Los cien años de Mario Bunge, el filósofo de la ciencia

21/9/2019 | 07:00 |

Doctor en Física y filósofo, ha enseñado toda su vida la importancia de discutir sobre bases científicas todos y cada uno de los problemas que derivan de la vida, no dando por cierta ninguna aseveración que sea debidamente argumentada. 

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

 

"No tengo la intención de dedicarme profesionalmente a la ancianidad: siempre seré un mero aficionado. Nunca he sentido vocación por la vejez". Mario Bunge.

 

   Cumple hoy 100 años el filósofo y físico argentino Mario Bunge, radicado en la ciudad de Montreal, Canadá, desde 1966, considerado uno de los más relevantes pensadores del siglo XX.

   Nacido en Florida, Buenos Aires, doctor en Física y Filósofo, es autor de más de 50 libros, distinguido con 21 doctorados honoris causa, entre ellos el otorgado por la Universidad Nacional del Sur en diciembre de 1996, profesor honorario en universidades de América y Europa y merecedor de premios de todas las tallas, incluido dos veces el Konex y el Príncipe de Asturias.

   Por estos días, en que se multiplican los saludos y contactos por su centenario, demoró apenas un par de horas en contestar –vía correo electrónico-- algunas preguntas realizadas desde este diario. Lo hizo de manera escueta, es cierto, pero inmediata y con máxima precisión.

Ateo, ocupado y un ¡Viva la UNS!

   Consultado sobre la compleja situación política y económica que atraviesa nuestro país, señaló que la misma "no le asombra", aunque reconoció que "le duele". Bunge decidió irse del país en 1966 –entonces era docente en las universidades de Buenos Aires y La Plata--  luego del golpe que derrocó a Arturo Frondizi y preocupado por cómo se desenvolvía el país.

   Mantiene su postura de no creer en la existencia de un alma o de un Dios. "La ciencia es atea", señala, aunque menciona que cada científico “debiera adorar a quien les plazca"

   Jubilado desde hace años, ocupa sus horas “leyendo todo tipo de publicaciones” y escribiendo artículos para revistas especializadas. “No hay un día que no escriba algo”, detalla.

   Guarda un vivo recuerdo de sus visitas a Bahía Blanca –"que fueron varias", según indica--, resaltando que siempre le llamó la atención “el interés de los bahienses por la ciencia y la filosofía científica". Prueba de esa observación es que cerró su reflexión con un enfático "¡Viva la UNS!".

   La única pregunta que Bunge no contestó fue la referida a cómo vive su vejez, a sus cien años. Simplemente la ignoró.

Apuntes de otro tinte

Mario Bunge es parte de una familia emblemática de nuestro país, siendo algunos de sus hermanos los fundadores de la firma Bunge y Born.

Su primer matrimonio fue con la arquitecta Julia Molina y Vedia, con quien tuvo dos hijos. Luego se casó con una docente de la Universidad de Canadá, Marta Cavallo, con quien tuvo otros dos hijos.

Julia era hija de Julio Molina y Vedia, primer rector del colegio Nacional de nuestra ciudad y  proyectista del Palacio de la Previsora,  en Alsina y San Martín, construido en 1911.

Una sobrina de Bunge, hija de su hermana Delfina, fue una destacada arquitecta, casada con el arquitecto Amancio Williams, autor de la mítica Casa del Puente de Mar del Plata y colaborador del arquitecto Francés Le Corbusier en el diseño de la Casa Curutchet de La Plata.

Frases sueltas

(De su libro 100 ideas)

“La mayor estafa que se puede hacer en la cancha es meter un gol con la mano. Pero para salir ileso de semejante hazaña hace falta ser un Maradona. Y no cualquiera es un Maradona”.

“Mi legajo del colegio secundario no es ejemplar. Es más bien un prontuario. Yo era un alumno mediocre en un colegio secundario que, aunque prestigioso, era anacrónico”.

“El psicoanálisis es una curandería irresponsable, que explota la credulidad. Es la teoría de los que no tienen teorías científicas de lo mental ni de lo cultural”

“El machismo no existiría sin el apoyo de las escuelas, iglesias y literatura que proclaman dogmáticamente la inferioridad intelectual de la mujer”

La primera vez

Mario Bunge visitó por primera vez nuestra ciudad hace 60 años, en septiembre de 1959, invitado por la filial local del Colegio Libre y Estudios Superiores. Disertó en la sala de actos de la biblioteca Rivadavia sobre “¿Qué es un problema científico?”.

Entre sus dichos definió al hombre como “el único animal problematizador”, capaz de complicarse la vida inventando problemas e incluso “asignando más talento a quienes son capaces de advertirlos que a quienes son capaces de resolverlos”.

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