Indiferencia y confusión, los opuestos

15/5/2016 | 00:12 |

Por
Maximiliano Allica

El opuesto de la vida no es la muerte sino la indiferencia. Y el opuesto de la verdad no es la mentira sino el lanzamiento de una catarata de verdades contrapuestas: la confusión.

En Jujuy vive la diputada Mabel Balconte, ex ladera de Milagro Sala que hoy oficia de "arrepentida". Asegura que vio a su ex jefa llevar valijas repletas de dinero "de la corrupción" a Máximo Kirchner en los años de gobierno del FPV.

Días atrás, Balconte se intentó suicidar. Según el kirchnerismo, porque no soportaba las presiones del gobernador Gerardo Morales para que hunda a Sala con mentiras; según su abogado (mientras aún estaba internada) la intoxicación con pastillas no fue un intento de suicidio; según ella misma, ahora recuperada, "quise matarme por miedo a que Milagro Sala les haga daño a mis hijos".

Balconte dice lo que dijo, algunos afirman que miente. Quienquiera que sea, alguien logró instalar la confusión.

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En Bahía Blanca, hace tres semanas desapareció Micaela Ortega, la chica de 12 años que las cámaras urbanas detectaron acompañada de un adulto el sábado 23 de abril.

Sobraron los llamados avisando que la habían visto, todos falsos. Es decir, hubo algunos equivocados pero bienintencionados, otros se burlaron del dolor.

Lo peor, de todos modos, es que el operativo policial no haya tenido resultados: ¿Dónde está Micaela? ¿Con quién se fue? ¿Se tomaron las medidas necesarias? Y la pregunta de siempre: ¿Hay ineficacia o complicidad?

La sospecha puede tener asidero o no, pero flota. Son tantas las verdades que se ocultan o esfuman todo el tiempo que la ausencia de respuestas deja paso a la contracara de la verdad, que es la catarata de verdades contrapuestas, la confusión.

En la semana hubo marchas para reclamar por la aparición de Micaela. No había tanta gente, parece que estamos muy seguros de que a nuestros hijos no les puede pasar, que no vamos a necesitar nunca de la familia Ortega.

No solo no presionamos masivamente por su vida sino que corremos el riesgo de que el tiempo la lleve al peor de los lugares, la indiferencia.

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