¿Nuestro puerto?

6/5/2018 | 06:30 |

   El Puerto de Bahía Blanca -un actor clave para el desarrollo de la ciudad, pero del que poco se conoce a nivel ciudadano- viene experimentando desde hace unos meses un confuso proceso que parecería horadar el principal pilar del fuerte crecimiento que experimentó durante los últimos 20 años: su autonomía; es decir, la posibilidad de que el destino de nuestra terminal lo administre un consorcio donde estén fuertemente representados los intereses de los usuarios locales.

   La primera acción que puso dudas sobre la voluntad del gobierno nacional de respetar o seguir fomentando la autonomía de nuestro puerto fue la designación sorpresiva, el año pasado, de Miguel Donadío como presidente de la entidad, sin mediar ninguna consulta con las autoridades locales. 

   Por supuesto, la designación de Donadío -según él mismo se encarga de asegurarlo por encima del poder local e incluso del de la gobernadora- no tiene nada de malo en sí misma; excepto, por supuesto, si sus energías -o la falta de estas- estuvieran dirigidas hacia intereses diferentes a los del ente que preside; por ejemplo, que sus acciones se sometan a una política nacional portuaria que no contemple a Bahía Blanca en el lugar que debe ocupar por merecimientos indiscutibles.

   ¿Es posible que esto ocurra? Podría ocurrir si Donadío tuviera –como parece un hecho- aspiraciones políticas y necesite, en consecuencia, el favor del poder central, por saberse carente del aprecio electoral de los bahienses que a nivel masivo, prácticamente, no lo conocen.

   Ahora se suma otro capítulo en el aparente proceso de construcción de poder individual por parte del presidente del Consorcio a costa de los intereses locales y provinciales. Se trata de la posibilidad de que se contrate a un gerente general -un puesto clave en la administración del Consorcio- proveniente de otros puertos, probablemente Cartagena, en Colombia.

   No hay que pecar de avieso para sospechar que alguien sin arraigo local y con relaciones afuera no termine mirando por encima de los hombros de la ciudad hacia algún otro interés cada vez que recomiende un curso de acción. Como mínimo, es un riesgo demasiado grande para tomarlo -como se viene diciendo en mesas chicas y preocupadas-, solo para limitar las posibilidades de otros candidatos con vuelo local propio como, por ejemplo, Pablo Pussetto, quien fue vetado por Donadío, a pesar de sus reconocidos merecimientos, por su “relación con el poder municipal”.

   Para entender la dimensión del cargo que se pone en juego, basta recordar que el puesto de gerente general lo ostentó, hasta su alejamiento, el ingeniero Valentín Morán, artífice del crecimiento de la terminal gracias a su profundo conocimiento y, sobre todo, a su férreo compromiso personal con el puerto y nuestra región.

   El tema puede parecer sectorial, casi ajeno, para la mayoría de la opinión pública. Sin embargo, la defensa de la autonomía portuaria es una cuestión estratégica y de Estado para la ciudad y su zona, y no puede quedar sometida a los vaivenes de intereses políticos de nadie.

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