dejando fuera de ese cálculo al área metropolitana de Buenos Aires, el resultado resulta menor, 48,9 hab/Ha.
Los aglomerados de mayor densidad en nuestro país son Concordia, Santa Fe, Corrientes y Tucumán, con más de 60 hab/ha.
Entre los de menor densidad se ubica Bahía Blanca, junto con Bariloche y Gral. Pico, con menos de 30 Hab/Ha. Es la medida que define a una ciudad extendida de manera desequilibrada en relación a su aumento poblacional. En un segundo escalón están Santa Rosa, La Rioja, Mar del Plata y Rawson, con poco menos de 40 hab/ha.
Los problemas
En su trabajo “Dilemas del crecimiento urbano en ciudades intermedias”, los licenciados en economía Octavio D'Amico Arceo y María Emilia Estrada, docentes del Departamento de Economía de la UNS, presentaron en noviembre último un interesante análisis del caso de Bahía Blanca.
Indican como durante la Revolución Industrial surgió la idea de una ciudad “compartimentada”, separando los espacios destinados al trabajo, al ocio y a la vivienda, estimulando el uso del automóvil y costosas infraestructuras.
“Este esquema generó ciudades extensas, fragmentadas y desiguales. Especialistas como Jane Jacobs, Henri Lefebvre y David Harvey, criticaron este modelo por considerar que debilita la vida comunitaria, limita la apropiación del espacio urbano y profundiza las desigualdades sociales”, señala el estudio.
En los años 70 se impone como ideal el modelo de una ciudad compacta, diversa y accesible, donde los usos del suelo se mezclen y las distancias permitan prescindir del automóvil.
Los autores indican que si bien hoy las familias buscan más seguridad, espacio y contacto con la naturaleza, “la expansión implica altos costos económicos y ambientales”. Algunos autores la describen como un sistema “cuasi-Ponzi”, en referencia a esa operación fraudulenta, ya que la extensión continúa pese a la incapacidad de financiar su sostenimiento.
Al analizar Bahía Blanca, señalan que se trata de “una ciudad de crecimiento demográfico moderado y expansión territorial desproporcionada, que pierde su consolidación”.
Adónde vamos
Mientras el municipio avanza con la elaboración de un nuevo Código de Planeamiento Urbano, parte de sus postulados se basan, según se indicó en su momento, en el estudio del Consejo Federal de inversiones, que en su diagnóstico indicó que la ciudad tiene “una expansión sin una adecuada infraestructura y con fraccionamiento socio-urbano”.
Para mejorar eso sugiere “limitar esa expansión”, ocupar terrenos vacantes y establecer el Camino de circunvalación como límite a todo crecimiento.
Tejido Urbano concluye que la ciudad ha disminuido su expansión, lo cual plantea una situación menos preocupante pero ya consolidada, que requiere encontrar su mejor funcionamiento en condiciones que son las menos adecuadas.