Bahía Blanca | Sabado, 10 de enero

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Vaca Muerta ante la situación en Venezuela: qué cambia y por qué sigue en carrera

Los puertos de Bahía Blanca y Rosales hoy parecen ubicarse en el centro de la escena: detrás de cada embarque petrolero , pesan la logística, el tipo de crudo y los destinos que mandan en el negocio.

La reconfiguración del mercado energético volvió a colocar a América del Sur en el centro del tablero. La situación de Venezuela, su relación con Estados Unidos y los movimientos en torno a sus exportaciones de crudo reactivaron el debate sobre oferta, precios y competencia por inversiones. 

En ese contexto, para la Argentina se impone una pregunta concreta: ¿qué sucederá con las exportaciones de crudo de Vaca Muerta a Estados Unidos desde Bahía Blanca y Puerto Rosales, hoy uno de los principales canales de salida al mundo?

El interrogante no es menor. En los últimos años, los puertos del sur bonaerense se consolidaron como plataformas exportadoras del shale neuquino, con despachos regulares hacia refinerías estadounidenses.

Por eso, cualquier cambio en el tablero regional obliga a revisar si ese flujo corre riesgos o si, por el contrario, se trata de un vínculo estructural con fundamentos técnicos, comerciales y estratégicos, construido sobre calidad de producto, logística y previsibilidad contractual.

El giro en torno a Venezuela no implica una recuperación plena ni inmediata. La industria venezolana sigue condicionada por años de deterioro de infraestructura, restricciones financieras y un marco político inestable. Aun así, la posibilidad de mayores exportaciones vuelve a poner volumen adicional en el radar global. 

El efecto no es de sustitución directa sino de expectativas: más oferta potencial presiona precios y reordena inversiones en una región que compite por capital.

Para la Argentina, el desafío es doble. Por un lado, sostener la trayectoria ascendente de Vaca Muerta en un escenario más volátil. Por otro, aprovechar una ventana en la que el petróleo no convencional local ofrece atributos valorados por el mercado: crudo liviano, productividad creciente y costos en descenso, a medida que se consolida la curva de aprendizaje y se gana escala operativa.

La foto reciente de la cuenca neuquina muestra una industria que dejó de ser promesa para convertirse en plataforma exportadora. La producción de shale oil alcanzó nuevos máximos y las ventas externas pasaron a integrar el flujo normal del negocio. 

El sistema de evacuación se amplió con obras de midstream, mayor capacidad de oleoductos y un rol cada vez más activo de los puertos del Atlántico, que permiten colocar crudo argentino en mercados externos con regularidad. En paralelo, las operadoras profundizaron áreas de alta productividad, con más pozos por pad, mayor eficiencia en fractura y tiempos de perforación más cortos.

Ese combo mejoró la ecuación económica. Los costos operativos bajaron, la productividad creció y el negocio ganó previsibilidad. Vaca Muerta dejó de depender de picos de precios: hoy compite por eficiencia, logística y escala, lo que explica por qué, aun en un entorno internacional más complejo, el proyecto conserva atractivo para los grandes jugadores.

¿Qué cambia con Venezuela?. En realidad no hay competencia directa por calidad ni por mercados. 

El crudo de Vaca Muerta es mayormente liviano; el venezolano, pesado y orientado a refinerías con configuraciones distintas. Donde sí impacta es en expectativas de precios: más oferta potencial puede moderar valores y elevar la exigencia de rentabilidad

La opinión de YPF

En línea con esa lectura, Horacio Marín, presidente de YPF, sostiene que los cambios en Venezuela no alteran el futuro de Vaca Muerta. 

A su entender, aun con mayor oferta regional, el shale argentino mantiene ventajas por productividad, escala y calidad. 

La clave es sostener costos competitivos y continuidad de obras para exportar: la geopolítica mueve el tablero, pero la rentabilidad se define en el campo.

Desde el punto de vista técnico, la diferencia es clara. 

El petróleo de Vaca Muerta es liviano y de bajo azufre, demandado por refinerías orientadas a combustibles de mayor calidad.

El venezolano es mayoritariamente pesado, requiere conversión más compleja y apunta a mercados distintos. Por eso, más que competir barril a barril, influyen de modo diferente en precios e inversiones.

Exportaciones desde Bahía Blanca y Puerto Rosales

¿Y por qué hay quienes aseguran que las exportaciones desde Bahía Blanca y Puerto Rosales a EE.UU. no están en riesgo?

Fuentes consultadas señalaron que, lejos de amenazar los despachos, el escenario confirma que los envíos a Estados Unidos responden a una lógica técnica, comercial y estratégica.

El shale argentino encaja en refinerías de la Costa del Golfo, la Costa Este y el Caribe. No existe sustitución directa: a la diferencia de calidades se suma la lógica de arbitraje. EE.UU., aun siendo el mayor productor, importa cuando calidad, logística y precio lo justifican.

También pesa la dimensión geopolítica: Washington valora la diversificación de proveedores y el abastecimiento desde orígenes estables y previsibles. 

Dentro de ese mapa, la Argentina aparece como confiable. Comprar crudo argentino no es sólo mercado: es seguridad energética.

En este esquema, Bahía Blanca y Puerto Rosales se consolidaron como plataformas logísticas clave. La conexión con oleoductos, la capacidad para operar buques de gran porte y la regularidad de servicios explican un flujo sostenido. 

La infraestructura permite responder rápido a la demanda y capturar arbitrajes favorables.

Así, el eventual aumento de exportaciones venezolanas puede incidir en precios, pero no pone en riesgo la continuidad de los envíos de Vaca Muerta a EE.UU. desde los puertos del sur bonaerense.

El verdadero campo de disputa es el capital de los próximos años. Con Brasil, Guyana y una Venezuela que busca recuperar terreno, Vaca Muerta compite mostrando resultados. 

Argentina avanzó en infraestructura y acceso a mercados; mientras que la estabilidad regulatoria sigue siendo la condición necesaria para convertir potencial en inversión.

Por eso, si bien la reaparición de Venezuela no desarma a Vaca Muerta, sí eleva la vara. El mundo del petróleo se mueve por ciclos y por geopolítica; la ventaja competitiva se construye con productividad, infraestructura y reglas claras. 

Para la Argentina, el mensaje es claro: el contexto se vuelve más competitivo, pero la ventana no se cierra.

Vaca Muerta seguirá siendo una de las apuestas energéticas más relevantes de la región si consolida lo que ya demostró : producir más, a menor costo, con salida al mundo.