EDITORIAL

El peligro de cada invierno

15/6/2015 | 00:40 |

La llegada del invierno impulsa la puesta en marcha de una enorme cantidad de calefactores alimentados a gas, los cuales dejaron de funcionar, en su mayoría, hace más de diez meses, tiempo suficiente para ser afectados por diversos factores que pueden derivar en un funcionamiento defectuoso de los mismos.

Esta situación desemboca en la generación de monóxido de carbono, elemento gaseoso al que se conoce como “asesino silencioso”, teniendo en cuenta que es un gas inodoro, incoloro y altamente tóxico, capaz de causar la muerte cuando se respira en niveles elevados.

El mismo se produce por la combustión deficiente de sustancias como gas, gasoil, kerosen, carbón, petróleo, tabaco o madera.

Las chimeneas, las calderas, los calentadores de agua o calefactores y los aparatos domésticos que queman combustible, así como las estufas u hornallas de la cocina, pueden producirlo cada vez que no funcionan de manera adecuada.

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La estadística local –según detalló este diario recientemente- menciona que al menos dos personas mueren cada año por esta causa, considerada “completamente evitable” a partir de ciertas tareas básicas de prevención, directamente relacionadas con el mantenimiento de estos aparatos y su oportuna revisión por parte de técnicos matriculados en la materia.

La dirección de Defensa Civil del municipio, por otra parte, viene dictando cursos de capacitación en distintos ámbitos, dando cuenta de cuál es la manera adecuada de calefaccionar espacios cerrados y sobre cómo actuar ante un accidente de estas características, con tareas de reanimación cardiopulmonar.

Insiste además en la necesidad de no utilizar hornos o braseros para calentar un ambiente. También remarca que es absolutamente necesario proceder a retirar braseros y salamandras por la noche. En el caso de los sistemas de ventilación, verificar que no registren algún tipo de obstrucción en sus salidas.

Otro detalle a considerar es verificar la llama del quemador, la cual siempre debe mostrar un color azul con sus extremos transparentes. Si es amarilla, algo funciona de manera inadecuada.

En definitiva: se trata de cumplir tareas menores, factibles, básicas y lógicas, que pueden evitar que la necesidad de obtener calor se convierta de improviso en una historia fría y definitiva.

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