El sueño de las reformas de “segunda generación”

26/8/2017 | 07:51 | El gradualismo que se eligió para encarar los problemas que enfrenta el país demostró ser una buena fórmula para ir hacia la reactivación.

Por
Pablo Wende

El resultado de las PASO y las estadísticas del INDEC tienen de lo más entusiasmados al mundo empresario. Este optimismo quedó más que claro en el tradicional encuentro que el Council of the Americas organizó en Buenos Aires, donde confluyó medio gabinete para disertar y también los principales ejecutivos de la Argentina, elenco estable de este tipo de encuentro en los últimos años.

Los datos oficiales de crecimiento, que coinciden con los de las consultoras privadas, mostraron que ya para junio 14 de los 15 sectores de la actividad se encuentran un período en expansión. Lidera la construcción, gracias al gran impulso de la obra pública, pero también aparece con fuerte empuje algunos sectores rezagados como el textil, que había sido uno de los más retrasados en la caída de 2016.

La economía crece y lo hará todavía más por lo menos en los próximos tres meses. Se cumplieron así los vaticinios que había a principios de año: para octubre, en el momento de la elección legislativa, la economía llegará en su mejor momento. Incluso el crecimiento interanual que ya muestra un salto del 4% podría superar el 5%. Además de la mejora indudable de todos los indicadores, también ayudará la comparación con un tercer trimestre del año pasado que había resultado especialmente flojo.

De todos los sectores que mejoran, es indudable que el que más satisfacción le genera al gobierno es el de la industria. En julio ya tuvo su tercera suba consecutiva y se acercó al 5,5% interanual. De esta forma, prácticamente ya se recuperó de todo lo que había caído el año pasado. Pero es cada vez menos lo que “derrama” de este sector en la economía en general, básicamente porque ya no genera tanto empleo como en el pasado. Para ganar competitividad es inevitable acelerar el proceso de robotización e incorporación tecnológica, mucho más que la creación de puestos de trabajo.

El “establishment” que se reunió el último jueves en el Hotel Alvear se mostró en un pico de fervor por los “brotes verdes” que lucen más robustos, pero también por la consolidación que consiguió el Gobierno en las elecciones primarias. Incluso la reñida elección en la provincia de Buenos Aires pasó a un segundo plano, aún cuando todavía no están los resultados del escrutinio definitivo y todo indica que Cristina Kirchner logrará una pequeña luz sobre su rival. El escenario que más preocupaba a los mercados –una victoria de la expresidenta- ahora no parece inquietar tanto, al menos hasta que se acerque la elección en octubre.

El FMI volvió a vaticinar que la economía crecerá 2,4%, pero se quedó atrás con el cálculo, que en realidad viene de la última estimación en abril pasado. El consenso es, en realidad, que la economía crecerá 3% este año y tal vez alguna décima por encima. Y en el palacio de Hacienda se entusiasman con la posibilidad de llegar al 4% o incluso un poco más el año que viene. No será fácil porque el esfuerzo fiscal es más que significativo. Bajar el rojo del 4,2% al 3,2% requerirá nuevamente de fuertes ajustes de tarifas para reducir la carga de los subsidios. Y esto impactará el proceso de mejora que el salario real viene teniendo a lo largo de 2017.

La gran incógnita es hasta qué punto se puede sostener en el tiempo la reactivación de este año, que finalmente no es otra cosa que recuperar lo perdido (y apenas un poquito más) en un muy flojo 2016. La respuesta que da el Gobierno para este dilema son las reformas de “segunda generación”. El concepto lo había acuñado en su momento el FMI, allá por la década de 1990 para referirse a los cambios de fondo que precisa encarar el país para volverse más competitivo. Eran años en donde la Convertibilidad había permitido un fuerte crecimiento, pero empezaba a mostrar signos de agotamiento. Y la rigidez cambiaria del 1 a 1 requería de otros esquemas para que las empresas pudieran expandirse.

Ahora volvió el debate, casi en el mismo lugar en el que había quedado hace ya veinte años. La reforma impositiva y la laboral, junto a la previsional, representan los principales temas en los que está trabajando el Gobierno y que serán el eje de la discusión parlamentaria a lo largo de 2018.

El punto de partida es más o menos el mismo, o sea la incapacidad de generar mejoras competitivas a través del tipo de cambio. Cualquier suba exagerada del dólar le pega directamente a la inflación, por lo que el remedio de la devaluación termina generando un problema mayor.

Bajar la presión tributaria que agobia al sector productivo e ir hacia un esquema de contratación más flexible se vuelven imprescindibles para sostener la reactivación. Si no se avanza en esa dirección, más temprano que tarde volverán las recaídas típicas que se vienen dando desde 2012.

El gradualismo que se eligió para encarar los problemas que enfrenta el país demostró ser una buena fórmula para ir hacia la reactivación.

Pero ahora el Gobierno enfrenta el mayor desafío, que es mostrar con hechos concretos que es factible bajar el déficit fiscal en forma sostenida (es decir hacer el ajuste en serio) y al mismo tiempo sostener los niveles de crecimiento entre el 3% y el 4% anual.

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