Hackear el futuro de nuestros hijos

5/8/2017 | 07:38 |

Por
Walter Gullaci

Julia acaba de festejar sus 14 años.

No para de sonreír, de "inventar" golpes con su palo de hockey. Y de pelear con su hermanita menor, de 7, por quién de las dos se adueña definitivamente de la pieza que comparten en su casa.

Típica adolescente que suele pasar más tiempo del indicado con el celular frente a sus enormes ojos negros, experimenta día a día, aunque con los límites que le imponen sus padres, en las redes sociales. De Facebook a Instagram y visceversa. Y los constantes mensajes de whatsapp a sus amigas, claro.

Hasta que... Alguien hackea sus cuentas. La insulta, la humilla, la invade... Ya nada es igual. La experiencia ya resulta un trastorno. Y hay que pararla para que no se convierta en algo más neurálgico. En una pesadilla.

Como ella, muchísimas jovencitas pugnan por conseguir likes. Ése parece ser el mandato que rige la vida (¿virtual? ¿real?) de los adolescentes que han sucumbido al reinado de Instagram. Pero esta vez, ningún “me gusta” modificará su incredulidad.

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Una investigación de la ONG anti-bullying británica Ditch The Label sugiere, entre muchas otras cosas, que las redes sociales están creando una juventud más ansiosa.

Pero, además, habla de los efectos nocivos que surgen de esta nueva era que inexorablemente experimentan la mayoría de nuestros jóvenes. Entre ellos, el ciber bullying.

Entre más de 10 mil personas de entre 12 y 20 años se probó que esa práctica está bastante más extendida de lo que se suponía: cerca del 70 por ciento de los jóvenes reconocieron haber tenido comportamientos abusivos hacia otras personas on line y un 17 aseguró haber sufrido bullying virtual.

Pero se ha llegado a extremos como desarrollar el minucioso aprendizaje de cómo hackear, por ejemplo, una cuenta de Instagram para saber la contraseña que utiliza otra persona y así espiarle “su alma”. Y, en ocasiones, intentar devastarla.

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Jani apenas tiene 10 años, pero su corta edad no le ha impedido descubrir un error en el sistema de Instagram que le ha permitido hackearlo.

Este pequeño finlandés ni siquiera alcanza la edad necesaria para poder tener su cuenta, pero tras descubrir un error en esta aplicación, se ganó una recompensa de nada menos que 10 mil dólares por parte de Facebook, que es la propietaria.

El pequeño sostuvo en el medio finlandés “Iltalehti” que "podría eliminar cualquier cuenta, incluso la de Justin Bieber". Y tiene solo 10 años.

En suma, queda claro que abrir ingenuamente la intimidad sólo para un grupo selecto de amigos o familiares puede convertirse en un viaje no deseado hacia lo desconocido, con peajes y “espectadores” indeseables y un destino, al cabo, que puede convertirse en tortuoso.

Ante esto, y cada vez más, los padres deberemos asumir de una buena vez el verdadero compromiso que la vida nos legó.

El de ser tutores y no meros espectadores de cada acto de nuestros hijos.

Muy especialmente, aquellos que los seducen y vinculan a las redes sociales.

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