Bahía sin kerosene

29/12/2019 | 12:25 |

Pocas bocas de expendio, largas colas.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com  

 Hace 74 años,  en enero de 1945, la carencia de kerosene constituía un verdadero inconveniente para la población de Bahía Blanca.
Combustible por excelencia de aquellos tiempos, el kerosene era indispensable para "el mantenimiento de los calentadores con que se sometía a cocción los alimentos cotidianos". 
   Su venta estaba a cargo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), empresa que disponía de cinco surtidores en distintos puntos de la ciudad -ubicados, solitarios, en la vereda, junto al cordón-, lo cual resultaba escaso para una demanda en constante crecimiento.
   La estación Karikal, que Juan Vallasciani tenía instalada en Alsina 340, comenzaba el expendio a las 8 de la mañana y desde esa hora la cola servía de encuentro para comentarios y protestas por lo lento del servicio. 
   Idéntica situación vivía Luis Cienfuegos, quien lo expendía en la vereda de la calle Donado, en el Mercado de Abasto, a partir de las 18 horas.
   El espectáculo conformaba una página por demás ilustrativa de la época: la gente con su botella de vidrio de un litro o alguna lata de dos, que era el máximo que se vendía por entonces. 
   Ante el reclamo popular, este diario señaló que existían tres expendedores más -"estratégicamente ubicados"- que tenían "el deber" de vender a los ciudadanos el preciado elemento. 
   Se trataba de los establecimientos de Victoriano Pérez Morató -en Villa Mitre-; los surtidores de la Cooperativa Ferroviaria y la motobomba propiedad de la señora Manuela Z. de Pantaleone, en Brandsen 242.
   Vecinos de barriadas suburbanas -por caso, el barrio San Martín- exigían, además, que se ampliaran los lugares de venta, pues no era alentador viajar cada día "al centro" a comprar un litro de kerosene. 
   Combustibles de otros tiempos, con problemas propios.

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