Exilios y exilios

8/11/2020 | 06:00 |

“Es el exilio de nosotros mismos. Volvimos a comer el fruto de la sabiduría cibernética para llegar a la luna pero lejos de la comunicación.” 

Por
Miguel Angel Asad

   Por haber comido del fruto prohibido del árbol de la sabiduría, Adán y Eva fueron los primeros exiliados. Estamos viviendo un mundo de distraídos de la vida que nos rodea. Por eso Jesús decía que a cada día le basta con su propio afán, y para ocuparse de este, Dios nos puso un ser humano a cargo, que somos cada uno de nosotros mismos. En Grecia, al autor de delitos graves lo despedían en el puerto con una sentencia inapelable: “Viuda es tu mujer y sin padre son tus hijos. Vagarás por el mundo sin patria y sin destino”. 

   Miles de argentinos han padecido el exilio por razones ideológicas forzados a optar por salir del país. No incluyo en esta enunciación a los que se exiliaron en 1955 en Uruguay tras bombardear inmisericordes y miserablemente una Plaza de Mayo llena de argentinos humildes desarmados, y con sus hijos, ofrendaron el testimonio de más de 400 muertos. Tampoco a los que se exiliaron para no dar cuenta de sus crímenes subversivos contra otros argentinos con y sin uniforme. 

   Pero sí afirmo que hoy estamos llenos de seres “cautivos en sí mismos”, cautivos del celular. Hileras de seres que caminan sin tocarse, todos llevando un equipaje ausente de algo callado que se quiso gritar y les ganó el ahogo. 

   Describen la pintura que pinta la existencia de una frontera remota. Las manos con las diez yemas de dedos mecánicos y ligeros  deslizan mensajes frenéticos de incomunicación. Es el lamentable exilio de nosotros mismos. Volvimos a comer del fruto de la sabiduría cibernética para llegar a la luna pero lejos de la comunicación en la mesa, en la misa o en la clase. 

   El periodista uruguayo Leonardo Haberkorn renuncio por ello a seguir dando clases en la carrera de periodismo de la Universidad ORT de Montevideo. En su carta de renuncia expresa: “Después de muchos años, hoy di clase por ultima vez. Me cansé de pelear contra los celulares, el WhatsApp y el Facebook. Me ganaron, me rindo. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mi me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies” (...) Puede ser que sea yo, que me he desgastado en el combate, o que esté haciendo algo mal. Pero estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente de lo que hacen. Además cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante personas que no lo consumen ni le ven sentido a estar informados (...) Ese desinterés es como querer enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales.

   “Uno ve que a estos muchachos los estafaron. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos (...) que les fueron matando la curiosidad, y con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía les enseñaron que todo da más o menos lo mismo (...) Es un escalón más hacia la perdida de la excelencia, porque lo malo termina siendo aprobado como mediocre, lo mediocre pasa por bueno y lo bueno se celebra como si fuera brillante. No quiero ser parte de ese circulo perverso (...) No soporto que a cada pregunta que hago se me responda con el silencio. Ellos querían terminar la clase. Yo también” 

   Así se nada desde el exilio interior al desamor, porque el amor es básicamente comunicación. 

   Ahora el Sísifo argentino también claudica, porque alguien lo fanatizó con el celular y ya ni piedra remonta.

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