Bahía Blanca | Sabado, 02 de julio

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Qué pasó con la noche bahiense: ¿volvió a ser como en la prepandemia?

Para el titular de un tradicional complejo, las fiestas clandestinas permanecen y son como “un mantero afuera de un negocio de ropa". Por su parte, un productor de fiestas alternativas sostuvo que "hoy en Bahía quedó chata la oferta de boliches”.

Valentina Manfrin vmanfrin@lanueva.com

   Los boliches y bares con funcionamiento nocturno estuvieron entre los primeros rubros en cerrar por las restricciones de la cuarentena implementadas en 2020. Y, por supuesto, figuraron entre los últimos en reabrir.

   Al inicio de la pandemia, la mayoría de la gente respetaba al máximo las prohibiciones de circulación pero, a medida que fueron pasando los meses, cada vez más bahienses comenzaron a realizar actividades. Incluso, si no estaban permitidas. Esto provocó la aparición de encuentros sociales entre grupos de amigos que, poco después, se transformaron en convocatorias más amplias hasta generar las famosas fiestas clandestinas.

   Pese a los intentos por controlarlas, los jóvenes siguieron adelante y las convirtieron en un paisaje habitual de los fines de semana, tanto en casas particulares como en lugares alejados y deshabitados.

   Con el regreso de los permisos para abrir sus puertas, los propietarios de locales nocturnos se preguntaban cómo funcionaría el mercado post cuarentena. ¿Las fiestas en lugares no habituales ni habilitados habían llegado para quedarse o todo volvería a la vieja normalidad?

A pesar de la apertura de boliches, siguen las clandestinas

   La Nueva. dialogó con productores de eventos que aportaron diferentes perspectivas alrededor de lo que quedó de las “clandes” en las costumbres de la juventud bahiense.

   Uno de ellos es Carlos Prattico, titular del tradicional Complejo Chocolate y DJ con una amplia trayectoria en el rubro. Desde su punto de vista, tras la reapertura de locales nocturnos “el movimiento se está generando, pero no bajó la cantidad de fiestas que surgieron en la pandemia”.


Carlos Prattico. (Foto: Instagram)

   Al ámbito de las discotecas, se suma ahora “un mercado paralelo de fiestas no autorizadas, muchas por fuera del partido de Bahía Blanca, que desde el nivel de seguridad, control, etcétera, no cumplen con lo mismo que tiene que cumplir un local bailable con habilitaciones y protocolos”, dijo.

   “Una fiesta no autorizada monta un escenario en una casa, carpa o campo, ponen música y la gente se traslada allá. Son costumbres que se han originado en la pandemia”.

   Según el empresario, para el negocio de los boliches este tipo de fiestas son como “un mantero afuera de un negocio de ropa, que vende los productos mucho más baratos porque no tiene que pagar las habilitaciones” y remarcó que la situación provoca una importante desigualdad en la oferta.

   “La libertad o libertinaje que permiten los eventos no autorizados o clandestinos hace que la competencia sea dispar. Hay una libertad en ese tipo de eventos que no se puede dar en las discotecas. Por ejemplo, que no tienen límite de horarios”.


La pista principal de Chocolate en 2019. (Foto: Facebook Complejo Chocolate)

   Prattico indicó que las habilitaciones municipales son necesarias por razones de seguridad. “Hubo casos de fiestas en los que ha tenido que intervenir Tránsito, porque se hacían lejos y los chicos volvían manejando borrachos. O casas que hay que desalojar porque hay riesgos en seguridad”.

   En cambio, “en las discotecas habilitadas hay una ley que regula el funcionamiento y establece un horario de cierre, que es el que todos conocemos. Pero las fiestas de este tipo son hasta las 10 de la mañana, hasta que las puede desalojar algún ente de control”.

   Hoy en los boliches bahienses “se están generando buenas apuestas”, aseguró. Y destacó que “Bahía Blanca es una ciudad muy especial, que por los precios de las entradas es muy conveniente al bolsillo de la gente”.

   “Hay fiestas que han sido clandestinas y ahora han entrado en el marco de lo legal”, dijo, por su parte, el DJ y productor de eventos Juan José Rodríguez, de 55 años, conocido como “Chuek-oh”.


Juan José "Chuek-oh" Rodríguez. (Foto: archivo La Nueva.)

   Desde finales de los '80 trabaja en locales nocturnos de Bahía Blanca y la zona y es, además, conductor de radio. Sobre el panorama de la noche tras el regreso de los boliches, reconoció que la reapertura “superó” sus “expectativas de convocatoria”.

   Consideró que “los protocolos no existieron en Bahía ni en toda la Argentina”, y recordó que “de querer implementar una parafernalia tipo la NASA”, en materia de medidas de cuidado, “se pasó a una apertura total y hoy en día se vive en forma natural”.

   Para Chuek-oh, una de las principales razones de esta rápida repercusión fue que “los adolescentes nunca sufrieron el temor de la pandemia, nunca se vieron afectados”. En ese marco, “la cantidad de fiestas clandestinas fue tremenda”, resaltó.

   Observó que las reuniones que fueron “clandestinas y exitosas”, ahora siguen existiendo, pero “van al municipio y gestionan su legalidad. Y eso surgió con la pandemia”, consideró.

   “Ese tipo de eventos siempre movilizan a adolescentes y universitarios. Yo creo que cuando alguien pasa los 25 o 30, empieza a buscar servicio. No es lo mismo estar parado en un campo e ir a un baño químico, que estar en una discoteca tomando en un vaso de vidrio. Cuando hay más edad, las fiestas no son en el campo”, sostuvo el DJ que organiza fiestas para un público de mayor edad, algunas de ellas en el Club Universitario.


La entrada del Club Universitario (Foto: Tomás Bernabé - La Nueva.)

   Sobre los adolescentes menores de edad, destacó que “no tienen un lugar que los contenga” en el circuito de discotecas. “Yo trabajé durante 8 años en un boliche que cerró hace un tiempo, adonde iban adolescentes. Ese era el mejor lugar donde un chico de 17 podía estar contenido, porque si tenía que tomar un trago, no iba a tomar 20, y si alguien sentía un olor raro, lo agarraban de la oreja y llamaban a los padres”, recordó.

   “Hoy en día es un lugar necesario, un filtro necesario”, dijo. “Esa discoteca sería de contención para un público de unos 16 años. Porque hoy los chicos se reúnen entre ellos y no tienen límites”. Opinó que “hoy la gente con los jóvenes se escandaliza, pero el mundo de la discoteca es de ellos. Siempre hubo menores en las discotecas”.

   “Yo apuesto siempre” a los locales bailables --dijo-- porque estoy dentro del circuito y veo el esfuerzo que hacen los dueños en pagar todo lo que hay que pagar”. Y recordó que “años atrás, el 24 o 31 de diciembre yo he estado en discotecas en las que no entró una sola persona en toda la noche, un récord Guinnes, porque había otras fiestas en campos”.

   Uno de los organizadores de este tipo de fiestas alternativas es Francisco Cura, de 25 años, quien junto a sus amigos creó Seven Producciones, una productora de eventos. Es DJ y, si bien ha trabajado en boliches, elige organizar fiestas por su cuenta.


Francisco Cura. (Foto: gentileza)

   “En el último tiempo hubo un cambio en el tema de los horarios de las fiestas, principalmente”, opinó sobre las costumbres actuales. “Durante la pandemia hubo muchas fiestas clandestinas, en las cuales la gente iba al medio de descampados o rutas, que comenzaban a las 4 o 5 de la mañana y duraban hasta el mediodía”.

   Para él, tras el regreso de las discotecas, los horarios quedaron “desfasados”, porque “un boliche cierra a las 5.30 y hoy la gente elige ir a fiestas que duren más tiempo y se hagan hasta más tarde”.

   “Considero que el entretenimiento nunca se detiene. Es mucho peor prohibirlo que regularlo, porque sino se va a dar de manera clandestina. Es una necesidad de la gente, entonces es mejor acompañar y controlar que censurarlo”, afirmó Francisco, quien además aseguró que para sus fiestas suelen conseguir habilitaciones con horarios extendidos.

   “El hecho de ir a bailar y salir de fiesta es una manera de expresión. La gente sale para olvidarse de su trabajo y otras cosas. Y eso hace que sigamos haciendo fiestas”, manifestó.

   Cura y sus amigos organizan fiestas hace “más o menos 4 años”. Contó que la idea surgió porque “no teníamos un lugar adonde ir y pasarla bien. Yo no me divertía en los lugares adonde iba. Entonces dijimos 'bueno, generemos nuestro propio lugar y hagámoslo nosotros'. Y la gente lo aceptó y les gustó”.

   Para Francisco, hoy “en Bahía quedó chata la oferta de boliches”.

   “Es siempre lo mismo y no aparecieron cabezas nuevas dentro de la noche para proponer cosas innovadoras. Si bien he trabajado en boliches, es complicado cambiar la mentalidad de los que están al mando. Vienen con una vieja escuela de invertir poco y ganar mucho".

   “Nosotros elegimos dejar de lado esa vieja mentalidad", retrucó. "Buscamos apostar la mayor parte de lo recaudado en mejorar la producción del evento. Desde el ingreso, hasta cómo son las barras, los tragos, luces, el hecho de que haya varios DJs o hasta VJs, que son los que ponen visuales en las pantallas”, dijo. Sin embargo, por los elevados costos de estas producciones, consideró que en Bahía Blanca no se podrían hacer todos los fines de semana.

   También mencionó a las fiestas de música electrónica, que “acá en Bahía están creciendo”.

   Notó que “hay un público nuevo que está empezando a salir y está siendo un poco más aceptado. Pero le falta todavía más tiempo, porque la gente tiene que tener la oportunidad de ir a una fiesta y sacarse el prejuicio de la cabeza. Los shows de música electrónica son los que más tickets venden a nivel mundial, más que cualquier otro tipo de evento”.


Fiesta de Navidad en un campo de Coronel Rosales. (Foto: gentileza Seven Producciones)

   Aunque habituales, las fiestas que se trasladan a campos alejados no son las únicas que dan vueltas en el panorama de la noche bahiense; menos aún en las frías noches de invierno. 

   Ya sea con motivo de recibidas, cumpleaños o simplemente porque sí, las "jodas" particulares en casas o salones quedaron asentadas como otra de las alternativas para pasar la noche de viernes y sábados. 

   Si bien estas fiestas existían previo a la pandemia, se convirtieron en parte prioritaria del panorama para un sector de jóvenes que dejó de ver a los boliches como la primera opción.

   En conclusión: en el marco de la tendencia que se venía dando en los últimos años, el aislamiento logró instalar las fiestas alternativas en la "movida" de la noche bahiense. No obstante, los boliches siguen funcionando e intentando renovar sus propuestas.