Bahía Blanca | Sabado, 21 de mayo

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El bebedero de calle Brandsen recupera su color de origen

La decisión tomada desde la comuna es quitarle las capas de pintura viejas y darle un tono gris, aún no definido. 

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com
Audionota: Gino Mondino (LU2)

   Luego de la polémica que desató la elección de un color azul eléctrico para su repintado en febrero último, la fuente- bebedero de avenida Cerri y Brandsen está próxima a recuperar su color original o al menos tratar de acercarse al mismo lo más posible.

   Por ahora la decisión tomada desde la comuna es quitarle las capas de pintura y pintarlo en color gris, aunque queda todavía definir la tonalidad.

   Así lo confirmó a este diario Christian Díaz, Director General de Museos y Arte de nuestra ciudad, quien tomó a su cargo la tarea de analizar la situación luego de que personal municipal interviniera la pieza de hierro fundido eligiendo un color que muchos consideran completamente inadecuado.

   “Convocamos a expertos, entre ellos arquitectos, historiadores, ingenieros y restauradores, para estudiar el tema. Una de las cuestiones fue establecer con cierta exactitud cuál era el color original de la pieza o si el hierro quedó expuesto en su estado natural”, explicó Díaz.

   El primer paso fue quitar la pintura actual, buscando detectar que tonos previos tuvo. Se sabe que cuando se recolocó en el lugar, en 1998, fue pintada de color gris, aunque esa fue también una decisión arbitraria, que no necesariamente respetó el tono original.

El fondo

   La pregunta es si realmente es posible establecer cuál era el color original del plato, ubicado en ese lugar a principios del siglo XX.

   Por entonces la tracción a sangre era protagonista del movimiento local, tanto los servicios que prestaban los mateos, como los carros que repartían pan, leche, verduras, hielo, bebidas y los quinteros de la ciudad y la zona. Disponer de un sitio donde los animales pudiesen tomar agua era una necesidad que no podía desconocerse.

   Además del de Brandsen y avenida Cerri hubo un segundo plato en la avenida Arias, camino a Ingeniero White.

   Una persona con autoridad para dar su opinión es Héctor Guerreiro, quien publica el boletín “Caminos de Hierro en Bahía Blanca” y es autor del libro “Los ferrocarriles en Bahía Blanca (1884-1948)”.

   A su entender, el color del bebedero que más se aproxima al original es el negro.

   “Me inclino por ese tono porque es el que los ingleses usaban por lo general en los metales a la intemperie: pintura a base de minio como antióxido y luego aplicaban pintura asfáltica”, detalló. El negro está presente en los puentes que construyó el ferrocarril, tanto el peatonal de la avenida Cerri, como el de la avenida Colón, entre Chile y Brickman, y el del parque de Mayo.

   De todas maneras, no se descarta que haya tenido un color cobrizo o estar expuesto el hierro, como es el caso del puente peatonal de la estación Spurr, en Villa Rosas.

   Estudiando la puesta en valor de bebederos similares en ciudades inglesas, el negro parece imponerse, aunque hay casos singulares, como pintadas en dorado las patas o los platos en azul o verde.

Una única pata original

   Los bebederos que hubo en la ciudad, al menos dos, fueron adquiridos, mediante catálogo, a la fábrica Walter Macfarlane, con talleres en Saracen Foundry, Escocia, uno de los fundidores arquitectónicos de hierro más importantes del mundo.

   Se menciona que “ninguna empresa igualó a su fundición en estatura, calidad, producción o alcance global”.

   Elementos de hierro fundido de Macfarlane se pueden encontrar en India, Australia, Malasia, Canadá y Grecia, México, Chile, Brasil y Argentina.

   La empresa empleó a artistas destacados para sus diseños. La decoración era muy atractiva y las casas de comercio locales disponían de libros de dibujos y catálogos de sus productos, con una variedad que incluía aparatos eléctricos, estufas y chimeneas, elementos para caballerizas, implementos agrícolas, estructuras para quioscos, escaleras y marquesinas, portones y rejas y, claro, distintos tipos de bebederos, entre ellos los que se eligieron para nuestra ciudad, los cuales tenían un modelo alternativo que incluía una columna de iluminación en su centro. 

Una obra alejada del original

   Un detalle no menor del bebedero de Brandsen y avenida Cerri es que, salvo una de sus patas, el resto no es parte de la obra original, sino que se trata de una reconstrucción realizada en 1998, administración del intendente Jaime Linares, luego del hallazgo, en los talleres municipales, de una de las patas que sostenía el plato.

   El bebedero se había retirado de su lugar en la década del 60 para una reparación que jamás se llevó a cabo.

   Con ese único elemento se recurrió a los talleres de fundición de la Base Naval Puerto Belgrano para rehacer, como primer paso, las tres patas faltantes.

   Posteriormente se realizó el plato, con mano de obra de empleados de los talleres comunales, a partir de fotografías y un cuidadoso trabajo de reproducción a escala.

   Finalmente se tomó la decisión de reubicarlo en su emplazamiento original, aunque reconvertido en parte de una fuente, colocando la pieza sobre un pedestal y no sobre los adoquines, tal era su posición verdadera.

   El gris fue elegido entonces como terminación, aunque esa elección no respondió a una investigación puntillosa del color al momento de su llegada a nuestra ciudad.