Un éxito de todos

4/11/2018 | 07:00 |

   El golpe letal asestado la semana pasada a la que quizás sea la banda narco con asiento local más pesada que se conozca habla sin rodeos del nivel de intolerancia que la ciudad demuestra hacia uno de los principales flagelos que enfrentan las sociedades modernas. 

   Porque la detención del presunto narco Walter Ledesma y de sus cómplices, así como la larguísima serie de procedimientos exitosos contra la droga realizados en los últimos tiempos, no son acciones aisladas ni fortuitas. Son, en cambio, producto de la convicción por blindar Bahía Blanca al narcotráfico que sostienen múltiples actores locales que integran las fuerzas de seguridad, los organismos de inteligencia, las fiscalías y el poder judicial, uno de cuyos fueros, el federal, se encuentra en un elogiable proceso de reconstrucción, tras años de funcionar sobre los hombros de unos pocos magistrados y funcionarios por las demoras en los nombramientos necesarios.

   Es un hecho --y en la ciudad ha quedado demostrado tanto por acción ahora como por omisión, en un pasado reciente-- que ninguna política general puede resultar efectiva si en la primera línea del campo de batalla de la guerra al narco hay dudas o agachadas y ni hablar de complicidades. O se está a favor de cerrarles las puertas al narco y de esto se hace el núcleo de un acuerdo transversal, o se deja la puerta abierta para que estas mafias que están siempre al acecho entren y nunca más se vayan. 

   Por fortuna, a la luz de los últimos resultados, en Bahía Blanca está consolidándose una conjunción de voluntades que entiende que no existe fuerza más determinada en sus intereses que el narcotráfico, ni sociedades más dañadas y pocos confiables que las que tomaron su amenaza con liviandad, desidia o incredulidad y ahora son sus rehenes. Son esas voluntades unidas las que deben sostener esta política incipiente de narcotolerancia cero.

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