Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

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Al otro lado del arroyo: Villa Mitre, el barrio que quiere ser república

Si es cierto que en toda broma habita una verdad escondida, entonces sería interesante pensar qué es lo que guardan algunas frases irónicas que pueden leerse o escucharse, una vez cruzada la avenida Cerri hacia el este, dentro del perímetro que forman las calles Agustín de Arrieta, Sócrates, Matheu, Drago y Capitán Martínez.

Archivo La Nueva.

Si es cierto que en toda broma habita una verdad escondida, entonces sería interesante pensar qué es lo que guardan algunas frases irónicas que pueden leerse o escucharse, una vez cruzada la avenida Cerri hacia el este, dentro del perímetro que forman las calles Agustín de Arrieta, Sócrates, Matheu, Drago y Capitán Martínez.

"Si viene a Villa Mitre, visite Bahía Blanca", dice la ingeniosa pintada sobre el paredón de una ochava. Un par de cuadras más lejos aparece un grafiti, firmado como "Villa Mitre City". Y, un poco más allá, desde una pared alguien asegura con un marcador: "Villero sí, bahiense no".

La suma de pequeños detalles alcanza para entender que algo particular sucede en este barrio.

Y esa particularidad no surge porque ocupe dimensiones llamativas --apenas 52 manzanas-- ni por su densidad de habitantes --9 mil, según el último Censo-- ni por sus atractivos naturales, arquitectónicos o comerciales.

Sin embargo, de entre los 118 barrios que hoy tiene la ciudad, Villa Mitre es --por lejos-- el más conocido, tanto fronteras adentro como puertas afuera de los límites municipales.

Es un barrio orgulloso, con una historia, pioneros, próceres, anécdotas, leyendas, hazañas y tragedias. Pero en eso no se diferencia de tantas otras barriadas.

Sin dudas, se trata de algo más. De otro modo no podría explicarse el fuerte sentido de pertenencia que tienen sus habitantes, la necesidad de diferenciarse de otros bahienses, de marcar con fuego sus límites geográficos. Y aún más, de autoproclamarse con títulos casi nobiliarios.

Además de la conocida etiqueta de la "Reina de Las Villas" suelen agregarse otras dos, todavía más altivas: "La ciudad dentro de la ciudad" o, directamente, la "República de Villa Mitre".

Separados al nacer

Esta sensación de permanente desafío a la hegemonía del centro bahiense tiene raíces profundas, relacionadas directamente con la gestación del barrio.

A principios del siglo XX, el hecho de estar ubicado al otro lado del arroyo Napostá y las vías del Ferrocarril Sud representaba el equivalente a estar en una especie de finis terra.

Quienes se establecieron en los primeros tiempos --con el italiano Santos Cicchini a la cabeza-- comprendieron enseguida que Bahía Blanca les daba la espalda sin ninguna clase de pudores.

Porque para los paseantes de Alem, Alsina y O'Higgins, el otro lado del Napostá no cabía en ningún manual de geografía.

Y entonces, abandonados a su suerte, sin mayores recursos y con la certeza de que ese pedazo de tierra era lo único que tendrían para legarle a sus hijos, cada uno de los habitantes decidió apropiárselo, en el sentido más amplio del término.

Podría decirse que el rechazo céntrico generó en los villamitrenses algo parecido a un desafío: había que crearse un nuevo centro. Casi otra ciudad, propia y diferenciada

¿Qué hacía falta? Una plaza, una iglesia, una comisaría, un banco, un hospital, una biblioteca, un club, un cine, un café y una escuela. Todo se hizo.

De este modo la plaza Bartolomé Mitre fue una respuesta a la Rivadavia, el mástil de las "Cinco Esquinas" salió al cruce del ubicado en Alem y Alsina, el club Villa Mitre se convirtió en archirrival de Olimpo, la Biblioteca Popular se plantó frente a la tradicional "Bernardino Rivadavia" y el café "La Morenita" le restó clientes a sus pares céntricos.

En apenas tres décadas, aquel finis terra al que habían ido a parar inmigrantes, obreros y desterrados de toda clase, había logrado convertirse en el mejor contrapeso del casco histórico.

ADN

En su buen libro Villa Mitre, la reina de las villas (edición de autor, 1998), el periodista Jorge Marín cuenta partes de la historia zonal, pero también intenta descubrir qué es lo que hace tan característico a este barrio.

Su conclusión, acertada, es que Villa Mitre no tendría esta reputación de no ser por sus habitantes, pasados y presentes. "Mediante un estudio de la comunidad, se ha conseguido establecer esta historia barrial en particular", señala.

Hermanados en el desamparo, los pioneros se agruparon y organizaron, y decidieron moldear la realidad por fuera del manual de reglamento bahiense.

Al momento de pasarle la posta a sus hijos, aquel esfuerzo se transformó en orgullo y, cuando llegó el turno de los nietos, se hizo identidad. Los bisnietos de hoy están convencidos de que Bahía Blanca es apenas un lapsus dentro de Villa Mitre.

A casi 104 años de su loteo inaugural, algunos están pensando seriamente en pedir la autonomía y formar algo así como el "Partido de la Villa Bartolomé Mitre", completamente independiente de los designios de calle Alsina.

Ese proyecto contemplaría la inclusión de otros núcleos cercanos, como Villa Libre, Barrio Obrero, Villa Soldati, Anchorena y Villa Italia, entre otros.

Aunque es poco probable que consigan el visto bueno --al menos en el mediano plazo-- el sólo hecho de querer posicionarse como ciudad es todo un mérito en sí mismo.

Quizás los hijos o nietos de estos bisnietos puedan lograrlo. Quién sabe. Villa Mitre no se caracteriza por rendirse ante el primer "no".

La otra, la de Buenos Aires, la de Diego y de Pappo

A pocas cuadras del centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires, junto a los tradicionales barrios de Caballito y La Paternal, se encuentra la otra Villa Mitre, la porteña.

Sus tierras estaban integradas originalmente por quintas, alfalfares, tambos y hornos de ladrillos, en los que trabajaban obreros y peones.

Hasta su fundación, el 6 de noviembre de 1908, fue considerada como parte del barrio de Flores. Y, al igual que su homónima bahiense, recibió su nombre como homenaje póstumo al expresidente Bartolomé Mitre, fallecido dos años antes.

Pero ahí no terminan las coincidencias.

Sus primeros habitantes también fueron inmigrantes humildes, en su mayoría italianos, españoles, árabes y judíos. Y por si fuera poco, en sus inmediaciones también circula un arroyo entubado, en este caso el Maldonado.

Y pese a sus escasos kilómetros cuadrados, también tiene espacio para albergar una cancha de fútbol profesional: la de Argentinos Juniors. Allí debutó, jugó y se consagró rápidamente un tal Diego Armando Maradona.

Además, por sus calles caminaron vecinos como el actor Pedro Quartucci (con familiares bahienses), el entrenador Carlos Salvador Bilardo, el conductor Jorge Guinzburg y el músico Norberto Pappo Napolitano.

Como cierre, vale decir que la Villa Mitre porteña tiene 146 manzanas, en las que actualmente viven unos 40 mil habitantes estables.