Bahía Blanca | Martes, 06 de diciembre

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“Por definición y naturaleza, el lenguaje siempre tiende a simplificar y no a complejizar”

Lo dijo la concejala Valeria Rodríguez. En la semana presentó un proyecto para derogar una guía de lenguaje no sexista aprobada en 2021.

Valeria Rodríguez pertenece a Avanza Libertad. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “Se estarían introduciendo nuevas palabras cuando el lenguaje, por definición, siempre tiende a simplificar y no a complejizar, ya que en su naturaleza se permite el entendimiento común”.

   La concejala Valeria Rodríguez, de Avanza Libertad, se refiere a uno de los argumentos de su proyecto —presentado esta semana en el Concejo Deliberante de Bahía Blanca—, que prevé eliminar la guía de lenguaje no sexista aprobada por el cuerpo en junio de 2021, con afectación a decretos, comunicaciones, resoluciones y ordenanzas emanadas desde el ámbito municipal.

   Fue un poco más allá en la explicación al afirmar que el lenguaje inclusivo no existe.

   “Es un error de denominación. Y no existe porque suponer que hay un lenguaje inclusivo implica, por ende, afirmar que hay otro que no es inclusivo”, dice.

   “Es una falacia y es un manejo ideológico para los tiempos que corren. Quienes estudian la lingüística, por más interpretaciones, cuestiones culturales, ideológicas y políticas que puedan hacer, están cayendo en una contradicción que la explican y justifican en función de su fin”, añade.

“Decir que el lenguaje no es inclusivo y que, entonces, hay que recomendar el uso de uno inclusivo es engañar al hablante y, además, proponerle un cambio en su idioma natural”, sostiene.

   “En este sentido, me importa remarcar que estaríamos cayendo hacia un comportamiento totalitario, que tiene más que ver con una conducta fascista que con una conducta inclusiva”, asegura Rodríguez, en diálogo con La Nueva.

   La guía de lenguaje no sexista fue aprobada —en forma unánime— tras la presentación de Analía López, quien aún forma parte del CD.

   En sus consideraciones, la propuesta de la edila del Frente de Todos promovía “el empoderamiento de la mujer” y pugnaba por “aprobar y fortalecer políticas acertadas para la igualdad de género".

   También se aludía a la guía como “un paso más en el proceso indispensable en la deconstrucción de la formulación histórica del lenguaje para proponer alternativas de uso más inclusivas".

   Para Rodríguez, se trata de una cuestión veladamente imperativa.

   “En el caso de Bahía Blanca, cuando se dice ‘crear una guía’ nadie está ordenando, si nos remitimos en forma literal, pero en el lenguaje el uso y la costumbre forman parte de la cotidianeidad y se hace norma lingüística; no ley”, aclara.

   “Pero no existe un señor Estado y, en este caso, peor, un Gobierno, que dice: ‘Este es el lenguaje correcto’. No le compete”, dice.

   “No tiene vinculación lingüística ni tampoco legislativa; y menos el Concejo Deliberante, como para proponer una guía que recomiende un uso más correcto que otro”, explica la concejala.

   “¿Si crear una guía es un frase armada con eufemismo? Puede ser. Suena bien. La palabra guía está cargada de un valor positivo, tal como inclusión. Ahora, lo contrario sucede con la palabra exclusión, que tiene carga negativa”, describe.

   “Además, se juega con la percepción de las palabras que tienen una connotación positiva y negativa. Dicho esto, que desde un aparato del Estado, sea cual fuere su nivel legislativo, y en el ámbito de la educación peor aún, se imponga cuál es la connotación válida, resulta algo perverso”, comenta.

   “Mas. Ni siquiera es malo; es adelantarse a que alguien tenga que pensar y valorar por sí mismo y darle sentido a sus palabras. Acá vale resaltar: la palabra es lo único que tenemos propio; es mucho más privada que la propiedad privada”, cuenta.

   “Con la crisis educativa que nos escatima contenidos, y con el cambio que hoy tenemos con las plataformas y el medio virtual, que lo celebro, se pierde cierta capacidad de lectura y, también, la capacidad de retener vocablos”, expresa.

“Y si encima luego viene una guía, supongamos llamada buena porque recomienda un uso inclusivo, pero que dice 'estos sí y estos no', estamos ante una clara restricción de la libertad de expresión”, asegura.

   Rodríguez, quien es traductora pública del idioma francés, dice que esta profesión está relacionada con el proyecto de derogación.

   “Se trata de algo que te hace estudiar la comunicación durante casi todo el tiempo. No es un tema del lenguaje, sino del entendimiento de las personas”, afirma.

   También sostiene la concejala que en la carrera del traductorado de francés no se va a aprender el idioma, ya que la traducción es una manera más de comunicarse.

   “Los traductores intermediamos en la necesidad de comunicarse entre dos personas que, justamente, no comparten el sistema de lenguaje en común. Por eso no traducimos palabras, sino contenidos”, aclara.

   Incluso, su interés se detuvo en la lingüística que analiza el discurso.

   “Lo que allí se estudia es lo que dice a través de las palabras. Por eso es complicado ser permeables a que se nos diga cuál es el uso adecuado para hablar”, asegura.

  En otro tramo de la charla, Rodríguez aludió a las cuestiones de género.

 “No me importa si es por la perspectiva de género, porque en estos días podría ser por las perspectivas sanitaristas, medioambientales u otras”, agrega.

   “Hay una confusión tan grave que a mí me parece que tiene que ver con una ignorancia absoluta, o porque se hace a propósito. Se refiere al género gramatical: no tiene nada que ver el género lingüístico con el género de la persona”, define.

   “Eso está aprehendido desde el inicio. Yo nunca me confundí: cuando les estoy diciendo algo a todos, lo estoy haciendo a todos quienes están conmigo; a todas las personas que están allí. No tengo confusión visual en mi cabeza para aclarar que les estoy hablando a los hombres que están compartiendo ese espacio”, cuenta.

   “Lo que se nos está quebrando es esa percepción. Eso es peligroso, porque no tiene nada que ver la supremacía masculina y demás”, añade la concejala de Avanza Libertad.

Los pasos del CD

   El proyecto, que promueve la derogación de la ordenanza N° 20.347, denominada Creando guía de lenguaje no sexista para elaboración de todo tipo de comunicación que surja del ámbito municipio, se presentó —este lunes 13— en la mesa de entradas del cuerpo bahiense.

   Valeria Rodríguez ingresó al CD bahiense el último lunes 13 de diciembre.

   “El Concejo actual no es el mismo de 2020, ni de 2021. Hoy, como concejal, tengo la posibilidad legislativa de revisar ordenanzas y derogarlas, que es también otra facultad”, comenta.

   La propuesta ya forma parte del orden del día de la próxima sesión, que se considerará y luego será tratada. Más tarde pasará a comisiones. Este proceso conlleva —se presume— alrededor de un mes.

Concejo Deliberante, en una imagen de 2021.

   “Igualmente, está la alternativa de tratar el proyecto sobre tablas, por decisión de labor parlamentaria, antes de que tengamos la sesión en el recinto”, aclara Rodríguez, no sin admitir los dos votos favorables, en alusión al acompañamiento de su colega de banca por Avanza Libertad: Martín Barrionuevo.

   “Lo importante de este debate es que se da la oportunidad de profundizar, en el sentido más importante de esto. Es decir, no puede haber una pauta en la manera de expresarnos, porque si no sería adoctrinamiento legislativo”, sostiene.

   “¿Si tengo expectativas para el debate en el Concejo? Sí, porque es una alternativa que tiene que ver con la madurez y que debe interpelar al sentido común y a ejercer el libre albedrío de cada uno de los concejales; en particular, de quienes no estuvieron en el anterior cuerpo, cuando se tomó la decisión”, dice.

“Acá estamos hablando de libertad de expresión, más allá de la connotación negativa que presupone que uno se estará oponiendo a algo o dejando afuera a alguien", expresa.

   “Es una chance de volver a explicar. Y cuanto más hablemos, mejor”, asevera Rodríguez.

Una lengua más que viva

   —Siempre se reconoce que el idioma español es uno de los más dinámicos. ¿Lo que se propone con la guía de lenguaje no sexista pasa por otro lado?

   —Claro. Acá se habla de lenguas vivas. Y la Real Academia Española (RAE), que es la figura académica que rige la normativa del español, no es prescriptiva; solamente reconoce, observa, identifica usos correctos e incorrectos y gramaticales o agramaticales, pero no sanciona ni prescribe ni coerciona para que sean usados.

   “Lejos de eso, incorpora los neologismos, que son las palabras creadas por las nuevas ciencias, costumbres e interculturalidades.

   “Pero la gran diferencia es que surge del intercambio natural de la mayoría de los hablantes y en acuerdo, en forma tácita, genuina y espontánea, y a lo largo de un determinado tiempo, en que se puede constatar que ese uso es repetido e igualmente entendido por quienes compartan ese lenguaje y que ya forma parte del habla cotidiana.

   “Esto no es lo que está pasando con el pretendido llamado lenguaje inclusivo. ¿Por qué? Porque no surge naturalmente, sino que todo el tiempo se está diciendo por qué hay que usarlo a partir de una necesidad que se nos muestra, además, que tampoco aclara que se trate de algo indispensable para la mayoría de los hispanoparlantes”.