Bahía Blanca | Domingo, 03 de julio

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La playlist del sexo

La evidencia en años de profesión demuestra que hay múltiples formas de expresar y hasta el silencio también comunica.  

   No hay nada peor que hablar y que no te contesten, hablar, decir, opinar y no saber qué siente el otro, no hay comunicación sino que podríamos decir que es un monólogo o un onanismo verbal.

   En la cama, y siendo convencionales, porque bien puede ser en un baño, en la cocina, en un parque, arriba de la mesa o en dónde te inspire, al momento de tener relaciones sexuales, la comunicación juega un rol clave. 

   Es importantísimo poder comunicar pero las preguntas son. ¿Qué comunicar? ¿Cómo comunicar?

   La evidencia en años de profesión demuestra que hay múltiples formas de expresar y hasta el silencio también comunica.  

   ¿Gemir o no gemir? ¿Esa es la cuestión? 

   Y si de gemir se trata podríamos confeccionar una playlist, la propia. Se gime como se puede, algunos son “más actuados” como copy and paste de alguna película, otros son más sutiles, otros son susurros al oído, otros son escandalosos como si el mundo debiera enterarse que el orgasmo está por venir.

   Todos gimen o al menos debieran empezar a confeccionar su propia lista. Esa mezcla de grito con sollozo, de disfrute, de desesperación, de euforia o de lo que se quiera expresar, además de autoestimulante le indica al otro algo así como “seguí así, no pares…”

   Gemir, emitir señales sonoras se convierten en la hoja de ruta por donde el otro debe andar, tocar, sentir… es la forma de comunicar y de potenciar, potenciar-se, potenciar-nos. Cuando el otro siente que “está haciendo una gran tarea” se genera un círculo virtuoso, placentero, y se quiere ir por más.

   ¿Actuar, fingir, sobreactuar? Acá no existe un está bien o está mal, pero el engaño o autoengaño nunca es bienvenido. A veces un gemido “guionado” es el primer paso para encontrar el propio repertorio, siempre digo que es mejor aunque sea un tímido aullido que el sexo muteado.

   No soporto el sexo calculado, milimetrado, ahora esto y luego lo otro, ahora arriba, luego abajo. No soporto las etiquetas, las mujeres gritan los hombres no, pues el gemido trasciende géneros y orientaciones, en estas cuestiones hay que dejarse llevar y liberar.

   La estimulación, la aceleración, los cambios en la respiración producto de la excitación se traducen en gemidos, por eso el desenfreno y el vigor tiene como “música de fondo” sonidos más potentes y hasta verdaderos bramidos.

   Sexo y sentidos van de la mano, el eje en este caso es el oído, a los olores y a los estímulos visuales ya nos dedicaremos, pero lo que escuchamos es fundamental. Como se dice ahora los que dijo “me la baja” o “me la sube”, también “me la seca” o “me la moja”, por ende el gemido del otro puede inducir mi propio orgasmo también.

   Soy una alentadora de gemidos, no importa si el vecino escucha, en una de esas hasta le resulta estimulante y emprende su juego. Tampoco importa si es melódico o salvaje, si es tímido o desinhibido; soltar la garganta libera tensiones y esos sonidos son los indicadores indiscutidos del destino al cual todos queremos llegar: el orgasmo.

   ¡Gemí! ¡Gritá! ¡Probá! Encontrá tu sonido, tu voz, tu grito. Creá tu banda de sonidos o tu playlist. Hacé lo que tengas ganas, lo que sientas, pero jamás, jamás reprimas. 

   Hasta el próximo encuentro.