La imagen que no vamos a ver

16/12/2017 | 18:46 |

Por
Maximiliano Allica

   Vimos la imagen de las fuerzas de seguridad reprimiendo a mujeres, maltratándolas, arrojándoles gas pimienta a la cara. Vimos la desmesura de la violencia como método fallido de contención de la protesta.
   Vimos manifestantes encapuchados, queriendo destruir a piedrazos lo que la ciudadanía construyó en las urnas. Este Congreso, al igual que los anteriores, incluido el que aprobó el Memorándum con Irán, es el resultado de elecciones limpias. Puede no gustarnos, pero aceptar los resultados que nos disgustan es parte de la democracia.
   Vimos una discusión demasiado acalorada en el recinto de los Diputados, a un presidente exaltado, a un grupo de opositores queriendo impedir a los gritos y manotazos el inicio de una sesión.
   Vimos a un gobierno incapaz de contener manifestaciones en espacios públicos. Cuando era oposición al kirchnerismo, Cambiemos renegaba del desprecio por los cacerolazos, las marchas por la inseguridad, por Nisman, por Campagnoli, por Blumberg, por el campo. Es su turno de ser diferentes.
   Vimos a un gobierno que no sabe cómo explicar que necesita recortar gastos, incluyendo aumentos jubilatorios, para que no se desmadre el déficit fiscal, esa espada a un centímetro de la yugular de la economía argentina. Vimos miles de veces en nuestra historia que ese mecanismo no funcionó. Y vimos miles de veces que expandir el gasto sin control es un globo que se infla hasta que explota. 
   Vimos que diciembre es un mes conflictivo y lo sigue siendo. 
   Vimos que las ayudas sociales son imperiosas, pero si nunca se convierten en cañas de pescar terminan siendo un problema.
   Vimos que siempre hay sectores políticos listos para utliizar la vulnerabilidad social como negocio partidario.
   Vimos que todos viven echándole la culpa a los demás.
   La imagen que no vamos a ver es un encuentro entre los principales líderes políticos de la Argentina, para calmar los ánimos y dar un debate civilizado. Macri, Cristina, Massa, los gobernadores con poder real en el Congreso, encerrados en una habitación. Lo peor que nos pasa es su falta de generosidad.

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