El país sigue rindiendo examen

24/6/2017 | 08:01 |

Por
Pablo Wende

Todo el mundo esperaba que el mercado local consiguiera el ansiado ascenso.

En términos futbolísticos era como pasar la “C” a la “B”, es decir no jugar en Primera pero sí empezar a codearse con equipos mucho más importantes.

Sin embargo, finalmente el MSCI (la sigla que representa al grupo Morgan Stanley Capital Index) decidió que al menos por un tiempo más la Argentina seguirá considerado como un mercado “fronterizo” en vez de “emergente”.

El impacto inicial fue relativamente importante pero duró muy poco. El dólar tuvo un salto hasta $ 16,65 pero a las pocas horas revirtió el repunte, mientras que las acciones tuvieron caídas en promedio de 6% que también recuperaron en buena parte al día siguiente.

El motivo es que aquel ansiado “ascenso” significaba que una enorme cantidad de fondos internacionales debían incorporar acciones argentinas en sus portafolios. Esto hubiera generado una demanda adicional por activos locales, que ahora no estará.

Los “traders” locales advierten, por otra parte, que por lo menos una parte de la ganancia acumulada por la Bolsa local este año tenía incorporada la expectativa de ese regreso del país al mundo emergente.

Ahora, la Argentina seguirá en un listado en el que comparte el cartel con países como Nigeria, Líbano o Ghana.

Y tendrá que seguir esperando para competir en otro tipo de ligas en la que participan China, India, Rusia, Sudáfrica, México o Brasil, por sólo citar algunos nombres.

El comunicado del MSCI fue por demás elocuente sobre los motivos que llevaron a demorar al menos un año más esta recalificación.

Básicamente, sostiene que la Argentina “reúne prácticamente todos los requisitos” para mejorar en la lista, citando entre otros la eliminación de los controles de capitales o la posibilidad de repatriar ganancias libremente al exterior. Pero inmediatamente después explica que aún es necesario esperar para determinar si estos cambios “son o no irreversibles”.

En otras palabras, no hay una crítica a las medidas adoptadas por el Gobierno, sino más bien dudas sobre cuál será la política económica en los próximos años. Esto no pasa en otros países de la región. Nadie piensa que en Chile, Perú, Colombia y ni siquiera Brasil (a pesar de la profunda crisis política) habrá grandes variaciones en el rumbo económico. Un cambio de gobierno puede modificar matices, como sucedió en Chile cuando Michele Bachelet volvió al poder tras la presidencia del derechista Sebastián Piñera.

Pero en Argentina es distinto. El cambio adoptado por Mauricio Macri fue de 180 grados en relación al gobierno de Cristina Kirchner, aún cuando subsista un problema que condiciona la política económica como es el abultado déficit fiscal.

El gradualismo elegido para encarar el rojo de las cuentas públicas obliga a la actual administración a financiarlo con deuda. Pero también en este caso hay diferencias respecto a lo que sucedió hasta el 2015, cuando básicamente se tapaban los agujeros con emisión monetaria.

En las próximas horas se sabrá finalmente si Cristina es o no candidata. Y no es un dato menor para los inversores. La ex presidenta sigue siendo fuerte en el principal distrito electoral del país y sus chances de victoria no son menores en la provincia de Buenos Aires.

El detalle es que la mayoría de sus propuestas es borrar de un plumazo todos los cambios propuestos por Macri. La ex presidenta cuestionó la apertura al mundo, los aumentos tarifarios para bajar subsidios, las colocaciones de deuda realizadas en los últimos 18 meses y en general todas las decisiones que se adoptaron en el actual gobierno.

Para justificar sus posturas tiene de dónde agarrarse: el 30% de pobreza y la caída del salario producto de la elevada inflación. Ella, claro, optó por no hacerse cargo de nada. “Dejamos un país en crecimiento”, reitera en relación a los números de 2015.

Este gran contrapunto, estas dos visiones tan distintas de las figuras políticas más relevantes del país, le quitan el sueño a los inversores. De esta forma, cualquier apuesta por Argentina está condenada a ser de corto plazo, al menos hasta que se sepa cuál será el futuro panorama político tras las elecciones de octubre.

Los mercados están desvelados por dos cuestiones: el resultado electoral de octubre y el déficit fiscal. Pero este último aspecto les preocupa menos: por ahora creen en la promesa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, sobre una reducción gradual del rojo en los próximos años.

No están tan convencidos, sin embargo, que el país no tenga una marcha atrás desde el punto de vista político. Volviendo a la decisión de Morgan Stanley, el temor es que los cambios no sean “irreversibles”. O en otras palabras que un futuro gobierno vaya a poner “reversa” en relación al camino adoptado.

Mientras la incógnita política persista, será muy difícil atraer inversiones de largo plazo. Las apuestas, por lo tanto, seguirán siendo básicamente financieras. Argentina sigue pagando una tasa de interés sustancialmente más alta que otros países de la región producto de un default que continúa en la memoria de los inversores y de la incertidumbre política que subsiste como mínimo hasta octubre.

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