Fue goleador en Argentinos Juniors y hace 20 años no "mordió" el anzuelo para sumarse a Villa Mitre
Lleva cuatro décadas vinculado al “Bicho” de la Paternal y su pasión por la pesca lo convirtió en vendedor y empresario. En su momento, ¿se negó a venir al tricolor?
Cuando Villa Mitre ascendió al Nacional B (hoy Primera Nacional) el 28 de mayo de 2006, tras el resonante y famoso “Tucumanzo”, su nombre sonó con insistencia en el marcado de pases que desveló al mundo tricolor por la enorme cantidad de futbolistas profesionales que se ofrecieron y fueron ofrecidos.
Jorge “Polo” Quinteros, en aquel momento y pronto al retiro, manifestó que le había dicho “No” al club bahiense, pero en realidad, los dirigentes villamitrenses de aquella época siempre aclararon que no hubo ni existió ninguna negociación con el delantero que jugó en Europa y tuvo ¡6 ciclos en Argentinos Juniors! como futbolista profesional y dirigente.
Nos remontamos al lunes 23 de abril de 2001: Quinteros juega para San Lorenzo, que es escolta de River, puntero del torneo Clausura desde la primera fecha. Bernardo Romeo (acompañado por Raúl Pipa Estévez) y Javier Saviola (junto a Martín Chapulín Cardetti) son las caras del gol de ambos equipos. Faltaban seis fines de semana para definir al campeón.
Al día siguiente, Berni y el Conejo visten la misma camiseta y comparten delantera frente a 400 personas en la canchita de Fútbol 5 del club Independiente de Béccar. Polo, un espécimen más de su especie goleadora, los ha juntado a ellos y a otros ocho colegas de los equipos aspirantes al título para jugar un partido a benéfico.
“Me prestaron las instalaciones y lo hicimos", reveló quien, desde ese momento, sostiene el comedor infantil Catalina en Virreyes, localidad de su San Fernando natal. Y que, entre una relación vitalicia con Argentinos Juniors y con la pesca, tiene una historia que merece ser contada.
El vínculo del 9 con el Bicho comenzó a sus 15 años, luego de un inicio complejo por falta de continuidad en Chacarita, y continúa a día de hoy, a sus 52: entre su consolidación bajo la tutela de dos maestros como José Pékerman en Reserva y Osvaldo Chiche Sosa en Primera y su presente como Director de Centros de Entrenamiento y Captación Nacionales (CECAP), hubo seis ciclos en la entidad de la Paternal. Cuatro como jugador (1993-1997, 1998-1999, 2003-2004 y 2006) y dos como dirigente (además de su rol actual, fue Secretario Técnico entre diciembre de 2015 y septiembre de 2016). "No puedo decir que sea mi segunda casa, porque toda mi vida viví ahí", reconoce.
En los albores de su segunda etapa en la Paternal, Quinteros comenzó a edificar su compromiso social a partir de hechos. Un trasplante de riñón para la hija de un matrimonio vecino sin trabajo demandaba dinero y Polo reunió a compañeros y excompañeros en una cancha de fútbol de la zona, propiedad de su papá. Entre la selección de estrellas solidarias estuvieron: Diego Placente ("No lo veía como entrenador, pero es un fenómeno de pibe", elogia), Diego Markic, Cristian Lobo Ledesma y Juan Román Riquelme, ya promesa de grandeza en Boca.
Será el juego predecesor a aquel “picado” de F-5 del Béccar en 2001, del que, además de Romeo y Saviola, formaron parte nombres del calibre como Eduardo Coudet, Sebastián Abreu, Leandro Romagnoli y Hugo Campagnuolo.
En el medio, claro, hubo matices. Un paso bravo y breve por el fútbol europeo de la mano de Padova y de Mallorca, marcado por la falta de rodaje por cuestiones futbolísticas en Italia y físicas en España; un regreso a la Argentina con San Lorenzo, llamado por Oscar Ruggeri y consagrado con Manuel Pellegrini; y entre 2004 y 2006 su corazonada en la U Católica y el amor ganado en base a goles en copas internacionales (12 en 14 partidos). "Hubiese vuelto también cuatro veces si me hubiesen dejado", se sincera.
Se retiró antes y bien, a los 32 años. Y se siente identificado con Lionel Messi: "Te enseña hasta lo último".
Tan vinculado está al fútbol que cuesta entender sus ocho años "sin pisar Argentinos". Por eso acota: "Me desconecté completamente después de haber sido secretario técnico", recuerda quien, tras la eliminación de la Copa Argentina 2016 por penales frente a Deportivo Laferrere, fue "licenciado" por la dirigencia de Cristian Malaspina, actual presidente del Bicho.
En su (nueva) vuelta en marzo de 2025 como Director de CECAP, tuvo mucho que ver uno de sus hijos: "Tiene 11 años y juega en Pilar. Estuve dos o tres años acompañándolo, y me parecía que podía sumar un montón de cosas para mejorar el área".
Sobre los pibitos de 8, 9 y 10 años, aclara: “A esa edad ya le están enseñando técnica y táctica, a mí me cuesta aceptarlo. O algún grito fuera de lugar de parte de los técnicos que escucho. Para mí era tirar la pelota y correr. ¿De qué jugaba? De 9, listo. El técnico de vez en cuando te corregía: hoy no, hoy tenés que hacer los movimientos de acá para allá. Y no estoy de acuerdo”, calificó.
Antes de su romance con Argentinos, llegó su pasión por la pesca. Su padre lo introdujo de niño a una práctica que, de más grande, lo ha llevado a recorrer del norte al sur del país y a "vender motores Haswing (para barcos)". Y que, aunque dice que "no se trasladó al fútbol", sí lo ayudó fuera de las canchas: "Me daba una paz terrible estar pescando. Estar en el agua. Ahí se me iba todo: la ansiedad, los problemas, todo…".
Revela también que invitó a través de un amigo en común a Leonardo Ponzio, hoy técnico de River, a pescar en el Lago Strobel (conocido mundialmente como Jurassic Lake y popular por la pesca de truchas arcoíris), en la provincia de Santa Cruz. Pero que "no le dio bola".
“La pesca es una excusa para pasarla bien. Si pesco o no, a mí me da exactamente lo mismo. Voy al agua y tiro. Es una excusa para juntarse con amigos, para desconectarse y para cargar pilas”, reconoció el que alguna vez sonó para reforzar a Villa Mitre pero que nunca llegó a morder el anzuelo.