“Nudos”: el libro sobre Leif Larsen, el pescador que inventó su leyenda
La escritora Antonia Zaragoza, quien vivió 10 años en la misma casa que este vecino tan recordado de Monte Hermoso, presentó una obra con poemas que iluminan algunos aspectos de la vida de este hijo de dinamarqueses que se enamoró del balneario y se quedó para hacer historia.
Licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad de La Plata. Docente en nivel superior. Redactora de La Nueva desde 2010. En LU2 Radio Bahía Blanca tiene la columna "Buenas buenas" y se desempeña como redactora creativa. Es especialista en cubrir historias humanas de superación. Además, es profesora de yoga.
Antonia Zaragoza se sienta en medio de un playón desierto, en Monte Hermoso, y llora.
Minutos atrás sonreía, cuando aún no había visto lo que la dejó sin aliento. Al pasar por la casa de Leif Larsen, la casa, justamente, ya no estaba. La habían derribado.
Y con aquellos muros desaparecía también parte de la historia de este legendario pescador y leyenda del balneario que había vivido allí durante 10 años.
Este vecino gentil, hijo de dinamarqueses inmigrantes, que daba consejos de pesca a quienes se acercaban y que por su entereza y fisionomía podría haber sido el protagonista de la novela "El viejo y el mar", de Ernest Hemingway (“todo en él era viejo, excepto sus ojos, que tenían el color del mar y eran alegres e invictos”) solía cuidar de sus plantas y árboles.
Pero estas plantas y árboles tampoco estaban. En su lugar un estacionamiento vacío le daba la espalda a todo lo vivo y a los recuerdos.
Por eso Antonia, quien es escritora y también vivió en esa casa, dejó la bicicleta, se sentó en el cemento y lloró.
***
Y de ese desconsuelo brotó un inventario de todas las plantas que antes habían estado allí y que ella tan bien conocía.
“Ese inventario abrió como un abanico los poemas que hoy integran el libro Nudos, que tiene un largo recorrido”, contó.
“Empecé a escribir los primeros poemas para una muestra de fotografías de Leif que organizó la Biblioteca Popular en 2010 en el Centro de Convenciones.
En ese entonces escribí 28 poemas y ahí empezó a flotar la idea del libro, que es mucho más que un rejunte de poemas, es un trabajo colectivo y lleva todo un proceso”, explicó.
A Leif lo conocía como personaje del pueblo, de verlo en la playa, de ver sus perros mirando hacia el mar cuando él estaba adentro y de verlo caminar por la arena con los perros en días inhóspitos.
Hay una escena, de cuando ella era maestra de sala en el Jardín Nº 901, que jamás olvidará. En ese entonces, Leif se acercó al jardín y le dijo a la directora que le gustaría que llevara a los alumnos a apreciar unos tulipanes que habían florecido en su casa de unos bulbos que le habían enviado desde Dinamarca.
Y así fue como Antonia, junto con la maestra de música y unos 90 niños de las tres salas, visitaron la casa de Leif.
“Había maderas, chapas, así era su estética, pero cuando llegamos al patio había unos surcos impecables de tulipanes rojos, amarillos, naranjas, todos iguales. Parecían unas tazas surrealistas mirando el cielo”, reconstruyó.
“Era de una belleza. Era todo un gran contraste en su vida: esa prolijidad, belleza, sensibilidad en contraste con su bohemia. Nosotras volvimos encantadas y los chicos decían ¿Cuándo volvemos a la casa de Leif? Para ellos era Disney”, rememoró.
El tiempo pasó, Leif comenzó a hacerse más grande y a necesitar cuidados y su sobrino, Cristian Larsen, lo acompañó en los últimos tiempos. En ese entonces, Antonia era parte de la familia. Por eso, cuando Leif ya no estuv, y la casa fue restaurada, ella vivió allí también por 10 años.
“Una de las cosas más hermosas de vivir allí era ver llegar la primavera porque empezaban a salir narcisos, azucenas, plantas que salían de bulbos que seguramente él había cultivado”, contó.
“Era hermoso ver que fuera tan amante de las plantas.Saber que tenía ese desorden por fuera pero un gran orden por dentro. Su cabeza, sus pensamientos, su claridad y vocabulario, era muy admirables”, expresó.
Recordó también que era una casa construida como para formar una familia, con buenos materiales y que tenía una bañera que Leif ya no usaba.
“En una pared de había tallada una fecha que creíamos tenía que ver con un amor. La casa tenía unos pisos hermosos pero cuando él vivía los tenía cubiertos con unos 10 centímetros de arena porque caminaba descalzo y decía que la arena era más fresca y amigable”, continuó.
Otro de sus recuerdos con Leif es en la Biblioteca Popular, donde él solía buscar con frecuencia libros de botánica y zoología.
“Siempre estaba pensando en especies de animales, tenía dudas, investigaba y se llevaba los libros a la plaza. Allí leía durante horas. En la Biblioteca le decíamos: '¡Pase, Leif!'; pero él decía: ‘No. no, indudablemente mi indumentaria no condice con el prestigio de esta institución’”, narró la escritora.
“Nudos, es un recorte de su vida donde yo pongo luz sobre algunas escenas: esa conexión con la playa, con el mar, con sus plantas, la pesca, su sensibilidad y cierta admiración que yo tenía por su cultura y su dignidad, por su elección de ser un bohemio y vivir como él eligió hacerlo”, manifestó.
“También destaco su generosidad en los consejos. Mucha gente le iba a pedir consejos de pesca y entraba a pescar con él. En la presentación del libro se acercaban a contarme esas vivencias”, expresó.
Para Antonia, Leif Larsen construyó su propia leyenda. Por eso los fotógrafos se ocuparon de él, los artistas lo pintaron y ahora ella escribió un libro.
Si Leif estuviera vivo seguramente buscaría el libro de Antonia y lo llevaría a la plaza, para apreciarlo junto con todos esos tesoros impresos que hablaban de la naturaleza y que tanto disfrutaba.
El libro se presentó en la Casa de la Cultura
"Nudos" contó con el Apoyo del Fondo Municipal de las Artes y fue seleccionado entre 15 proyectos.
Cuenta con 8 collages realizados por la artista plástica Alejandra Correa que parten de fotos familiares de Leif de distintas épocas.
“Ella trabajó con la idea de que no quedaran en el libro como fotos antiguas, sino con una impronta de Pop Art, para que tuvieran diálogo con otros escenarios dentro de un diseño moderno y colorido”, subrayó.
Antonia es también autora del libro de poesías “Las líneas del agua” y participó de múltiples proyectos literarios. Es coordinadora del Taller Literario Municipal de Monte Hermoso desde hace décadas.
“El Fondo de las Artes es un impulso muy importante que quisiéramos que se sostenga”, dijo la autora quien en 2020 ganó un concurso impulsado por el Puerto de Bahía Blanca con un libro de poemas que simulaba ser un instructivo de cómo hacer nudos marineros pero hablaba de otras cosas.
Quienes deseen saber más sobre el libro Nudos se pueden poner en contacto con la autora en su IG @maria_antonia_zaragoza o en su perfil de Facebook: María Antonia Zaragoza.
En Sauce está en la librería de Caro Sieli y también en la editorial La Gran Nilson, de Alejandra Correa, quien la ayudó a corregir, ordenar y seleccionar los poemas al igual que su amiga y compañera la escritora Laura Forchetti, quien escribió la contratapa.
Leif Larsen: el hombre y la leyenda
Hijo de dinamarqueses que vivieron en Aparicio (Coronel Dorrego) era el menor de 11 hermanos. En los años 50 llegó al balneario para veranear y terminó quedándose a vivir. Tocaba el piano, amaba la naturaleza y era frecuente verlo haciendo la vertical en la playa, que es también una postura de yoga. Sus perros, rescatados, callejeros, lo seguían a todas partes.Este sencillo pescador artesanal, de barba tupida y ojos de océano, pescaba días, sueños, anécdotas.
Dueño de un modo de vida sencillo, con una imagen rústica, que daba cuenta de que no era alguien a quien le interesaran las apariencias, lejos de la sociedad de consumo, tanto su generosidad como el halo de misterio que lo envolvió, lo convirtieron en un ícono.
Tras su partida, el 6 de agosto de 2003, han sido variadas las expresiones artísticas que destacaron su figura y la comunidad lo recuerda con palabras de cariño.
Atar cabos (poema del libro “Nudos”)
Los nudos atan cosas y personas. Pañuelos en los puertos. Distancias.
En el mar la distancia se mide con nudos. El nudo es una vuelta de cuerda sobre sí misma.
Al nudo de cada historia le espera un desenlace. Cuando Leif dejó este mundo
fui a vivir a su casa. Diez años. Después la casa se vendió.
Una topadora arrasó con ella y con todo lo vivo.
Un nudo en la garganta.
Nudos es la vida del pescador que inventó su leyenda. Y no queremos olvidar.
Traigo a Leif al poema como una foto que no se pueda borrar nunca.