Lejos de la FAO
Cualquiera diría que nuestro país, cuya estructura productiva es esencialmente agropecuaria, sector productivo en el que tiene su mayor competitividad a nivel mundial, debería (al menos, en principio) estar interesado en lograr tener a algunos de sus ex funcionarios o técnicos de cierta relevancia (los hay) en la dirección general de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (más conocida por sus siglas en inglés, la FAO).
Pero no es así. En rigor, es bastante peor. Esas cosas ya no nos interesan, aparentemente. Nosotros sabemos todo, tenemos todas las respuestas y casi no estamos realmente dispuestos a escuchar a nadie. Particularmente, cuando, de pronto, nos dicen lo que no queremos oír. Aunque sea cierto. Así somos y así nos ven hoy desde afuera. Algo que está ciertamente lejos de ser una imagen ideal.
La última participación argentina de alguna relevancia en ese organismo multilateral especializado tuvo que ver con el insólito discurso de nuestra presidenta en el que la Argentina (que, por décadas, fuera víctima del proteccionismo agrícola europeo, norteamericano y japonés, entre otros), tradicionalmente partidaria de la libertad de comercio en el sector agrícola, cambió abruptamente de rumbo y se mostró, en cambio, sostenedora del proteccionismo. Para sorpresa de propios y extraños, naturalmente.
Discurso presidencial en el que, como se recordará, nuestra mandataria destiló sus resentimientos contra el agro y su gente y sólo obtuvo el apoyo simbólico de los países bolivarianos (ninguno de los cuales es, siquiera, capaz de autoabastecerse de alimentos), logrando cosechar el silencio de los demás miembros de la FAO, que tuvieron a nuestro mensaje presidencial como lo que fuera: una pieza retórica y sin sustancia. Una rareza, para ellos; lo de siempre, para nosotros. Allí quedaron las cosas, fuimos irrelevantes y pudimos ser una molestia, pero esa vez no llegamos a tanto.
Ahora, la FAO debe elegir un nuevo director general para el período 2012/2015. La referida elección tendrá formalmente lugar el 25 de este mes, en ruedas sucesivas de votaciones secretas, hasta que alguno de los candidatos alcance la mayoría necesaria.
Todos los candidatos con aspiraciones al puesto están, por ello, recorriendo vertiginosamente los 133 países miembros de la organización, buscando apoyos. Esto es, activamente en campaña. Como es de práctica.
¿De dónde son? De Brasil (el nuevo "granero del mundo", que ha reemplazado a la Argentina), España, Irak, Irán e Indonesia, entre otros. ¿Quiénes son los favoritos? Brasil y España; al menos, por el momento.
Brasil, por la experiencia de su candidato, José Graziano, un hombre del riñón de "Lula", con experiencia en la propia FAO y autor del programa Hambre Cero, de su país, que ha resultado exitoso. Con café y esquina en el sector, cuyas sendas conoce por experiencia propia.
No obstante, por la dimensión e importancia de su propia personalidad, ciertamente, el ex canciller español, Miguel Angel Moratinos, tiene mejor perfil internacional. Por ello dará pelea, seguramente. Hasta el final.
España, de alguna manera, traicionó su compromiso previo con el Brasil al presentar la candidatura de Moratinos, al que (en momentos en que la presencia socialista en el poder español parecería estarse derritiendo aceleradamente) desea asegurarle alguna ubicación de prestigio. La decisión de promoverlo fue una de carácter personal del propio presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo había sacado (a regañadientes) del gabinete, en octubre último.
Mientras tanto, la Argentina (como es habitual en materia de política exterior) está casi ausente. En otra galaxia. Nuestro canciller prefiere hacer de sorpresivo inspector de aduanas, abriendo valijas de otros Estados en aeropuertos del país, para así tratar de dramatizar algún "incidente" con los Estados Unidos. O, peor, sumarse a los muchachos de Moyano, cuando estos procuran demorar o evitar la distribución de diarios independientes. A la manera de los piqueteros. Obviamente, esas son las candilejas que lo atraen; no necesariamente la política exterior. Una pena. Porque así nos va y así nos ven.
Quizá por esto, Ana Margheritis, en un libro reciente (Argentina's foreign policy), no duda en sostener que nuestra política exterior "no refleja los intereses nacionales", lo que deriva en una "identidad errática" en materia de relaciones internacionales.
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Emilio J. Cárdenas fue embajador argentino ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).